martes, 7 de diciembre de 2010

Discurso de Vargas Llosa al aceptar el Premio Nobel

Mario Vargas Llosa, hoy, ha leído en Estocolmo su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura de 2010, con el texto titulado "Elogio de la lectura y la ficción". Recojo, a continuación, un fragmento del mismo, como homenaje.

Conquista de América

La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y no la hemos cumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.



Amor a España.

Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escritores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso -triste consuelo- descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron por que mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.

Barcelona

De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzo de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y todavía fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y de la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y confraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.

La Transición

Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de cómo cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración en Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno, no estropeen esta historia feliz.



Nacionalismo

Destesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.

Patriotismo

No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del "otro", siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar a donde podemos volver.











.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Juan Mora a hombros en Las Ventas

De mi intervención en el programa "Puerta Grande" de la Cadena COPE, de cinco de octubre de 2010

....................................

Tenemos la satisfacción de encontrarnos con algo que nos compensa, como es lo que pasó el sábado, 2 de octubre, en Madrid, donde un torero maravilloso, gran torero, que llevaba unos años apartado por diversas circunstancias y ha madurado por sí mismo (cosa típica en los grandes toreros), da la vuelta a todo y pega un vuelco a Las Ventas, de manera que se produce la emoción con veinte muletazos. Volvemos a la emoción de las grandes faenas que se nos habían olvidado un poco. Eso le hace a uno vivir y decir que ésta es la emoción del toreo y por esto merece la pena luchar.

Me alegro muchísimo del gran triunfo de Juan Mora.



A Juan Mora lo he visto desde mi infancia. Iba de pequeñito a mi pueblo, en donde su padre, el Mirabeleño, era el que organizaba los festejos, durante muchísimos años. Asimismo, actuó de director de lidia durante muchos años, también en mi pueblo, José Luis Benavente, que luego fue de banderillero de confianza con Juan Mora, hasta que, ya por la edad, se tuvo que retirar.

Por si alguno no lo conoce, hay que decir que Juan Mora es uno de los pocos toreros que aúna en grado sumo estas dos cosas: arte y valor.

Es un torero de arte y es un torero de un valor excepcional, hasta el punto de que si llevaba ya nueve años retirado, era precisamente no porque lo tuvieran olvidado los empresarios ni porque los aficionados ya le hubieran dado la espalda; es porque se jugó la vida en la feria de Sanlúcar de Jaén, en la última corrida de la temporada. Se jugó la vida como un gran profesional. Estaba lloviendo con el cielo abierto, diluviando, y todo el mundo pedía que se suspendiera la corrida; como se estaba televisando él dijo que no, que adelante y empezó con hora y media de retraso. La plaza era todo un lodazal. A él, por abrir cartel, le tocó el primero, que era un toraco. Las zapatillas se le agarraban en el lodo y no podía moverse; se descalzó pero no pudo evitar que el toro hiciera por él rápidamente. Le partió la femoral y se suspendió la corrida. Estuvo a punto de morir. Luego sufrió durante dos o tres años, en los que no podía recuperar la pierna. Ése es el motivo de haber estado retirado nueve años.



Por otro lado, este torero es de Plasencia (extremeño como yo) pero es sobre todo un torero sevillano, que no se olvide. Ha sido siempre de la afición de Sevilla, en Sevilla ha vivido y los sevillanos lo consideraban suyo, pero ahora también es un torero de Madrid. Por tanto, es un torero de todos.

Repito: reúne el valor y el arte como pocos toreros han sabido juntar estas dos facetas.

Es un torero artista como demostró el otro día, después de cortar tres orejas (cuando pocos toreros han cortado tres orejas en Madrid en una tarde) a unos toros que no ayudaban en exceso. El primer toro no era una cosa especial, era un "regalo", pero ahí demostró cómo es el toreo iba a decir de antes, no, el toreo de siempre: las zapatillas completamente asentadas en la arena, que eso es lo que provoca la emoción artística; un relajo templando al toro; manteniendo la distancia y el cuerpo, vertical sin forzarlo. O sea, puro arte.





A continuación podemos ver, como reportaje gráfico, una presentación que he colgado en la red y que he traído, para comodidad del lector, a este blog:













.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Puerta Grande 2

.



.






.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Vuelve "Puerta Grande"

Vuelve "Puerta Grande"



Ahora podemos escuchar la grabación del programa:

.





