viernes, 6 de noviembre de 2020

Viñas en Jerez: paseo por el pago Cantarranas

 Queda el lector invitado a hace un paseo por las viñas de Jerez. Vamos a elegir un pago con nombre particular, el Pago Cantarranas, situado al oeste de la ciudad, entre las dos carreteras que llevan a Sanlúcar, la vieja y la nueva. Elegimos como punto de partida la iglesia de Santiago, por poner un lugar bien localizable tanto por el paseante local como por el foráneo.


Tomamos la calle Taxdirt (también conocida como calle de la Sangre) y subimos hasta la capilla del Calvario, que nos queda a la derecha, y el Parque Zoológico, que nos queda a la izquierda. Seguimos recto y dejamos también a la izquierda el hospital San Juan Grande, para bajar hasta la antigua carretera de circunvalación (hoy avenida Reina Sofía), la cual atravesaremos. Seguimos por la carretera vieja de Sanlúcar y atravesamos la actual autovía de circunvalación. Una vez que dejamos a la derecha los grandes silos de la cooperativa de San Dionisio vemos cómo a la izquierda sale un camino de tierra, que tomamos; nos sirve de referencia un cartel a su comienzo que anuncia "Bodega Luis Pérez". Hasta aquí hemos podido venir andando o en coche; en este segundo caso dejaremos nuestro vehículo al comienzo del camino, el cual se conoce como Hijuela del Cañón.


Empezamos a andar y nos metemos en una zona llana; cuando llevamos unos trescientos metros cruzamos el Arroyo de la Loba. Éste es lo único que queda del antes amplio canal de Guadabajaque, por donde se quiso hacer en tiempos de Felipe II una obra que comunicara, a través de la marisma de Tabajete, los ríos Guadalete y Guadalquivir para que los barcos que llevaban piedras de la Sierra de San Cristóbal a Sevilla no tuvieran que salir al mar. Vemos a la izquierda de nuestra ruta la laguna de Las Salinillas; suele estar seca gran parte del año pero siempre presenta dos o tres puntos u ojuelos donde mana una pizca de agua salada y cuando llueve se inunda con rapidez. Detrás de ella hay un cerro que le sirve de respaldo abrupto.


Pronto el camino empieza a ascender suavemente y cuando vamos dejando este cerro a nuestra espalda podemos girar nuestra vista para contemplar, en lo alto de él, el cortijo de Las Salinillas y, al fondo, las primeras líneas de edificaciones de Jerez de la Frontera. Todo este fundo está dedicado a cultivos de secano.


En ese punto del camino vemos a la derecha un arranque de camino que va a diversas viñas que se extienden sobre el Cerro Corchuelo. Seguimos de frente y, a continuación de ese arranque caminero, tenemos la viña y la casa de Rancho de Tetuán; ésta, construida en la línea tradicional de las casas de viña, se encuentra ya arruinada.


Al avanzar un poco tenemos a la derecha otra casa de viña que muestra también una construcción tradicional pero que, por contra, se conserva bien e incluso ha sido ampliada con una planta superior en una parte lateral; esto rompe la línea constructiva que marcan sus tres arcos aunque al menos indica que se trata de una edificación en uso y con perspectiva de ser mantenida en buen estado. Lo que no se mantiene es la viña, la cual ha sido arrancada para dedicar el terreno a cultivos de secano alternantes (trigo, girasol, algodón y quizás remolacha).


La hijuela del Cañón, que traemos desde la carretera vieja de Sanlúcar, llega a su fin cuando alcanza la Hijuela de Rompeserones, que viene de Jerez, de donde ha salido por la barriada Picadueñas. En ese punto de contacto caminero se encuentra, a la izquierda de la hijuela, el Rancho de La Pavera, con casa de dos plantas y sus cipreses de bienvenida, en medio de una finca que fue viña pero que ahora presenta una plantación joven de olivos. Tomamos hacia la derecha para seguir por Rompeserones, aprovechando que la pista está asfaltada y parece una carreterita como la de tantos pueblos de sierra; ahora el caminar es comodísimo y sentimos alivio a pesar de que se trata del tramo con más pendiente en nuestro recorrido.


A la derecha del camino vemos un pozo con su arco de hierro para la garrucha. En tiempos debió de ser un recurso muy útil a la hora de dar de beber a toda la gente que habitaba en estos lares. Hoy ya no, porque casi nadie vive en estos campos; el coche nos lleva y trae en minutos a la ciudad, donde hay agua corriente y clorada. Es muy probable que en nuestra marcha más de un conejo salte de entre la maleza de junto al camino y corra hacia su hura o hacia el laberinto del viñedo para esconderse de nuestra vista.


