martes, 4 de diciembre de 2018

Un jabalí entre cerdos

Increíble, o al menos sorprendente....
Hoy, yendo con dos amigos por una senda de la Sierra de Cádiz, hemos visto a un jabalí acercarse



a una piara de cerdos ibéricos que comían bellotas bajo unas encinas. Después de perseguir a algunas hembras,



un macho se le acercó y pelearon; el jabalí levantó al cerdo, mucho mayor.



Las hembras también lo repelían y se acabó marchando a la carrera.



Lo bueno es que lo he cogido con la cámara, en plan safari fotográfico, como podéis ver en las fotos.








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jueves, 1 de noviembre de 2018

Asia Bibi ha sido absuelta

La cristiana paquistaní Asia Bibi saldrá en libertad tras ocho años esperando a morir en la horca. La Corte Suprema de Pakistán ha anulado la sentencia de muerte contra ella, impuesta en 2010 por el supuesto delito de blasfemia contra Mahoma.

Los jueces han tomado una decisión histórica, tras una larga espera que se ha debido a los problemas de seguridad que entrañaba el caso. El presiente de la Corte Suprema, Saqib Nisar, anunció en Islamabad el veredicto tres semanas después de haberse tomado una decisión. Este retraso se debió a las amenazas que partidos islamistas realizaron ante una posible sentencia favorable a Asia Bibi.



El anuncio se produjo entre fuertes medidas de seguridad con efectivos de la Policía antidisturbios y especialistas en desactivación de bombas a la entrada de la sede del máximo órgano judicial. En el interior de la sala comandos del cuerpo antiterrorista sin armas fueron desplegados para mantener la seguridad.

“Su condena ha sido anulada y debe ser liberada de inmediato si no hay otros cargos”, dijo el presidente del tribunal leyendo la sentencia. Los jueces han indicado que la fiscalía no presentó pruebas suficientes para ir más allá de toda duda razonable. Destacó, además, que el caso se basó en todo momento pruebas endebles, a la vez que no se habían seguido los procedimientos adecuados. Por otro lado, los magistrados recordaron que la supuesta confesión fue realizada frente a una multitud que “amenazaba con matarla”.

En estos ocho años de calvario que ha sufrido esta mujer de 47 años, madre de cuatro hijos, los islamistas han asesinado a personalidades relevantes que se atrevieron a defenderla en público. En 2011, Salman Taaser, gobernador de la provincia de Punjab pidió que se perdonara la vida de esta humilde campesina y que se revisaran las leyes de blasfemia; fue asesinado a tiros a plena luz del día por su propio escolta, partidario de este tipo de leyes. También en 2011 fue asesinado Shahbaz Bhatty, católico y ministro de minorías en Pakistán, cuando iba en coche fue tiroteado y asesinado tras haber defendido públicamente a Asia Bibi. Ella, por su parte, aprendio en la cárcel a leer con la Biblia, gracias a la ayuda de una funcionaria cristiana de la prisión, y dedicaba al libro sagrado buena parte de la jornada.

Ante esta situación, el gobierno de Pakistán deberá desplegar un importante dispositivo de seguridad para proteger a esta cristiana, aunque la única solución factible es que tanto ella como toda su familia abandonen el país, que lo hagan de manera secreta y no se conozca de momento su destino. Son ya varios países los que se han ofrecido para acoger a Asia Bibi.

Desde un principio el caso de Asia Bibi traspasó fronteras. Aunque han sido casi diez años desde que fue detenida, la presión internacional que se ha ido ejerciendo por numerosos países, organizaciones internacionales y cristianas y por la Iglesia finalmente ha surtido efecto.







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miércoles, 12 de septiembre de 2018

El dibujo más antiguo

El dibujo más antiguo fue efectuado por el "Homo sapiens" hace cerca de 73.000 años, unos 30.000 antes que los ejemplares descubiertos hasta ahora y realizados con la misma técnica. El hallazgo tuvo lugar hace tres años en la cueva sudafricana de Blombos, ubicada a 300 kilómetros al este de Ciudad del Cabo.