.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El retablo de Arroyo de la Luz

A Félix










San Juan



San Pedro



San Pablo



Un Apóstol



Otro Apóstol



San Agustín



San Jerónimo



La Asunción



La coronación de la Virgen



El Calvario



El Rey David



El Rey Salomón



La Resurrección



La Ascensión



El Ecce Homo



La Adoración de los Pastores



La Adoración de los Magos




.





.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Tira y afloja entre cocodrilo y elefanta

B. me envía un enlace a una página de la BBC, creo que porque adivina que me va a gustar lo que allí se ve. Se ve que un turista suizo ha captado la sorprendente escena en que un cocodrilo ataca a una elefanta que va acompañada de su cría.









La elefanta se acercó a beber a un río cuando un cocodrilo lanzó su ataque por sorpresa y mordió en la trompa. Normalmente, un cocodrilo, cuando hace presa, no abre las mandíbulas hasta que su víctima muere.

El reptil trata de llevar al paquidermo a su terreno, intentando introducirlo en el agua, mientras que la cría se pone a recaudo. Se está produciendo un encuentro entre dos fuerzas biológicas muy características: un representante de épocas terciarias con unas mandíbulas que semejan una trampa de hierro y un animal que prácticamente no tiene predadores y ha protagonizado una evolución única al dotarse de un órgano, como es la trompa, excepcional por su admirable multiplicidad de funciones.

La lucha se prolonga por unos instantes y la elefanta empieza a retirarse de la orilla. Sin embargo, el reptil sigue resistiendo en el agua, medio en el que es más hábil. Con esfuerzo, la elefanta logra arrastrar a terreno seco al cocodrilo, pero éste no suelta su presa.

Finalmente, en un tropezón, la cría de elefante cae sobre el cocodrilo, lo que decide la pelea y salva a su madre. No piense el lector que el tropezón fue intencionado; resulta del atolondramiento de la cría, asustada por la brega de su madre.

Tras la suelta, el cocodrilo probablemente no tuvo tiempo, ni energías, para reaccionar y lanzar otro mordisco, por ejemplo a una ahora más accesible cría. Los reptiles, pese a la rapidez de sus movimientos en un primer momento del ataque, carecen de buen sistema de oxigenación muscular y el agotamiento les llega enseguida. Parece que ese día el saurio se quedó sin comer; por suerte los de su especie están capacitados para pasar muchos días sin ingerir nada.

Ahora bien, cabe pensar que las heridas de la trompa puede que no curen con facilidad y que una inflamación o infección le hagan imposible la vida a la elefanta, que puede tener una muerte diferida. Es también posible que estos animales tengan una capacidad particular de recuperación de las heridas, como la tienen otros, así los cánidos.

En todo caso, el final de la secuencia fotografiada, aparentemente feliz, no es el resultado de un cuento de Walt Disney; simplemente el azar ha jugado su papel. No hay buenos ni malos. Si finalmente la elefanta muere en lenta agonía, habrá sido un capítulo más de la larga historia de la lucha por la vida en el (después de todo) maravilloso escenario de la Naturaleza.

Ah, el turista se llama Martin Nyfeler.

Sí sabe B. lo que me gusta, hasta el punto de que las fotos (algunas más de las que enlazó) ya las tenía yo preparadas, procedentes de otra fuente, para hace este post. Thank you.









.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Salvemos a Asia Bibi

Pakistán ha condenado a Asia Bibi a muerte por ser cristiana. No le quedan muchos días de vida. Las autoridades pakistaníes la acusan de blasfemia: cometió el terrible “delito” de defender públicamente su fe.

En junio de 2009 Bibi, trabajadora agrícola, fue mandada a buscar agua mientras trabajaba en un campo. El resto de mujeres, seguidoras del islam, se opusieron a que ella fuera porque, al no ser musulmana, contaminaría el recipiente y lo haría impuro. Por ello, le exigieron que abandonara el cristianismo y que se hiciera musulmana, a lo que ella se opuso.



La fiel cristiana dijo a sus compañeras que "Jesús murió en la cruz por los pecados de la humanidad" y preguntó a las mujeres musulmanas qué había hecho Mahoma por ellas. En cuanto oyeron estas palabras acudieron al imán local, esposo de una de ellas, que a su vez presentó una denuncia ante la Policía por el delito de blasfemia. El artículo 295 del Código Penal de Pakistán pena con la muerte blasfemar contra el profeta del islam.

