domingo, 18 de diciembre de 2011

"La Peregrina", una perla de 9 millones de euros

Las noticias de actualidad informan de que la perla "La Peregrina" se ha vendido por 9 millones de euros.

"La Peregrina" es, por su tamaño y forma, la perla más legendaria. Su apodo «Peregrina» se debe a su forma caprichosa o especial. Es la pieza que ha originado más literatura en la historia de la joyería.

Fue descubierta en aguas del Archipiélago de las Perlas en Panamá en el siglo XVI (según algunos, en 1515). La descubrió un esclavo que con ella compró su libertad. En 1580 fue ofrecida al Rey de España Felipe II por el Aguacil Mayor de Panamá, Diego de Tebes, quien la había llevado a Sevilla. Según un documento de la época, pesaba 58,5 kilates.

Se dice que Felipe II se la había regalado a su esposa, la reina inglesa María Tudor. De hecho, ella luce una gran perla periforme en el retrato pintado por Antonio Moro que se conserva en el Museo del Prado. Dado el amor que profesaba a su esposo, no es descabellado pensar que apreciara la joya regalo de su consorte.

Sin embargo, también hay quien dice que la Peregrina no es la perla que María I luce en sus retratos porque fue adquirida en 1580, años después de su muerte (acaecida en 1558); por ello, la perla sería otra. Personalmente, creo que María sí pudo lucir nuestra protagonista, por dos razones; una es que la joya pudo ir a manos del rey años antes de que se formalizara en documento su compra y pago (la otra razón se verá pocos renglones más abajo).



Al morir el Rey Prudente, su testamentaría la describe así: «Una perla pinjante en forma de pera de buen color y buen agua, con un pernito de oro por remate, esmaltado de blanco, que con él pesa 71 quilates y medio (...). Compróse por el Consejo Real de las Indias de don Diego de Tebes en 9.000 ducados. Tiénela la Reyna, nuestra señora...»

Aparece lucida por Felipe III (1578 - 1621), prendida, sin broche, de su sombrero, en el retrato ecuestre pintado por Velázquez en 1634.



Margarita de Austria (1584 - 1611), esposa de Felipe III, la lució con broche en su retrato, ecuestre también, pintado por Velázquez en 1634.



La perla aparece bajo el diamante cuadrado llamado "El Estanque". Esta es la misma forma en que aparecía en el cuadro de Moro; no puede ser que se trate de dos perlas distintas si se acompañan del mismo diamante, cuando ya de por sí eran raros su forma y su tamaño.

Asimismo aparece con Isabel de Borbón (1602 - 1644), esposa de Felipe IV, en el retrato, también ecuestre, pintado por Velázquez entre 1628 y 1636.



Habiendo permanecido como bienes libres de los monarcas, en tiempos de Carlos II se vinculó a la Corona una serie de joyas, que, de esta forma, los reyes debían transmitir de padres a hijos. Tanto la «Peregrina» como el "Estanque" pertenecían a ese conjunto.

La «Peregrina», junto a otras perlas similares que figuran en los inventarios posteriores, permaneció en Palacio durante los reinados de Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, quienes la usaron repetidas veces.

Nuestra perla permaneció en España hasta 1808, momento en que José Bonaparte ordenó que le entregasen las joyas de la Corona Española. En un inventario, fechado en Madrid el 30 de julio de ese mismo año y guardado en los Archivos Nacionales Franceses, figura una relación de todas aquellas joyas, entre las que aparecen tanto «El Estanque» como «La Peregrina».

La perla fue enviada a París por José (¿Pepe Botella o Pepe Ladrón?), el cual dispuso en su testamento la entrega de la perla al futuro Napoleón III, quien debió de venderla hacia 1848 por problemas económicos. Se la compró el marqués de Abercorn.

En España, desde la Guerra de la Independencia, no hay joyas de la Corona, es decir, joyas vinculadas a la Institución. Todas las joyas que hoy poseen los Reyes son exclusivamente bienes privados. No hay tampoco joyas previstas para la coronación, porque en España no hay tal, sino proclamación. Únicamente perduran en palacio una corona tumular y un cetro (realmente, un bastón de mando) que han presidido las juras en las Cortes desde Isabel II.

En 1914 La Peregrina fue vendida por los Abercorn a una joyería inglesa. Luego pasó por dos coleccionistas más entre 1914 y 1969.

En 1969 la Peregrina sale a subasta en Nueva York. Alfonso de Borbón y Dampierre participó en la subasta de Nueva York, si bien su oferta resultó insuficiente. El actor Richard Burton la adquirió por la cantidad de 37.000 dólares, como regalo a su esposa Elizabeth Taylor, que la lució en algunas de sus películas. Hasta su fallecimiento, Liz Taylor seguía siendo la propietaria de la Perla Peregrina.

El 13 de diciembre de 2011, su venta se ha producido, en la sala de subastas Christie's, por 9 millones de euros. Ya sabemos, así, que 9.000 ducados de finales del siglo XVI equivalían a 9 millones de euros de principios del siglo XXI. Lo que no sabemos es quién la ha comprado.

La Perla Peregrina fue exhibida, previamente a la subasta, en Madrid, lo que supuso su regreso a España dos siglos después.

P.D.: el 12 de octubre de 2017, con motivo de la Fiesta Nacional, la reina Letizia, tanto en el desfile de las Fuerzas Armadas como en la recepción del Palacio Real, lució en la solapa un broche con una perla que los periódicos la identificaron con "La Peregrina" y la incluyeron dentro de la "joyas de pasar".



Las “joyas de pasar” provienen de la reina Victoria Eugenia, esposa del rey Alfonso XIII. Pasaron a la condesa de Barcelona, María de las Mercedes de Borbón y Orleans. Posteriormente, a la reina Sofía y ahora quien dispone de ellas es la reina Letizia. El resto de “joyas de pasar” son una diadema de brillantes con tres flores de lis, un collar de chatones, otro collar con treinta y siete perlas grandes, un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor, dos pulseras iguales de brillantes, cuatro hilos de perlas grandes y un broche con perla grande gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera (¿será ésta la que se confunde indebidamente con "La Peregrina"?).


















































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1 comentario:

C.G. Aparicio dijo...

Una historia curiosa la de esta perla tan viajera. El halo de misterio parace acompañarla.

Un saludo!