El dibujo está compuesto por nueve líneas finas entrecruzadas y realizadas con un "lápiz" de ocre puntiagudo sobre un pequeño trozo de silcreta, una roca silícea, detalló el artículo publicado en la revista Nature.

En la investigación participaron expertos internacionales de los laboratorios franceses Pacea y Traces.



El dibujo formaba parte de las capacidades del "Homo sapiens" en esa zona de África. Las líneas fueron trazadas voluntariamente. Tras reproducir el modelo con diferentes técnicas, como un pincel con la punta mojada en una mezcla de agua y ocre en polvo, comprobaron que fue efectuado con un trozo de ocre directamente y en una superficie que había sido alisada anteriormente.

El director de investigación, el italiano Francesco d'Errico, señaló que es "un milagro" que se haya conservado en buenas condiciones. El estrato donde fue descubierto el fragmento de silcreta ya había ofrecido otros objetos con marcas simbólicas, como trozos de ocre grabados con motivos abstractos, lo que refuerza la hipótesis de que esas líneas tenían una función simbólica, cuyo posible significado se está examinando.



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miércoles, 18 de julio de 2018

Elaborar pan antes de cultivar trigo

Si hasta ahora los orígenes de un alimento básico tan simbólico y emblemático como el pan han estado asociados a la aparición de los primeros cultivos, una investigación sobre 24 restos de comida carbonizada recuperados en el yacimiento de Shubayqa 1 (Jordania), liderada por la arqueobotánica vasca Amaia Arranz Otaegui, de la Universidad de Copenhague, ha comenzado a desmontar esta idea.

Hace unos 14.000 años, grupos de cazadores y recolectores del noreste de Jordania elaboraron los primeros panes de la humanidad, 4.000 años antes de que la invención de la agricultura y la explotación de los animales domésticos, en el Neolítico, hicieran posible el cultivo de los cereales con fines alimenticios. Un descubrimiento, publicado en la revista científica estadounidense Proceedings of the National Academic Science (PNAS), en el que también han tomado parte expertos del University College of London (UCL) y de la Universidad de Cambridge.



Amaia Arranz Otaegui, investigadora postdoctoral que cursó sus estudios en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), relata en declaraciones a Efe cómo fue el momento en el que tomo conciencia de que, entre los restos de comida quemada recuperados en las excavaciones de Shubayqa 1, se encontraban vestigios de los primeros panes elaborados por el ser humano.

"Hasta hace poco tiempo –explica la experta–, la arqueobotánica se había centrado en el análisis de semillas y carbones, ignorando que en los yacimientos existen otro tipo de evidencias que deben ser estudiadas, como los restos de comida" que "aportan la información más directa para conocer la dieta de nuestros antepasados". Arranz admite que estos hallazgos "no son fáciles de reconocer" en las excavaciones, porque "son literalmente amorfos, feos" y, "a ojos de alguien que no sea especialista", se pueden confundir con restos de estiércol, tubérculos o madera carbonizada en muy mal estado".

"Cuando estaba en Jordania, me di cuenta de que tenía materiales que no podía clasificar como semillas, tubérculos, madera o estiércol y por eso los llamaba restos de plantas procesadas", indica la investigadora, quien confiesa que realmente no comenzó a sospechar la importancia de lo que tenía entre manos hasta que decidió visitar a su colega de la UCL y coautora de la investigación, Lara González Carretero.

"Al ver las muestras sobre una mesa –describe–, Lara me dijo que se parecían mucho a otros restos de pan que ella había investigado en el yacimiento neolítico de Catalhüyük (Turquía). Casi nos caemos las dos al suelo cuando nos dimos cuenta de que teníamos ante nuestras narices los restos de pan más antiguos que se conocen y que eran al menos 4.000 años más antiguos que los que ella había estudiado para hacer su tesis doctoral que, precisamente, se titula: Los orígenes del pan".