En su pueblo, Ittanwali, viven 1.500 familias. Solo tres son cristianas. La familia de Asia, incluidos sus hijos menores de edad, fue perseguida por sus vecinos, apaleada y torturada. Ella terminó ante la justicia.

Primero la condenaron a una multa equivalente a lo que gana en un año un trabajador en Pakistán. Y luego la condenaron a muerte por decir que la Verdad reside en el Evangelio.



Ningún país se ha movilizado para acabar con la Ley de Blasfemia pakistaní. El anterior presidente, Musharraf, la intentó quitar en 2002. La alianza de partidos musulmanes, del norte del país, le amenazó con sacar un millón de estudiantes a las calles si tocaba esa ley.

En Pakistán demasiados condenados a muerte no llegan vivos a la horca: un gran número de ellos aparecen asesinados en sus celdas, mientras aguardan la ejecución de la sentencia.

El plazo máximo para presentar alegaciones contra la sentencia de muerte expira el próximo lunes, 22 de noviembre. Si no lo impedimos, a Asia le queda poca vida. Actuemos ahora para no tener que ver mañana en los telediarios la noticia de su ejecución. La presión directa sobre el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, puede salvarla; también la presión sobre la Embajada pakistaní en España.



Se puede envíar una petición de indulto al Presidente de Pakistán y a la Embajada pakistaní en España.

Firma ahora y envía tu mensaje al Presidente de Pakistán. Hay en internet muchos sitios donde firmar; uno puede ser éste:

domingo, 14 de noviembre de 2010

La iglesia de Santa María de Gracia en Espera

Para Ana Gómez,
que si habla
no echa fotos.


En la localidad de Espera (Cádiz) la iglesia parroquial está dedicada a la advocación de Santa María de Gracia.

La construcción del templo se inició hacia 1.560.



En 1.562 Hernán Ruiz se encargó de “hacer las trazas, seguir e gobernar e administrar las dichas obras”. En 1.566 continúan los trabajos siendo maestro mayor Pedro de Palafox.



En 1.608 se cubrían las bóvedas y seis años más tarde la obra está prácticamente terminada. Un terremoto en 1.636 destruyó la fachada principal pero 1647 ya estaba reconstruida. En 1.651 se levanta una pared en la calle de arriba para que no se derrumbe la tierra. En 1.696 visita la iglesia Diego Moreno Meléndez, maestro de obras de Jerez

En 1.755 el templo fue arruinado por el terremoto de Lisboa y en 1773 estaba reparado.



En 1.962 la Iglesia tuvo que ser restaurada de nuevo porque estaba prácticamente en ruinas. En 1992 se reforzó la cimentación con pivotes de hormigón de hasta 21 m. de profundidad para contrarrestar los corrimientos de tierra del subsuelo.

El edificio presenta planta de cruz griega (algo alargada en los pies), gran cúpula central y cabecera plana.



Diego López Bueno comienza el retablo en 1.630 y lo termina en 1.653. Es de traza barroca, de gran semejanza con el de la Iglesia de la Antigua Universidad de Sevilla que compuso Juan de Roelas. En 1664 Nicolás de Andrada realiza el dorado en su totalidad. Lleva policromado en la zona de capiteles y decoración de hojarasca.



De Pablo Legot son los seis grandes lienzos que alberga, agrupados en dos cuerpos y forman tres calles. El cuerpo inferior está formado por cuadro central de La Ascensión y los laterales de La Adoración de los Pastores y La Adoración de los Reyes. El cuerpo superior alberga en el centro La Anunciación y en los cuadros laterales La Visitación y la Presentación.

En la parte inferior va una hornacina con la imagen, policromada, de Nª Sª de Gracia, única escultura de Pablo Legot, fechada en 1651 e



influida por la imagen de Nª Sª de la Oliva de Lebrija, obra de Alonso Cano.

El sagrario está flanqueado por dos pequeñas tablas que representan a David



y La Tierra Prometida.

La capilla del Sagrario es de Alonso de las Rivas y contiene el retablo del Rosario, atribuido a Diego Roldán, del que son también los retablo de Ánimas y de la Soledad, en el muro de la Epístola.