Seguimos el ascenso asfaltado y empezamos a ver arriba a la derecha las instalaciones de Bodega Luis Pérez. A distancia, la imagen nos lleva a pensar cómo serían las villas romanas de hace dos mil años que por estos mismos lares existieron; no serían muy diferentes, con sus cipreses alineados, sus patios centrales y sus columnas de mármol, a modo de enmarque para la actividad agrícola, incluida principalmente la producción de vino, del vino ceretano como el que citaba Columela, orgulloso de sus propios viñedos.


Al poco vemos a la izquierda la entrada, bien arreglada, del olivar La Cotorra. Su nombre no se debe al ave que los piratas solían llevar sobre su hombro y que habla tanto como ella misma. Cotorro y cotorra son términos toponímicos que indican, al igual que cerro, otero o colina, una elevación de altura variable sobre un entorno llano; términos sinónimos son cabezo y cabeza. Ahora que estamos ante un olivar debemos recordar que el olivo fue históricamente un cultivo propio de Jerez y en la Edad Media había más olivares que viñas; fueron las razzias musulmanas, tras la conquista por Alfonso X, lo que acabó con el cultivo olivarero porque quemaban los olivos durante los asedios y después de eso la vid empezó a ocupar el papel preponderante.


Cuando el camino llega a su cota más alta ya estamos frente a la entrada de la finca Vistahermosa. Este nombre propio aparece repetido por la zona, siempre referido a fincas que ocupan una elevación que permite panorámicas amplias. Aquí está la bodega Luis Pérez, de instalación reciente y que encabeza una viña donde se ha arrancado una gran parte de sus cepas palomino para plantar variedades como sirah, merlot, petit verdot y tintilla de Rota; de ellas se saca vino de mesa, con marcas que han alcanzado pronto un reconocimiento, como Samaruco y Garum (¿no habíamos hablado de la relación del lugar con las producciones romanas?). Las instalaciones están disponibles para que particulares y empresas puedan usarlas en sus celebraciones; por ejemplo, la dirigente política Inés Arrimadas celebró en ellas su boda.


Una vez llegados aquí el camino cambia, porque termina el asfaltado; se ve que fue echado por la bodega para facilitar las visitas. Ahora caminaremos cuesta abajo pero por un suelo irregular, con surcos hondos y mucha maleza. A cada paso encontramos en el suelo agujeros que son las puertas de vivares de conejos. Estamos siguiendo un camino público rural, que es competencia del Ayuntamiento, y ese es el problema, porque la Administración tiene dejados de la mano de Dios estos elementos que son de todos y que serían más aprovechados, y disfrutados, si recibieran atención de sus responsables.


Al poco nos sorprende la imagen, a la izquierda, de una parcela amplia con una instalación de placas solares, protegida por una valla alta con cámaras de seguridad cada ciertos tramos. Conforme descendemos vemos una panorámica sintética de los que son estos espacios campestres hoy día, puesto que confluyen tres tipos de aprovechamiento rural, placas, olivos y viñas, reunidos en la palma de una mano.






Llegamos a un cruce. De frente, según venimos, tenemos la cañada de Cantarranas. A la izquierda tenemos el camino que nos llevaría a la barriada de Polila, la cual se sitúa en la proximidad de la nueva autovía que de Jerez a Sanlúcar; ese itinerario, que hoy no vamos a seguir es parte de la misma cañada de Cantarranas. Podríamos decir, por tanto, que aquí acaba la hijuela de Rompeserones. A la derecha ha habido siempre un camino público que completaba la cruz (del cruce) y que ahora no vemos; este camino llevaba a conectar con la hijuela de Añina a través de la vaguada que intermedia en el cerro del Corchuelo y el cerro de La Solana. Parece que ha sido absorbido en el tramo inicial por la finca de al lado, si bien se ha sustituido por un nuevo trazado que rodea a ésta. Nosotros seguiremos de frente y nos metemos en la cañada de Cantarranas.


A la derecha dejamos una finca que se titula Viña de la Salud, pero que ahora está plantada de olivos, a pesar de titularse viña. Tiene un caserío que siempre se conoció como Casa de Cantarranas. Se trata de la finca que ha absorbido el camino antes referido, el cual arranca desde la portada, en donde dos cipreses hacen guardia. Avanzamos por la cañada de Cantarranas y a continuación de la viña (ya olivar) de la Salud está una viña de verdad; vemos que entre el olivar y esta viña baja un esbozo de camino (que constituye el rodeo citado), el cual presenta una cadena para cortar el paso de vehículos desde la cañada.


