viernes, 24 de marzo de 2017

La primera Ortografía de la Academia



lunes, 20 de marzo de 2017

Catedral de Albacete


viernes, 3 de marzo de 2017

Mapa gastronómico de Gómez de la Serna

jueves, 2 de marzo de 2017

Gastos en Defensa

La presión de Estados Unidos para que los países europeos incrementen sus gastos de defensa es recurrente desde hace tiempo, bajo el pretexto de que ellos soportan más del 70% del presupuesto total de la OTAN. Una presión que, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha intensificado. El pasado 15 de febrero, su nuevo secretario de Defensa, James Mattis, amenazó con que Washington «moderará su compromiso» con la Alianza si los miembros europeos no elevan su gasto militar. «Estados Unidos no puede preocuparse de la seguridad de sus hijos más que lo que ustedes lo hacen», comentó. Y este lunes fue el propio presidente el que anunció la intención de aumentar el presupuesto de defensa de su país en 54.000 millones de dólares (un 9,27%), el mayor desde los atentados del 11-S, en 2001.

En la última reunión, los países integrantes de la OTAN reaccionaron, confirmando su compromiso de situar el gasto nacional en esta materia, antes de 2024, por encima del 2% del PIB. La ministra española de Defensa, Dolores de Cospedal, respondió: «Cumpliremos, como siempre ha dicho el presidente del Gobierno». Pero, ¿cuántos miles de millones tendría que incrementar España su presupuesto militar para cumplir con ese objetivo? ¿Qué lugar ocupa ahora con respecto al resto de potencias mundiales?

Según las cifras oficiales de la OTAN, España gastó 11.064 millones de dólares en 2016. Esta cifra representa un 0,91% de su PIB, un porcentaje muy alejado de dicha promesa. Para alcanzarlo tendría que invertir 24.316 millones, es decir, duplicar su presupuesto con unos 13.000 millones de dólares más.

No podemos olvidar que únicamente superan ese 2% del PIB cuatro países de la Alianza: Estado Unidos (3,61%), Grecia (2,38%), Reino Unido (2,21%) y Estonia (2,16%). Polonia se encuentra justo en ese umbral y el resto de miembros de la OTAN está por debajo. España ocupa el puesto número 25 del ránking, teniendo solo peor registro –además de Islandia, que oficialmente no tiene gastos de Defensa– Bélgica (1.252 millones, un 0,85% de su PIB) y Luxemburgo (253 millones, un 0,44%).

A su posición entre las potencias mundiales y de la OTAN no parezca indicarlo, lo cierto es que España lleva incrementando su presupuesto en Defensa durante los últimos cuatro años, desde los aproximadamente 10.000 millones de dólares de 2013 hasta la cifra actual, que solo supone un 1,2% del presupuesto total de la Alianza. Alemania también lleva un aumentándolo cuatrienio, desde los 36.495 millones de dólares de 2013, según los datos facilitados por la OTAN, hasta los 40.663 del año pasado. Una cantidad insuficiente para Trump, que en el caso de los germanos solo supone 1,19% de su PIB y un 4,4% del presupuesto de la OTAN.

Si atendemos a los dólares por habitante que emplea España en presupuesto militar, su posición dentro de la Alianza es algo mejor. Con 285, ocuparía el puesto número 16, inmediatamente después de Italia (380 dólares), Portugal (309) y Polonia (297). En la cúspide se encontraría, obviamente, Estados Unidos, con 1.876 dólares por habitante, al que le seguiría Noruega (1.398), Reino Unido (913), Francia (747) y Dinamarca (688).

Más allá de la órbita de la OTAN, Estados Unidos también es el rey absoluto en lo que respecta a gastos militares. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), de Londres, en la última edición de su informe «The Military Balance» (El equilibrio militar), el país presidido por Trump gastó el año pasado 604.000 millones de dólares, cuadruplicando a China, que se encuentra en la segunda posición. Se trata de una cifra inimaginable para cualquier otra país en la actualidad, que emplea, entre otras cosas, en mantener a 1,3 millones de soldados, 750.000 civiles empleados por el Departamento de Defensa y más de 800.000 soldados de la Guardia Nacional, entre los que hay unidades de tierra que han combatido en Irak y Afganistán y pilotos que están bombardeando al Estado Islámico.