Es destacable, en la capilla bautismal, la tabla gótica (o hispanoflamenca), procedente de la ermita del Castillo, que representa a San Joaquín y Santa Ana ante la puerta dorada de Jerusalén.



Es muy posiblemente obra de Gonzalo Díaz en 1.504.

También reclaman la atención la imagen dieciochesca del Cristo de la Expiración, como asimismo



las vidrieras.

Anexo:




domingo, 7 de noviembre de 2010

Quema de brujas

Se cumplen hoy cuatrocientos años. Fue en Logroño. El más célebre proceso de la Inquisición de Logroño contra las prácticas de brujería tuvo lugar el siete y el ocho de noviembre de 1610 y llevó a la hoguera a cuatro mujeres y dos hombres y condenó a penas menores a decenas de habitantes del valle navarro del Baztán, en especial de Zugarramurdi y Urdax. Las quemas de brujas anteriores habían tenido lugar en 1526 y en 1538.

¿Por qué cundió el pánico de las brujas por la región en los comienzos del siglo XVII? Antes del inicio de las persecuciones la supuesta secta de brujos era totalmente desconocida en la parte española de los Pirineos.

En 1609 el juez francés Pierre de Lancre hizo quemar a cien brujos del País Vasco-francés. Hasta entonces el furor de la brujomanía no se extendió por España, en principio por cuatro o cinco pueblecitos de la frontera. En el resto de la jurisdicción de Logroño reinó la tranquilidad hasta el año 1610, cuando el impacto del auto de fe suscitó la expansión, por toda el área, de la brujomanía mediante lo que hoy llamarían los psicólogos "sueños estereotipados".

El Proceso de Logroño, con más de siete mil personas implicadas y dos mil procesados, es uno de los pocos en los que hubo posiciones encontradas entre los miembros inquisidores del Tribunal: Alonso Becerra y Juan del Valle contra Alonso de Salazar.



Salieron cincuenta y tres sentenciados: cinco estatuas de difuntos; seis con sambenitos y corozas de relajados; veintiuno con sambenitos con aspas de reconciliados y veintiuno con insignias de penitentes. Se llamaba relajados a los condenados a muerte; reconciliados, a los condenados a castigos severos y penitenciados, a los condenados a otras penas (incluida la de galeras).

Los once relajados fueron condenados, por brujos, a morir en la hoguera, (cinco en efigie por estar ya muertos), todos ellos con asesinatos a su cargo según el tribunal.

Dieciocho de los reconciliados lo fueron también por delitos de brujería; los otros tres reconciliados fueron por practicar en secreto otra religión diferente a la católica (un judío, un mahometano y un luterano). Su pena, en general, fue sambenito y cárcel de por vida.

Los veintiuno restantes, los penitenciados, fueron condenados por otras causas (prácticas judaizantes, proposiciones heréticas, blasfemia o suplantar ministros del Santo Oficio). En general llevaron penas de destierro, pecuniarias y en algunos casos galeras.

Recordemos algunas palabras de la intervención del inquisidor Salazar: "¿Hemos de creer que en tal o cual ocasión determinada hubo brujería, solamente porque los brujos así lo dicen? No, naturalmente, no debemos creer a los brujos, y los inquisidores creo que no deberán juzgar a nadie a menos que los crímenes puedan ser documentados con pruebas concretas y objetivas, lo suficientemente evidentes como para convencer a los que las oyen". Gracias a su intervención ésta sería la última vez que la Inquisición española condenaría a muerte a alguien por estos supuestos crímenes.



El proceso inquisitorial de Logroño provocó un giro decisivo en la persecución de brujas, gracias al análisis que Salazar realizó de sus causas y mecanismos. Sus contrincantes lo llamaban "defensor de las brujas". A través de sus interrogatorios, por primera vez en la Historia los acusados toman libremente la palabra y sin forzamiento, sin tortura, cuentan los detalles.

En el conocido como "Edicto de silencio", la Inquisición reconocería los errores cometidos a lo largo del proceso para concluir que la realidad era que sólo aparecían brujas y embrujados cuando se hablaba sobre ellos.

Tras Salazar se llega a la Constitución "Omnipotentis" del papa Gregorio XV, publicada en 1623, en la cual se suavizan los procesos contra la brujería.