Enseguida vemos a nuestra derecha un terreno que fue hasta hace poco una viña y presenta en la proximidad del camino un edificio en ruinas. Sólo los árboles que la acompañan mantienen su prestancia. Se trata de una típica casa de viña pero ya abandonada, como su cultivo secular, y camino de ser pronto sólo un montón de escombros; es un patrimonio que desaparece. En el Marco del jerez se han arrancado muchas viñas; cuando España entró en la Comunidad Económica Europea había más de veinte mil hectáreas con viñas sometidas al Consejo Regulador pero el acuerdo de entrada exigía arrancar más de nueve mil y ahora, tras sucesivas restricciones, lo que queda apenas supera las seis mil hectáreas. Cuando se arranca una viña se arranca un estilo de vida. 


A nuestra izquierda tenemos un amplio espacio de viñas, pertenecientes al Pago de Añina, de las mejores zonas para la producción del jerez superior. Destaca, a una distancia, una construcción grande entre algunos árboles. Se trata de la Viña Las Conchas; allí hay una nave de molturación, detrás del caserío. Esa explotación, junto con todas las viñas de alrededor que vemos, pertenecía a la empresa bodeguera Williams and Humbert, pero hace unos años el viñedo fue vendido, por partes, a particulares y la empresa sólo se reservó la edificación, donde recibe la uva de estas mismas viñas para convertirlas en mosto. Esa marca comercial hoy pertenece a Bodegas Internacionales.


Poco más adelante y pegada al borde derecho de nuestro camino encontramos una casita nueva de autoconstrucción, con estilo indefinido pero cuidada y además presumiendo de tener como adorno, entre sus árboles, uno que florece en otoño. Sus propietarios la usan y disfrutan asiduamente todo el año, de manera que marca un claro contraste con la casa que vimos anteriormente, de estilo tradicional pero arruinada por abandono.


Esta casita está provista de un pozo, no sabemos si antiguo o de construcción reciente, que, aparte de su garrucha, está coronado por un brocal hecho con la parte superior de una tinaja grande de barro, de las que se usaban antes para almacenar el vino, y que tan frecuentes son en las bodegas manchegas; el reciclaje siempre es imaginativo. Suponemos que en las bodegas jerezanas estas tinajas tampoco deberían ser extrañas antes de que se generalizara el uso de botas por la implantación del sistema de soleras y criaderas.


A continuación nos encontramos con la casa de la viña Solana Chica, casa con pozo tradicional y huertecillo para completar el menú casero, sin que falten las higueras. Unos juegos infantiles en el patio no indican que es una viña muy disfrutada por sus propietarios. Ello no impide que cinco o seis perdices en bando levanten el vuelo delante de nuestras narices y pasen a la otra parte del camino; no son las primeras que vemos en nuestro paseo de hoy ni tampoco van a ser las últimas.


Unos pasos más adelante, y siempre a nuestra derecha, pasamos junto a la casa de la viña La Solana. Alguien puede pensar que debe haber un error en la nomenclatura de estas dos últimas fincas puesto que están situadas en la falda de un cerro que mira hacia poniente, por donde se pone el sol. Ciertamente se llama solana el lado de un monte que mira al punto por donde el sol sale por las mañanas y el lado contrario se llama umbría; sin embargo, resulta que el nombre propio que estamos cuestionando se debe simplemente a que estas viñas están enclavadas en el Cerro de la Solana, el cual constituye, junto con el Cerro Corchuelo, el núcleo del Pago Cantarranas, que con nuestro itinerario estamos rodeando. 


Al poco, nuestro camino nos lleva a un punto en que se nos permite divisar una amplia panorámica. Venimos dejando a nuestra izquierda un amplio espacio del ya citado Pago de Añina. En él hemos destacado el caserío de la viña La Conchas, en la parte alta, y ahora citaremos también una mancha cerrada de árboles a su derecha y a la misma altura, mancha que oculta una de las casas de viñas más cuidadas en el Marco, la conocida como Rancho del Paraíso. Pues bien, en este punto, a nuestro frente se nos abre a lo lejos el Pago de Macharnudo, otro pago del jerez superior que también se destaca por sus tierras albarizas. En su línea de horizonte podemos destacar, de izquierda a derecha, los árboles del Castillo de Macharnudo y luego los del Cerro Haurie que rodean a un monumento al Corazón de Jesús en la cota más alta de la zona de producción del Jerez-Xerez-Sherry. Más a la derecha vemos la torre de Cerro Nuevo, que es la casa-viña del poeta José María Pemán atribuida al arquitecto francés Garnier, y, luego, las naves blancas de Cerro Viejo, pertenecientes a Bodegas Sandeman. Vamos a aclarar mentalmente la división de los espacios: de una parte, el pago de Cantarranas está separado del pago de Añina por la cañada de Cantarranas; de otra parte, el pago de Añina y el pago de Cantarranas están separados del pago de Macharnudo por la carretera vieja de Sanlúcar. 