A estos habrá que sumar, de aprobarse, los 54.000 millones de dólares anunciados por Trump, que ya advirtió a comienzos del mes pasado que los «terroristas radicales islámicos están decididos a atacar» a su país y que, «para lograr la seguridad de todos los estadounidenses», su Gobierno tendría que realizar «una histórica inversión financiera en las Fuerzas Armadas». Esta cantidad equivale a 14 portaaviones, 240 aviones de transporte C-17 o 14.600 tanques T-14 Armata.

En su segunda posición, China invirtió 145.000 millones de dólares de su presupuesto en Defensa el año pasado. Otra cantidad considerable si tenemos en cuenta que casi triplica a los 58.900 millones gastados por Rusia, en el tercer puesto, y los 56.900 de Arabia Saudí, en el cuarto. Si tenemos en cuenta que Gran Bretaña ocupa el siguiente lugar con 52.000 millones de dólares (60.347 según los datos de la OTAN), de los cinco primeros lugares de esta clasificación del IISS, solo dos pertenecen a la Alianza.

Y si ampliamos hasta los 15 primeros, el número de países de la Alianza son cinco. España ni siquiera aparece entre ellos. Del sexto al quinceavo lugar se encuentra la India (51.100 millones de dólares), Japón (47.300), Francia (47.200), Alemania (38.300), Corea del Sur (33.800), Australia (24.200), Brasil (23.500), Italia (22.300), Israel (19.000) e Irak (18.100). Los datos de la Alianza varían levemente en los que respecta a sus miembros que aparecen en esta última clasificación, pero no lo suficiente como para alterar las posiciones.

España creció un 3,2% en 2016

La economía española creció un 3,2% el año 2016, gracias al consumo y la inversión, que mostraron aumentos anuales del 2,6% y del 3,1%, respectivamente, según la Contabilidad Nacional Trimestral publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Es el tercer año consecutivo en el que aumenta el PIB nacional y el segundo consecutivo en el que el crecimiento se sitúa en el 3,2%. A precios corrientes, el PIB alcanzó los 1.113.851 millones de euros en 2016, lo que supone un aumento del 3,6% en términos nominales. La demanda nacional aportó 2,8 puntos al crecimiento del PIB en 2016, en tanto que la demanda externa contribuyó con medio punto, con las exportaciones creciendo a un ritmo del 4,4% y las importaciones, a una tasa anual del 3,3%.

Dentro de la partida de consumo, tanto el de los hogares como el de las instituciones sin fines de lucro se incrementó un 3,2% en 2016, por encima del gasto en consumo de las administraciones públicas (+0,8%). La inversión en construcción subió un 1,9% el año pasado, en tanto que la de bienes de equipo se disparó un 5%.





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jueves, 23 de febrero de 2017

Caraca, ciudad romana

Un equipo de investigadores ha descubierto una ciudad romana bajo tierra en perfecto estado de conservación en el municipio de Driebes (Guadalajara). Al parecer, se trataría de Caraca, una villa datada entre los siglos IV a. C. y II d.C., de la que se tenía constancia pero se desconocía su ubicación.

Los trabajos empezaron en octubre y, gracias a la utilización de tecnología como el georradar, han concluido que bajo tierra, apenas a 70 centímetros, hay una ciudad con sus calles, el foro, termas, viviendas y templos que podría ocupar 12 hectáreas. Incluso se ha encontrado un acueducto, que por su tamaño ha permitido documentar que en esta ciudad vivían alrededor de 2.000 personas.

Se baraja que bajo las ruinas de la ermita ubicada en el cerro de la Virgen de la Muela, donde se iniciaron las prospecciones, hay un templo que formaría parte de una ciudad romana de importantes dimensiones, que "se cree es de origen carpetano de entre los siglos IV antes de Cristo y II después de Cristo", ha apuntado Javier Fernández, el arqueólogo y codirector de la prospección.