Mientras que en las actas procesales de otros juicios celebrados en Francia, Alemania o Dinamarca muchos detalles eran minuciosamente omitidos y los jueces franceses, alemanes o daneses seguían nutriendo el fuego de sus hogueras con interminables filas de inocentes (hasta entrado el siglo XIX), las brujas españolas ya eran sentenciadas a penas leves.

En Estados Unidos también hubo quema de brujas y hasta en el siglo XX se desató una última campaña de "caza de brujas", en la que los elementos diferentes de los que vivimos aquí no eran significativos.

A fines del XVIII apareció un autor, el italiano Beccaria, que sería considerado como el iniciador del Derecho Penal moderno; bien, pues la figura de Salazar, dos siglos antes, puede ser considerada como un adelantado. Si no fuera español ya se habrían preocupado por otorgarle las consideraciones que se le han otorgado a don César.

Sin embargo, para terminar podemos hacer una pregunta: ¿de verdad no tenemos ya en España caza y quema de brujas?


P.D.: el lector puede picar en el siguiente enlace

abrevaderos.blogspot.com






















.

domingo, 24 de octubre de 2010

La iglesia de San Miguel en Jerez de la Frontera

En recuerdo
de la visita que guié
a la Casa de Extremadura
de Alcalá de Guadaira


0. Origen

En 1.230 en las afueras de Jerez se libró una batalla entre el infante don Alonso (hermano de Fernando III el Santo) y el reyezuelo moro local Aben Hud. La leyenda cuenta la intervención milagrosa de Santiago y San Miguel auxiliando a las tropas cristianas, que, muy inferiores en número, lograron una victoria completa.



En el lugar había una ermita que más tarde Alfonso X el Sabio, en agradecimiento, dedicó a la advocación de San Miguel, reservando la de Santiago para otra ermita que había en el camino de Sanlúcar.



Un siglo después, tras la batalla del Salado y el fin de la amenaza musulmana, la población creció fuera de las murallas originando arrabales junto a dichas ermitas, las cuales acabaron siendo sustituídas por iglesias parroquiales.

1. La fachada

La abigarrada torre-fachada, compuesta de cuatro cuerpos, fue levantada entre 1.672 y 1.701 por Diego Moreno Meléndez, jerezano al que también se le debe la traza y primera dirección de la catedral.



El primer cuerpo, que forma pórtico con arco de medio punto, lleva columnas dóricas pareadas de estilo barroco colonial y, en los intercolumnios, esculturas de los Padres de la Iglesia; el interior, decorado con el mismo criterio, contiene imágenes de los Evangelistas (debidas, como aquéllas, a Francisco Gálvez, autor también de las esculturas de la fachada de la iglesia de la Cartuja y del retablo de la Merced).

El segundo cuerpo presenta dos columnas corintias ornamentadas y jarrones barrocos;



el tercero lleva unas pilastras empotradas y el cuarto es la torre polígona con roleos y chapitel de azulejos (Fernández Lira quiere verlos con estilo precubista).



El conjunto responde al estilo plateresco-viñolesco, según Shubert.

2. Las portadas

Portadas laterales: Se levantaron en dos años, de 1.482 a 1.484. Dentro del gótico terciario (propio del casco general del edificio), son de tipo borgoñón: situadas entre contrafuertes (que soportan arbotantes), el vano rectangular está delimitado por pilastrones laterales. Se decoran con repisas y doseletes; el arco es apuntado, con un tímpano muy desarrollado decorado con tracerías y trasdosado por gabletes curvilíneos. La de la epístola



se llama de la Inmaculada y la del evangelio, de San José por las imágenes barrocas puestas en el siglo XVIII.

El exterior del edificio ha sido mutilado particularmente; nada existe de su crestería ni de sus primitivas gárgolas, sustituídas por groseros canalones de barro.



Portada del Sagrario: Tiene columnas corintias, llevando en su entablamento estatuas que representan en un nicho al Buen Pastor y a sus lados, dos alegorías del Viejo y del Nuevo Testamento; sobre su frontón la Fe y a sus lados, dos alegorías eucarísticas.

3. El edificio

El edificio se comenzó, con estilo gótico isabelino, en 1.482.

En su interior el templo, con planta rectangular casi de salón (por influencia de la catedral de Sevilla), tiene tres naves de casi igual altura formando una cruz latina y ábside de cinco lienzos (diseñado por Alonso Rodríguez, el cual trabajó también en la iglesia de Santiago y en el crucero de la catedral sevillana); Diego de Riaño cerró el crucero en 1.525.