Sin dejar de observar ese horizonte amplio hemos llegado a la altura de una portada que, con dos machones elegantes y robustos, abre a nuestra izquierda paso para un carril recto que sube a lo alto y lleva a la Casa del Caribe. Fijándonos en el nombre de este viñedo y casa nos viene a la memoria la viña y casa de La Panameña; estos nombres, y otros, ¿no serán reminiscencias de asentamientos de indianos por aquí? Dejando ello a un lado, reparamos en que por delante de los machones de la entrada han colocado una puerta de barrotes metálicos que corta el acceso previo, de manera que desde nuestro sendero es imposible acceder a la Hijuela de Añina que aquí conecta con la Cañada de Cantarranas (otra agresión más al dominio público). No menor asunto es que la citada cañada que traemos se ha convertido en un sendero de pocos metros de ancho, lejos de las dimensiones que la ley le adjudica a las vías pecuarias con categoría de cañadas, que son los setenta y cinco metros. Entre las fincas de un lado y las del otro se la han ido comiendo y comiendo. Las vías pecuarias no son competencia de los ayuntamientos sino de las Comunidades Autónomas. ¿A qué espera la Junta de Andalucía para empezar a recuperar tanto dominio público usurpado? Recordemos que es su deber y que el demanio no prescribe.


Avanzamos y llegamos hasta una bifurcación. Si tomáramos la senda de la izquierda estaríamos continuando por la cañada de Cantarranas y, tras recorrer unos setecientos metros, llegaríamos a la carretera vieja de Sanlúcar. Sin embargo, nosotros en esta ocasión vamos a coger el ramal de la derecha, que es la Hijuela de Añina, la misma que ha venido superpuesta a la cañada de Cantarranas desde la entrada del Caribe.


La senda dirige nuestros pasos mirando ya hacia la ciudad de Jerez. A ambos lados hay hileras de chumberas con signos más que evidentes de que están condenadas por la plaga de la cochinilla del carmín (dactylopius opuntiae). Este insecto está terminando con una especie vegetal que, aunque procedente de América, se ha convertido en un elemento representativo del paisaje de muchas zonas de España, y en especial de Andalucía, y produce los higos chumbos que en tiempos pasados han quitado hambres, sin desmerecer su función como señalizadora de lindes y como alimento del ganado. Es una paradoja que la misma cochinilla que en tiempos fue considerada oro rojo, por su poder colorante, ahora sea la mayor enemiga del cultivo con que se la alimentaba; se puede combatir con un insecto depredador específico llamado Cryptolaemus montrouzieri pero lo que es absurdo es que a fecha de hoy la chumbera siga siendo considerada oficialmente especie invasora y por ello no se combata su plaga. Bien, tras recorrer unos cuantos metros, a la derecha arranca un camino que remonta una cuesta y es el mismo que, por el otro lado, llega hasta la casa de Cantarranas en la Viña de la Salud.


Algo más adelante tenemos la Casa de La Tonelera, situada en un altozano y que presenta una doble hilera de palmeras bordeando la pista que a ella lleva desde la entrada mientras dibuja una elegante curva ascendente. Junto a esa misma entrada hay un pozo tradicional que completa la imagen.


Al llegar a la puerta de entrada a dicha finca tenemos dos posibilidades. Una es tomar un ramal que parte a la izquierda y va recto hasta la carretera vieja de Sanlúcar; por él tendremos al frente la vista de la Viña de La Constancia


La otra posibilidad es marchar recto, tal como venimos, con lo cual estaremos siguiendo el trazado de la hijuela de Añina; esta es la decisión que tomamos, aunque supone que durante unos doscientos metros tendremos que andar sobre suelo labrado porque, otra vez, el propietario de una finca limítrofe invade camino público para obtener algo de superficie donde sembrar cinco o seis granos de trigo más. Pasada la fachada de esta parcela invasora (ésta sí es invasora) se hace perceptible de nuevo el camino.


Ahora estamos caminando junto a la Viña La Cartera, propiedad de Bodegas Estévez. Ya nos habremos dado cuenta de que en la zona abundan las viñas con nombres referidos a alguna cualidad de mujer. En principio, el edificio que dejamos a la derecha, cerca de la entrada, es una nave de labor pero la casa de la viña desde aquí no se ve porque está más atrás y más arriba, casi coronando el cerro Corchuelo; a ella se llega también por el camino que, habíamos dicho, arrancaba antes del Rancho de Tetuán.