"Toda la vida se ha dicho que tenía que haber algo de esto aquí, pero nunca pensamos que esto", ha señalado el alcalde del municipio, Pedro Rincón, quien al igual que los responsables de la investigación no había imaginado la envergadura del yacimiento de Driebes, al sur de la provincia de Guadalajara.

Javier y el profesor Emilio Gamo conocían la existencia de importantes vestigios romanos en la provincia de Guadalajara, en concreto en la zona de Driebes, y decidieron iniciar una prospección hace unos meses con el apoyo económico del Gobierno regional, el Ayuntamiento de Yebes y los Amigos del Museo de Guadalajara. "En tan solo una hectárea que hemos podido rastrear con el georradar, ya hemos podido determinar importantes hallazgos", ha subrayado Fernández. Para el arqueólogo, es "sorprende que en pleno siglo XXI no lo hayan descubierto antes. El resultado de la prospección es muy superior al que esperábamos".

Ya se está poniendo en marcha la segunda fase del proyecto que contempla la excavación del terreno para confirmar lo encontrado con el georradar. Esperan poder empezar los trabajos en seis meses, con la vista puesta en recuperar la zona y convertirlo en un yacimiento visitable al estilo de Recópolis, también en la provincia.



Los primeros indicios de la riqueza arqueológica del terreno llegaron con las obras del canal de Estremera. En 1945 se descubrió el llamado 'tesoro de Driebes', un lote de piezas de orfebrería del siglo III a.C. con un peso de 13,8 kilos que incluía pesos, lingotes, sortijas, fíbulas y monedas y que actualmente está expuesto en el Museo Arqueológico Nacional. A partir de entonces llevaron a cabo un proyecto de romanización de la provincia y vieron que la zona está plagada de materiales romanos en superficie, fundamentalmente cerámica y fragmentos de estuco.

El georradar 3D ha confirmado su teoría y se ha confirmado la presencia de una ciudad romana con urbanismo propio, en la que se observan con claridad espacios públicos, como un foro porticado, las avenidas principales, termas o un mercado. Lo más llamativo es la presencia de un acueducto de características similares al de Segóbrica (Cuenca), que debía medir unos tres kilómetros y de los que se han localizado 112 metros de canalización de hormigón romano conservado.




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viernes, 3 de febrero de 2017

La batalla de Taxdirt

El 9 de julio de 1909 los operarios que construían una línea de ferrocarril entre la cabila de Beni Bu Ifrur y Melilla fueron atacados por un grupo de rifeños. El contingente estaba en contra de que los extranjeros unieran estas dos regiones, pues suponían que la finalidad de ello era extraer las materias primas que había en la región y trasladarlas hasta la Península. El asalto se sucedió a las siete de la mañana, mientras 13 obreros cimentaban un puente a seis kilómetros de Melilla. El resultado fue catastrófico (4 muertos y tres heridos) y la noticia produjo en España honda impresión. Poco más necesitó España para responder. Instantáneamente se envió una fuerza de castigo contra los enemigos y se declaró el inicio de las hostilidades contra las cabilas. Estos hechos se consideran el comienzo de la «Campaña de Melilla de 1909».

Por septiembre el ejército logró reunir en Melilla 44.000 hombres y se decidió la construcción de un faro que guiara a los barcos en el cabo de Tres Forcas (al norte de Melilla). El general José Marina pensó que, si iban a ser atacados, lo mejor era tomar por las armas toda la región. Así podría tener a la población controlada y evitar revueltas y, además, aislar el Gurugú por la cabila de Beni Sicar. El plan de acción era sencillo. Se formarían dos columnas que deberían tomar el territorio al norte de Melilla. La primera de ellas recorrería la región de sur a norte a través de una zona ocupada por tribus pacíficas. La segunda, por su parte, atravesaría la zona de este a oeste; lo haría con el objetivo de llegar hacia Taxdirt (al oeste de Melilla). Esta última sería la misión más sangrienta, pues había que cruzar zonas tomadas por enemigos.