El techo lo sustentan ocho bellísimos pilares. Los cuatro de los pies son cilíndricos con base poligonal y llevan delgados baquetones muy separados entre sí, rematando en capiteles anillados, al gusto renacentista. Los cuatro próximos al altar están decorados desde las bases hasta las bóvedas con doseletes, cardinas y otras formas vegetales, molduras geométricas y animales, naturalistas y fantásticos; son diferentes entre sí, siendo más cercanos al Renacimiento los de la Epístola, donde una banda está decorada con “candelieri” alternando con otras franjas tardogóticas. Estas decoraciones están influídas por la catedral de Plasencia.
Las bóvedas del cuerpo



son cuatripartitas y la del crucero,



estrellada con nervios angrelados (o dentados) renacientes.

En las claves y cascos de las capillas laterales se ven adornos y figuras del estilo renacentista.

En el siglo XVIII la iglesia fue blanqueada y desde 1866 a 1880 la restauró desinteresadamente José Esteve (autor del Mercado Central y restaurador asimismo de San Juan de los Caballeros).

La solería era de barro cocido antes de la actual, de mármol, colocada a fines del XIX.

4. Ventanas

El templo recibe luz por veintitrés ventanas ojivales decoradas con variadas lacerías; en las seis de la nave principal está representado el apostolado y en las dos del ábside, que son de arco y no ojivales, San Miguel y San Gabriel.

Los cristales



fueron fundidos en el XIX por una fábrica de Tours, bajo diseño del pintor Jiménez y Aranda.

5. Retablo

Antecedente: Antes había en el ábside un retablo plateresco de piedra atribuído a Andrés de Ribera y cuyos restos subsisten. A ambos lados hay dos columnas de fustes cortados sobre ménsulas. A la altura del ático pueden apreciarse motivos de candelieri, querubines y balaustres. Las dos portadas gemelas renacentistas son de Hernán Ruiz II.

Descripción: El retablo actual, renacentista,



está trabajado en madera de haya y consta de tres cuerpos, con catorce columnas corintias de fuste entorchado y orden compuesto. Hay siete cuadros en altorrelieve de los que los de la calle del medio representan la Batalla



de los Ángeles, la Transfiguración y la Ascensión. Las calles laterales representan el Nacimiento, la Adoración, la Circuncisión y la Anunciación.



Hay ocho estatuas (cuatro en repisas, San Pedro, San Pablo, San Juan Bautista, San Juan Evangelista, y cuatro en hornacinas, Santiago el Mayor, Santiago el Menor y los Arcángeles Gabriel



y Rafael) y un gracioso templecito para Sagrario.
En la coronación se lee “Quis sicut Deus” (quién como Dios), interpretación de la palabra hebrea Miguel.



Cronología: En 1.613 Martínez Montañés inició la arquitectura del retablo, terminada en el 1.638. Terminados también por él los tres cuadros de la calle del centro y las figuras de los santos Pedro y Pablo, los dos Santiagos y las Virtudes del ático, renuncia, en 1.641, al resto de la obra en favor de José de Arce. El dorado y estofado fue de Jacinto Soto y la policromía, de Francisco Pacheco, de Alonso Cano y de Gaspar de Ribas, quien en 1.653 acaba totalmente la obra más completa de la Escuela Sevillana.

Valoración: Este retablo pertenece a la tipología de “retablo didáctico o catequético”. Es ejemplo de equilibrio y armonía entre su arquitectura y sus imágenes y constituye un punto central en la evolución de los estilos porque antes de él los retablos eran una sucesión de imágenes sobre estructuras enclenques y después se convirtieron en arquitecturas fantásticas donde las imágenes apenas cuentan. Es el más monumental entre los montañesinos, culminando la línea creada por su autor en Santiponce, y sigue la fachada palladiana de San Jorge Mayor en Venecia así como la fórmula del tratado de Serlio.
Si bien la imagen de San Pablo es más fina de ropaje y composición, la de San Pedro (fechada en 1.633) es una combinación de equilibrio junto a movimiento y expresión, preludiando el barroco. La “Batalla de los Ángeles” es de una serena belleza, en un tema que se prestaba a expresiones violentas, y líneas miguelangelescas en palabras de César Pemán; “es la última gran obra de Montañés, como su canto de cisne, en la que compendia su inmensa maestría y habilidad” en palabras de Hernández Díaz
El flamenco Arce, casado con una jerezana, trajo de Centroeuropa los influjos del Barroco rubensiano.
La policromía es primorosa hasta en los detalles más insignificantes, incluso en las partes más altas; baste fijarse en las bellísimas tarjas, de Gaspar de Ribas, situadas en el banco del retablo.
En palabras de Antonio Ponz (1.771) el retablo “es lo mejor de todo y cuanto se encuentra en Jerez por su término”; para Hernández Díaz “es uno de los más importantes del arte español del siglo de Oro” y según Caro Cancela “es una de las obras más interesantes de la retablística y de la escultura española”.