El camino empieza a converger con la carretera vieja de Sanlúcar y al poco desemboca en ella, con lo cual volvemos al asfalto. Ahora caminaremos por el lado izquierdo, con cuidado y atención al tráfico, en el último tramo de nuestra ruta. A la derecha dejamos la Venta El Paseo, llamada antes Venta Luisa, y pasamos junto a unas construcciones destinadas a segunda vivienda y levantadas, suponemos que ilegalmente, en terrenos de vía pecuaria. En unos minutos llegamos al inicio de la hijuela del Cañón, donde habíamos dejado el coche, si habíamos venido en él, con lo que habremos cerrado un itinerario circular de poco más de seis kilómetros y medio; si no habíamos traído coche seguiremos andando hasta entrar en Jerez por donde habíamos salido.
.

.




.




martes, 3 de noviembre de 2020

Una leona ibérica en La Rambla

La Campiña Sur cordobesa ha ofrecido una nueva pieza de estudio arqueológico, una leona de piedra, presumiblemente de la época íbera, que ha sido hallada en un olivar de La Rambla.


Fue un agricultor quien, cuando trabajaba en sus tierras, descubrió esta pieza que se encuentra en perfecto estado de conservación. Se trata de una leona de grandes dimensiones en el momento en el que se dispone a devorar a un óvido con el fin de alimentarse. El olivar en el que fue hallada se encuentra en término municipal de La Rambla, muy cerca del de San Sebastián de los Ballesteros.


Tras ser avisados, agentes del Seprona se desplazaron hasta el lugar del hallazgo y trasladaron la pieza a Córdoba, donde se hizo cargo la Consejería de Cultura.

"¡Pero esto qué es!" Estas fueron las primeras palabras de Gonzalo Crespo, agricultor de San Sebastián de los Ballesteros y descubridor de la pieza arqueológica. "De primeras creía que era una piedra", recuerda sorprendido. La encontró mientras realizaba un surco para retener el agua y era la primera vez que realizaba esta labor en el olivar familiar, ya que no es habitual en este tipo de terreno. "Ha sido suerte, porque se hizo solo una zanja" de apenas 10 centímetros de anchura y el hallazgo se produjo a tan solo 50 o 60 centímetros de profundidad. Acto seguido al descubrimiento, llamó a Guardia Civil y miembros del Seprona se presentaron junto a otros técnicos de la Delegación de Cultura de la Junta. "Todos se mostraron muy sorprendidos ante el buen estado que tiene", afirma Gonzalo Crespo, que se muestra orgulloso de poder contribuir de alguna manera a descubrir un poco más de la historia de la zona.

El descubrimiento de la leona íbera sigue sacudiendo las redes sociales. Una de las últimas aportaciones más llamativas ha sido la de Arkeotexturas, empresa cordobesa de servicios arqueológicos. En su perfil de Facebook, Arkeotexturas esboza una «hipótesis», que «deberá confirmarse por los estudios que se van a hacer sobre la pieza», sobre el papel que pudo jugar la leona íbera. Su responsable, el arqueólogo Rafael Valera, asegura que «entre las posibles estructuras que estarían decoradas con esta pieza escultórica, me he decantado por los pilares estela de influencia griega, por ser uno de los modelos más extendidos y con una singularidad-monumentalidad menor. En arqueología virtual, lo ideal es optar por las soluciones más sencillas».


El modelo que ha creado «se basa en los monumentos localizados en el Levante y Sureste peninsular; de este modo la escultura hallada sería un tótem protector la persona a la que dedicaría el monumento, príncipe, jefe o guerrero». «El relieve que decora el cuerpo principal lo he tomado del pilar estela de los jinetes, procedente de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), y sería la representación de esa persona a la que se dedicaría el monumento», explica Valera en el perfil de Facebook de Arkeotexturas.


Al fondo, explica, ha querido «representar otro elemento de la cultura ibérica que se documentó en esta zona». «Se trata del edificio de culto de El Convento o Cerro del Sastre, entre Montemayor y La Rambla, excavado por Carmen Gómez Lara. Este edificio conservado, aunque sin uso patrimonial en la actualidad, es también un ejemplo excepcional de la cultura prerromana en el sur de la provincia de Córdoba», asegura Valera.