La Primera Columna (formada por 4.020 soldados, ochenta caballos y ocho cañones) estaba mandada por el general Alfau y sus tropas eran las siguientes: batallones de Barbastro, de Figueras, de Amposta y de Las Navas; escuadrón del Lusitania (caballería); dos baterías de Montaña (artillería); una compañía de Zapadores y otra de Telégrafos; una Ambulancia y un Tren de combate e impedimenta. La Segunda Columna (formada por 3.479 soldados, 80 caballos y 8 cañones) estaba mandada por el general Morales y el general Tovar y sus tropas eran las siguientes: A, como Vanguardia, la sección de jinetes del Regimiento de Cazadores de Caballería Alfonso XII, el batallón de Cataluña, la Primera Batería de Montaña (artillería) y la Compañía de Zapadores, B, como Cuerpo central, los batallones de Tarifa y de Chiclana, la Segunda Batería de Montaña (artillería), la Compañía de Telégrafos, una Ambulancia y un Tren de combate e impedimenta, C, como Retaguardia, el batallón de Talavera. En apoyo a las dos columnas iban dos divisiones expedicionarias. La Primera División Expedicionaria estaba formada por la Tercera Brigada de Cazadores y los Húsares de la Princesa y sus órdenes eran ubicarse en un zoco cercano (el de Arbaa) y dirigirse hacia Zeluán (en dirección contraria a la zona en la que se sucedería la misión principal), de esta forma se pretendía que los rifeños les siguieran (y así reducir el número de defensores de la zona principal). La Segunda División Expedicionaria (a las órdenes del general Sotomayor) tenía como objetivo ubicarse al sur del río Oro y permanecer en alerta por si se les necesitaba.

Los dos escuadrones de caballería de la División, del Alfonso XII y del Lusitania, iban mandados por el teniente coronel José de Cavalcanti y Alburquerque, que había nacido en 1871 en Cuba y había ingresado en la Academia General Militar cuando contaba 17 años. Este decidió integrarse en la Segunda Columna, por ser esta en la que se encontraba el general Tovar, del que era ayudante.



El 20 de septiembre, la Segunda Columna partió del fuerte Reina Regente hacia el sur y, tras dos horas de marcha, llegó a Dar el Hach (a 5 kilómetros de Melilla). Una vez allí, dirigió sus pasos hacia Taxdirt, su objetivo final. Los rifeños decidieron no dividirse y se movilizaron también hacia Taxdirt, olvidándose de la Primer Columna. A las ocho de la mañana comenzaron los disparos, cuando la sección de jinetes que se ubicaba en vanguardia recibió fuego de un grupo de rifeños situados en las inmediaciones de Taxdirt. Los españoles contestaron avanzando hacia las defensas en las que, según creían, estaría el enemigo, pero al llegar no encontraron a nadie. La razón era que los marroquíes se habían retirado a la carrera hasta el cercano monte de Tamsuyt, más fácil de defender.

Desde allí, desataron el infierno haciendo un nutrido fuego sobre los españoles. Como respuesta, la columna se puso en alerta y se dispuso a presentar batalla al enemigo, formado por unos 1.500 combatientes. La Primera Batería bombardeó la zona para apoyar a los jinetes enfrascados en el ataque y, cuando el último proyectil cayó, uno de los batallones del contingente (el de Cataluña, junto con la compañía de zapadores) cargó a bayoneta contra los enemigos. Ellos serían la vanguardia de la ofensiva. La batalla fue cruenta, pero los españoles lograron conquistar la posición a sangre y fuego. A continuación se dio órdenes a la Primera Batería de que avanzara para consolidar la zona conquistada. Como apoyo a ésta (y mientras el Cataluña seguía avanzando) se mandó también al batallón de Tarifa.

Este se dividió en tres grupos o compañías. La primera se ubicó a la derecha de la artillería y comenzó a devolver el fuego al enemigo con la rodilla en tierra para garantizar la precisión de sus disparos. La segunda se posicionó en el flanco izquierdo de los cañones y, para terminar, la tercera avanzó para desalojar a la bayoneta a un molesto grupo de marroquíes que soltaba plomo desde el flanco izquierdo. A ellos les fue bien. Todo lo contrario que al Cataluña y a los zapadores, ubicados en primerísima línea. Mientras, el batallón de Cataluña estaba sufriendo el fuego y la presión de los harqueños, empeñados en retomar las alturas. El tiroteo al que se vieron sometidas estas dos unidades era más que intenso. Ambas no pararon de disparar ni un minuto para defenderse de los 1.500 enemigos que les cercaban. Las siguientes cuatro horas se desarrollaron entre sangre y una gran cantidad de bajas.