Anejos: A ambos lados del retablo se encuentran los relicarios en forma de pequeño armario, realizados en 1.699 por el jerezano Francisco Antonio de Soto. Los púlpitos proceden de la partición de uno, monumental, que diseñó el polifacético Moreno Meléndez.

6. Capilla del Socorro

En la nave lateral derecha, junto al presbiterio, está la capilla del Socorro, con baquetones y estrella mixtilínea propios del último tercio del gótico pero con bóveda muy original, por las figuras humanas pareadas con morfologías irreales que rellenan los internervios y simbolizan la lucha entre el Vicio y la Virtud. Sostenida por ángeles se lee en un tarjetón la fecha de 1.547, en que la remató su autor, Pedro Fernández de la Zarza. En un retablo decimonónico está la imagen neoclásica debida al valenciano Esteve Bonet, que también trabajó para la Cartuja y llegó a ser escultor de cámara de Carlos IV.

La pintura de San Cristóbal es del Padre Palma, maestro de “El Tahonero”. Debajo vemos un cuadrito del siglo XVI representando “La Piedad”, una copia de Zurbarán y un cuadro dieciochesco de “San Jerónimo”.

7. Lado del evangelio

Capilla de Santa Ana: En la cabecera, con retablo decimonónico, contiene al Crucifijo



de la Salud, de Arce, que lo terminó en 1.645; en esta imagen estilizada y serena la nota barroca está en la moña del perizoma, fuertemente ondulada por el viento (inspirada en Cranach y en Bernini). A los pies está enterrado Moreno Meléndez. La cubierta tardorenacentista se adorna con tondos vegetales.

Capilla de la Encarnación: Está a la izquierda de la anterior, donde se ubicó el primer campanario, y es la antigua del Sagrario (como atestigua la custodia sostenida por ángeles del arco de ingreso), con un mascarón en la clave del arco y bóveda de cañon acasetonada, construída en el XVI; la imagen, procesional, es del sevillano Castillo Lastrucci y la vidriera, moderna. Hay un cuadro dieciochesco y otro, representando al Crucifijo de la Salud, reciente.

Capilla del Sagrario: En el medio del muro abre su portada barroca, como arco de triunfo, compuesta de columnas corintias, envueltas en su parte baja en parras y racimos; en el tímpano hay una custodia y en el entablamento hay un bajorrelieve de la Última Cena, coronando la portada estatuas de Melquisedec (sacerdote veterotestamentario que ofrendó pan y vino al padre de los creyentes), San Miguel y David y pudiéndose decir que la decoración preludia la rocalla.
En su interior, con planta de cruz griega, forman la capilla cuatro arcos que sustentan la bóveda sobre la que se abre la linterna; su ornato consiste en columnas corintias con adornos churriguerescos (hojas de acanto, tarjas, veneras y querubines), todo de 1.718 a 1.739, con una gran unidad de concepto y estilo y con gran riqueza de materiales en una época que primaba el ladrillo y el yeso.



El retablo, de madera dorada, tiene dos partes; una forma un semibaldaquino y otra constituye el Sagrario, con dos cuerpos (Sagrario y templete con un San Miguel), por lo que es una expresión compleja del tipo llamado “retablo eucarístico”.
La autoría corresponde al arquitecto sevillano Diego Antonio Díaz, que había intervenido ampliamente en la catedral sevillana, y al tallista de madera Andrés Benítez, jerezano. Si bien la construcción del edificio fue costeada por la iglesia, esta capilla fue costeada por la Hermandad Sacramental.

Capilla del Pilar: A ella da paso un arco rebajado trasdosado por otro apuntado y decorado con cardinas; la bóveda es de terceletes. La imagen titular es de fines del XVI y “La Virgen de los Reyes”, de los años cincuenta. La pintura es de autoría o taller de Valdés Leal.