Ante las diferentes teorías que van surgiendo sobre la función que tuvo la leona íbera de La Rambla, Alejandro Ibáñez, arqueólogo provincial de la Junta, ha asegurado que «no tengo ninguna hipótesis sobre el uso que pudo tener. El mundo ibérico es el gran desconocido. De él, por ejemplo, no conocemos su escritura». Ibáñez sostiene que este tipo de esculturas pueden ser «monumentos funerarios, hitos territoriales, etcétera. Pudo ser cualquier cosa. Ahora mismo, no lo sabemos. Son todo hipótesis, porque el mundo ibérico es el gran desconocido». Y ha recordado que se hará un estudio de los suelos donde se halló la leona de La Rambla, de forma que «reconoceremos el terreno para ver si hay alguna estructura por debajo».


Recordó que en Córdoba han aparecido a lo largo del tiempo «veintiséis ó veingisietge leones ibéricos de este tipo». «La Campiña cordobesa es muy rica en este tipo de piezas. Están repartidas por los Museos de Córdoba, Santaella, Nueva Carteya o Arqueológico Nacional», ha apuntado.


.

viernes, 16 de octubre de 2020

La cabeza de Antonia la Menor de Carisa Aurelia

España ha recuperado en octubre de 2020 el busto romano de Antonia la Menor, del siglo I, robado en Bornos en 2010 y localizado en 2018 en la Gliptoteca de Múnich. Una investigación de la Guardia Civil llevó a la localización del busto en una casa de subastas en Múnich


Hasta primeros de mayo de 2019 la pieza estuvo expuesta en la Gliptoteca de Munich. Un particular alemán la había dejado en depósito en este museo de antigüedades griegas y romanas, que la colocó junto a un mosaico italiano de Aion, el dios de la eternidad. La información de la pieza no señalaba su procedencia española y decía que era un probable retrato de Antonia la Menor, hija de Marco Antonio y Octavia. No una «cabeza de Livia», como había sido identificada hasta entonces en Cádiz. 

José Beltrán Fortes, catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla, había llegado a la misma conclusión. Al analizar a través de fotografías la cabeza romana desaparecida en Bornos para su estudio de las «Esculturas romanas en la provincia de Cádiz», Beltrán y su colega María Luisa Loza se dieron cuenta de que «no era una Livia», como la había clasificado Antonio Blanco en su «Historia de España», sino «un retrato de Antonia la Menor». Esa fue la clave que los condujo el verano de 2018 hasta la pieza robada.


«Existen muy pocas esculturas de Antonia la Menor», explicó este especialista en escultura romana. Al buscar en internet imágenes de la hija menor de Marco Antonio y abuela respectivamente de los emperadores Claudio y Calígula, Beltrán se topó «con unas reproducciones en 3D de la pieza que en esos momentos estaba expuesta en la Gliptoteca». Enseguida reparó en que era la misma figura de mármol blanco hallada en 1960 en el yacimiento de la antigua ciudad romana de Carissa Aurelia, entre las localidades gaditanas de Espera y Bornos. 

Datada en el S.I, se trata de un ejemplo perfecto del retrato romano imperial adaptado a las tradiciones y modos locales de la Hispania romana. Por fortuna, en los años en los que la cabeza había estado desaparecida no había sufrido daños. Según este investigador, la figura se encontraba «tal cual», como cuando estaba expuesta sobre una columna de mármol en la escalera de acceso a la planta alta del Ayuntamiento de Bornos antes de ser trasladada al Centro de interpretación turística en el Castillo Palacio de los Ribera. Allí se mostraba al público en una vitrina, de donde fue robada. 

Con gran satisfacción, el catedrático de Arqueología comunicó al Ayuntamiento de Bornos el hallazgo de la cabeza romana e informó con todo detalle a la Guardia Civil. La pieza se retiró de la Gliptoteca de Múnich. En cuanto tuvo conocimiento del origen de la pieza, el museo la devolvió a su propietario particular, que al parecer la habría adquirido como procedente de una colección inglesa. Éste, a su vez, exigió al anticuario alemán que se la vendió que le devolviese el dinero y cuando estuvo en manos de este último, las fuerzas policiales actuaron.



sábado, 10 de octubre de 2020

Jerez de la Frontera: las iglesias alfonsinas

San Marcos

Se aprecian varias fases de construcción. A los pies se ve una moldura mudéjar que marca la altura de la primera construcción, en estilo mudéjar del siglo XIV. Encima, el muro recrecido es de estilo gótico, del XV-XVI. En la cabecera también se observa esta superposición de estructuras. La portada de la epístola, la más antigua de las tres, mantiene su impronta mudéjar y la cornisa con canes la une al mudéjar sevillano; el vestíbulo presenta bóveda esquifada con lacería mudéjar y un cuadro de la Virgen de la Estrella, que estuvo en la puerta de Sevilla hasta 1864. La portada del evangelio es barroca del siglo XVIII, con baquetón mixtilíneo. La portada principal es de estilo renacentista y se levantó a principios del siglo XVII, por el jerezano Martín Calafate; se superpone a una portada gótica borgoñona de fines del XV. La espadaña, de la segunda mitad del XVIII, con triple vano y frontón con roleos, se construyó tras el terremoto de Lisboa, que destruyó la torre.