La gran cantidad de bajas provocó que, poco después del medio día, se ordenara a las dos unidades presentes en el montículo (el batallón de Cataluña y la compañía de zapadores) retirarse y ser relevadas por el batallón de Tarifa, que estaba ubicado a sus espaldas y defendía todavía a la Primera Batería. Tres compañías del Talavera, hasta ahora en reserva, serían las encargadas de ocupar las posiciones anteriormente tomadas por el Tarifa. Cuando los rifeños observaron que se estaba produciendo el relevo, se lanzaron contra los españoles aprovechando el desconcierto. Se arrojaron al hueco existente entre el Tarifa y el Cataluña para cortar el avance del primero y la retirada del segundo. El movimiento les salió a pedir de boca. En primer lugar, porque impidieron que el batallón Tarifa, expuesto a los disparos marroquíes, avanzase y completase el revelo. En segundo lugar, porque su ataque cortó también la retirada de la última compañía del Cataluña, una unidad que ya carecía de municiones y estaba más que extenuada.



En esta situación, el general ordenó a Cavalcanti y a sus hombres que apoyaran, en una carga desesperada, al Tarifa. El objetivo era lograr que los soldados completaran el relevo antes de que tanto ellos como los hombres del Cataluña fuesen destruidos. Había que ganar tiempo y los encargados de ello serían los jinetes del Alfonso XII. La respuesta de Cavalcanti a la llamada de su general fue hacer aquello para lo que sus jinetes habían sido entrenados, combatir cuerpo a cuerpo. Así, pues, tanto él como sus 65 valientes del Regimiento de Cazadores de Caballería Alfonso XII se lanzaron en una heroica carga contra el enemigo. En sus mentes estaban España y sus compañeros; en sus manos, los sables. Aquel ataque hizo cundir el pánico entre los harqueños, que empezaron a retroceder. A pesar de ello, la batalla estaba lejos de haberse ganado. Tras el primer choque, Cavalcanti ordenó en dos ocasiones a sus jinetes retirarse hasta un cañaveral cercano, con el objetivo de reagruparse y volver a atacar. La segunda carga la hizo con apenas 40 caballeros. La tercera, con una veintena. Después de esta heroicidad, los escasos hombres que todavía tenía a su cargo se retiraron de nuevo hasta el cañaveral, dejaron sus monturas a un lado, clavaron rodilla en tierra, y comenzaron una épica defensa contra el enemigo, ahora ávido de venganza.

Al ver la apurada situación de los del Alfonso XII, el teniente coronel Moreira ordenó a sus hombres del Tarifa que apoyaran a los jinetes. El propio teniente coronel quedó gravemente herido pero los harqueños se terminaron replegando. La batalla había llegado a su fin, pues se había conquistado el territorio, y todo, gracias a la valerosa actuación de unos pocos jinetes españoles. A las tres de la tarde, arribaron a la zona dos batallones más para asegurar la posición. Aunque eso no valió para mantener la loma. Al final, y ante la inminente caída de la noche, el ejército se retiró a Taxdirt y tuvo que ver cómo los rifeños tomaban de nuevo Tamsuyt. Una derrota en lo que se refiere a la pérdida del terreno, pero una victoria al fin y al cabo, pues se logró salvar a los últimos hombres del Cataluña y al Tarifa.

Al final de la contienda el teniente coronel contó 25 bajas, una sangría para una unidad de 65. Todos ellos fueron héroes, pues no solo lograron que sus compañeros pudiesen salvarse, sino que hicieron huir a aquel gigantesco contingente y sirvieron la victoria en bandeja a la infantería. Aquella actuación le valió a Cavalcanti (que acabó herido de gravedad) la preciada Cruz Laureada de San Fernando, además de un ascenso.




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