Cerca del muro de los pies está un cuadro de Rodríguez de Losada que representa la Oración en el Huerto.

8. Muro de los pies

Retablo de Ánimas: Está a los pies de la iglesia, atribuído a Pedro Roldán (su hija hizo el homónimo de San Lucas). Se trata de un altorrelieve muy grande rodeado de elementos arquitectónicos con un gran remate; el frontal es una magnífica labor de incrustación con piedras duras y semipreciosas.



La verja, de crestería y con profusión de curvas, es de hierro forjado y dorado.

Cancel: El diseño del cancel de la puerta principal se debe a José Esteve, así como el del órgano que está encima y forma un solo bloque con aquél en estilo neogótico.

Capilla bautismal: Se abre al lado y es la más antigua de la iglesia (y la probable ubicación de la ermita); su portada, de principios del XVI, es un arco rebajado coronado por moldura mixtilínea decorada con cardinas, flanqueada de dos esbeltas agujas o pináculos, todo bajo alfiz (con flores de lis), a semejanza del gótico cisneriano; también se emplean motivos de origen portugués (principalmente la moldura pentagonal). La bóveda, casi plana, es de crucería estrellada y recuerda al gótico flamenco; la pila, de mármol blanco se labró en el siglo XVII. La entrada al campanario se decora a juego.

9. Lado de la epístola

A continuación hay un cuadro de la Inmaculada,



del siglo XVI.

Capilla de San Pedro: Se abre frente a la del Pilar, con igual arcada e imagen dieciochesca del titular.

Capilla de los Pavón: En ella está el cuadro de Zurbarán “Santa Faz”



(un escorzo sobre bien tratado lienzo). El mármol rosa es el enterramiento del caballero veinticuatro Diego Pavón. El Cristo del tumulo es posterior al siglo XVI.

Portada de la sacristía: Esta portada plateresca se abre en el centro de la nave, con jambas de motivos preciosistas y adornada con dos columnas jónicas que sostienen un friso con decoración de grutescos y una máscara en la clave, bajo un balcón, con aire de arquitectura civil; el autor parece ser Andrés de Ribera. Las puertas, talladas al estilo Berruguete, representan en una hoja la Anunciación y en la otra la Adoración sobre motivos de tarja.

10. Antesacristía y Sacristía

La antesacristía, rectangular, tiene bóveda de casetones hexagonales y bajorrelieve en el centro con el titular como Arcángel Psicopompo.

La sacristía, cuadrada (con mayor profundidad en uno de sus arcos torales), es espaciosa y fue iniciada por Martín de Gaínza y terminada por Hernán Ruiz II. Su bóveda descansa en cuatro columnas corintias empotradas; las enjutas de los arcos torales llevan tondos de los Padres de la Iglesia y las pechinas, de los Evangelistas. Sobre las cornisas se inserta en cada lado un ventanal encuadrado por pilastras y uno está flanqueado por óculos (motivo representado en el tratado del propio arquitecto cordobés). En su cúpula, hay unos casetones con bajorrelieves, semiesferas vidriadas y la imagen policromada del Salvador en la clave. Se terminó en 1.564. Aunque seguidora del estilo de la sacristía de la catedral sevillana, ésta constituye uno de los hitos del manierismo: armonía de proporciones combinada con juego ilusionista del espacio y ambigüedad estructural.

En el retablo, tallado en el muro y antes policromado, hay un Cristo de principios del XVI, que presidió el presbiterio desde una viga, antes de instalar el retablo actual. Las cajoneras, de 1.725, fueron talladas por Diego Roldán (hijo de Pedro). El cancel fue traído desde la capilla del Sagrario; tiene maderas de ébano, pino de Flandes y cedro.

En el tesoro destaca la Custodia-Ostensorio, del jerezano Juan Laureano de Pina (autor de la urna de San Fernando en la Capilla Real de la catedral sevillana).

11.Despedida

Así termina un breve recorrido por el templo más valioso de Jerez y que mereció ser catedral, como se pidió durante mucho tiempo.

Agradezco a Jesús Caballero, Javier García y Jorge Tutor la aportación de fotos y a Manuel Romero Bejarano la información que me dio ya ni él se acuerda cuándo.












.