San Juan de los Caballeros


Conserva en el muro de la epístola un arco islámico, no visible desde el suelo. La cabecera, semicircular, fue almenada en el siglo XVIII. Las portadas laterales, de la segunda mitad del XVI, son renacentistas y atribuidas a Hernán Ruiz II; presentan columnas corintias adosadas y frontón recto. A los pies, la torre-fachada, del siglo XVII, tiene dos partes; la primera, atribuida a Vandelvira, es un pórtico renacentista a modo de arco triunfal romano, con columnas toscanas gigantes, nichos avenerados y friso, tras el que está la entrada, también con frontón y friso. La segunda parte, debida a Martín Calafate, está formada por tres cuerpos y el cupulín. Dentro se destaca la Capilla de la Jura, donde, se dice, los caballeros jerezanos escribieron con su sangre una carta a Sancho IV pidiendo ayuda ante el asedio del moro Ben Yusuf. La iglesia se titula de Los Caballeros porque los pertenecientes a las órdenes militares aquí se congregaban y tenían enterramiento.

San Lucas

Presenta silueta de cubierta a dos aguas, típica del mudéjar sevillano del siglo XIV. La portada principal, apuntada y abocinada, soporta la torre-fachada, que presenta una hornacina  y una espadaña del siglo XVIII. La portada del evangelio conserva un tejaroz a dos aguas (perdido en la portada principal) y en la primera arquivolta luce lóbulos que contienen hojas de parra. Arriba corre una cornisa de canes, que marca la altura del edificio antes de la reforma del XVIII. En el interior se guarda la imagen de la Virgen de Guadalupe que Alfonso XI llevaba en sus campañas y que regaló tras la batalla del Salado. 

San Mateo

Se trata de un edificio voluminoso. La portada principal es gótica, del siglo XV; siguiendo el modelo de las puertas de la catedral de Sevilla, está ligeramente abocinada y presenta gablete. Se encuentra cegada desde el terremoto de Lisboa. La portada de la epístola presenta alfiz rehundido y enmarcado con una cenefa de lacería mudéjar; en el siglo XVIII se le incluyó una hornacina, junto a otros detalles barrocos; el zaguán tiene bóveda de crucería con nervios que apean sobre columnillas colgadas, siendo dos de ellas de mocárabes. Otro detalle visible es la crestería gótica de las capillas. La espadaña dieciochesca sustituye a la torre caída en 1755. Su interior contiene una sola nave, de catorce metros de anchura, que hasta finales del XV serían tres, antes de la intervención de Diego de Riaño.

San Dionisio

La fachada de los pies presenta silueta de techo a dos aguas. La portada, relacionada con el mudéjar cordobés, resalta de la fachada, es abocinada y está cubierta a dos aguas. Arriba destacan un rosetón circular y las mudéjares ventanas geminadas con arcos polilobulados en alfiz, cegadas. Las dos fachadas laterales presentan línea de canes, con formas vegetales animales y mocárabes. La portada del evangelio es similar a la principal y además contiene decoración vegetal. La portada de la epístola, adintelada, fue transformada en el siglo XVIII. Del mismo siglo es la espadaña próxima a la cabecera por este mismo lado. En el lado contrario está la Torre de la Atalaya, con rasgos mudéjares, como las ventanas geminadas polilobuladas con lacería; por encima de una cornisa, la parte superior presenta rasgos del gótico final. El interior contiene tres naves de considerable altura.

jueves, 1 de octubre de 2020

En Montehermoso, dólmenes

La Dehesa Boyal de Montehermoso tiene tres dólmenes excavados y otros tantos, al menos, pendientes de excavación. Ello demuestra una ocupación ancestral de este espacio, ya desde los primeros tiempos de la práctica agropecuaria, la cual ha ido configurando este ámbito como la dehesa que es hoy, aprovechamiento que ha sabido combinar la producción económica con la conservación ecológica. La dehesa es, pues, un paisaje antropizado que viene desde el Neolítico y llega más o menos en el mismo estado a nuestros días.

Vamos a ver cada elemento arqueológico por separado (con su nombre identificativo), sin faltar el cuarto, que es algo singular

 Dolmen de la Gran Encina

Dolmen

dolmen


Dolmen



dolmen

Sepultura individual

Dolmen

dolmen


Dolmen

dolmen

Gran Dolmen

El Gran Dolmen es de los tres el que presenta más clara la estructura de su planta, en la que hay dos anillos concéntricos formados con grandes losas, unas de pizarra y otras de granito; también se ven indicios de un tercer anillo. El corredor tiene cinco grandes losas a cada lado. Está orientado al sureste.

dolmen


Al excavar este dolmen se vio que el suelo de su cámara estaba rebajado, lo que hace pensar que ha sido expoliado a lo largo del tiempo. Las piedras que le faltan, tanto las cobijas como las del forjado del túmulo, debieron ser utilizadas como material de construcción; es muy probable que hayan sido empleadas en la presa de la laguna del Tremal y en otras obras repartidas por dehesa, como cabañas, porquerizas, puentes...



dolmen

Dolmen de Tremal

El nombre de este dolmen hace referencia a un tremal próximo. El término "tremal" se pronuncia en otros lugares de la región como "tremeal" o "tremedal" y en ambos casos designa un lugar o terreno fácilmente encharcable y que luego, durante gran parte del año, queda como una zona fangosa y de tierra poco asentada, es decir, flexible o trémula. En nuestro caso el tremal que había se ha convertido en una charqueta permanente con agua para abrevar el ganado

Este dolmen es el que matiene mayor porcentaje de sus piezas y permite apreciar muy claramente los anillos concéntricos de losas que ayudaban a formar el túmulo. 


La cámara del dolmen está delimitada por una circunferencia de trece ortostatos, como podemos ver en la foto de despliegue panorámico.


Este dolmen también ha contribuido con sus piedras a la formación de la presa en la laguna del Tremal.




.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Castillo de Jarandilla

Jarandilla es un bello pueblo de la comarca cacereña de La Vera. Parece ser que tuvo fundación musulmana. Alfonso VIII de Castilla la conquistó y la cedió a los Caballeros Templarios pero tras la desaparición de éstos pasó a pertenecer a la Comunidad de Villas y Tierras de Plasencia.  

En 1369 el rey Enrique II cedió la villa a los Álvarez de Toledo. En el siglo XV don Fernando Álvarez de Toledo (nombrado Conde de Oropesa por Isabel la Católica) realizó obras de ampliación en el castillo, dándole el aspecto con el que prácticamente ha llegado hasta nuestros días. Los Álvarez de Toledo serían a partir del reinado de Felipe III Marqueses de Jarandilla y luego entroncarían con los Duques de Alba. El castillo-palacio de los Condes de Oropesa se encuentra en una zona elevada de la localidad.

Se trata de un castillo de planta cuadrada con torres de planta circular en dos de los ángulos y otras dos de planta cuadrada, siendo una de ellas la Torre del Homenaje. Ésta carece de almenas aunque tiene una cornisa de matacanes a todo su alrededor. Abunda la piedra de sillería y el estilo es gótico final con detalles renacentistas.

Al lado de la puerta de acceso encontramos el escudo de Carlos I de España y V de Alemania, con el águila bicéfala.

La presencia de este emblema se debe a que el emperador residió en este castillo desde el 12 de noviembre de 1556 hasta el 3 de febrero de 1557, mientras se terminaban de adecuar sus habitaciones en el monasterio de Yuste, lugar elegido por el monarca para su retiro. 

En el centro del edificio hay un gran patio de planta cuadrada en torno al cual se distribuyen las dependencias. En el centro del patio está una fuente con un estanque a modo de abrevadero para cabalgaduras. Destaca el corredor porticado que encontramos en la zona norte, con arcos rebajados y una barandilla calada con figuras geométricas.

En los muros del patio encontramos nueve escudos nobiliarios, pertenecientes a los Álvarez de Toledo, a los Figueroa y a algunos obispos (estos escudos no pertenecían al castillo sino que fueron traídos a lo largo del tiempo). El escudo de los Álvarez de Toledo campea sobre el arco de salida del patio, dentro de un círculo; tiene adorno de lanzas y encima la corona condal.

La fortaleza tuvo dos recintos amurallados exteriores, estando el segundo de ellos (el interior) defendido por torres de planta circular tanto en las esquinas como en sus muros, como las que defienden la puerta de acceso primitiva (con troneras, almenas y el adarve). Debió contar también con un foso y puente levadizo.


 
Durante la Guerra de la Independencia sufrió graves daños ya que fue saqueado en 1808 por los franceses; el deterioro aumentó con las desamortizaciones. En 1966 fue restaurado y transformado en Parador de Turismo, por lo cual se añadió una nueva ala para permitir más capacidad de alojamientos
.


.