Ahora, la investigación interdisciplinar desarrollada sobre estos restos alimenticios constituye "la evidencia empírica más temprana" conocida hasta el momento de "la preparación de productos parecidos al pan por parte de cazadores recolectores pertenecientes a la cultura natufiense (Oriente Medio), quienes emplearon para ello algunas de las especies consideradas posteriormente como los "cultivos fundadores" de la agricultura, como trigo escaña silvestre (Triticum boeoticum) así como tubérculos de la familia de la chufa y el papiro (Ciperáceas).

"Los restos sugieren que seguramente produjeron pan plano, del tipo conocido como pan de pita", señala la investigadora vasca quien no obstante aclara que, aunque en la actualidad este producto "constituye un alimento básico", probablemente en la cultura natufiense no era "consumido regularmente" y no se generalizó hasta la domesticación de los cereales y el surgimiento de la agricultura.

Arranz recuerda que antes de su descubrimiento otros autores ya plantearon la posibilidad de que algunos alimentos como el pan y la cerveza surgieran antes que la agricultura y que su consumo y producción pudieron acelerar el proceso de domesticación. "Pero ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?". A juicio de la investigadora vasca, los datos aportados ahora por su descubrimiento plantean que el pan llegó antes que la agricultura.


El pan de cada día tiene, de verdad, muchos días. Tantos que su existencia parece ser aún más temprana que la propia agricultura. Investigadores de la Universidad de Copenhague, la de Cambridge y del University College de Londres han descubierto en el noreste de Jordania los restos carbonizados de un pan plano cocido por cazadores-recolectores hace 14.400 años. Este pan, el más antiguo encontrado hasta la fecha, fue elaborado con cereales silvestres, adelantándose a la llegada de los cultivos en al menos 4.000 años.

Los científicos hallaron en las chimeneas de un yacimiento de la cultura natufiense conocido como Shubayqa 1, ubicado en el Desierto Negro, centenares de restos de comida carbonizada. Para Amaia Arranz Otaegui, primera autora del estudio y arqueobotánica de la Universidad de Copenhague, «es un hallazgo excepcional que nos permite conocer las prácticas alimentarias de hace 14.000 años». Según aparece publicado en la revista PNAS, los restos analizados muestran que los humanos que habitaban la zona recolectaron cebada, escanda (una variedad de trigo) y avena silvestres para molerlos, tamizarlos y amasarlos antes de cocinarlos.

¿Sabía bien ese pan antiguo? «La principal diferencia es que le añadían harina de una especie de planta acuática de la familia de la chufa. Estos tubérculos, que he tenido la oportunidad de degustar, tienen una textura arenosa, y un sabor un poco dulce. Por lo que la mezcla podría no estar nada mal», asegura Arranz A ABC por correo electrónico desde unas excavaciones en Irán. «En cuanto a su forma, el pan sería muy probablemente parecido al naan (pan árabe) o pita, pero sin levaduras», describe.


La elaboración del pan habría sido un proceso muy laborioso. «Primero tenían que encontrar el cereal, que no se sabe muy bien dónde crecía, por lo que quizás debían andar algunos kilómetros», explica Arranz. Tras recogerlo, había que descascarillarlo, una tarea muy trabajosa. «El trigo panizo que consumimos hoy en día es muy fácil de procesar, pero estos trigos silvestres tenían glumas y páleas que protegían el grano extraordinariamente bien», prosigue la investigadora. Una vez limpio el grano, esos primeros panaderos tenían que molerlo para conseguir harina que, en algunos casos, se mezclaba con la de los tubérculos, para crear una masa. Se desconoce si esa masa se dejaba fermentar o no, pero posteriormente era cocinada sobre las brasas calientes de un fuego, o sobre una piedra previamente calentada.

Los natufienses eran cazadores recolectores que vivían un período de transición. Se habían vuelto más sedentarios y su dieta comenzaba a cambiar. En algunos sitios relacionados con su cultura se han encontrado hojas de hoz de pedernal y otras herramientas de piedra, por lo que los arqueólogos sospechan que estos hombres habían empezado a explotar las plantas de una manera diferente y quizás más efectiva.

El motivo por el que decidieron elaborar pan es todavía un misterio. «Sería más fácil producir unas gachas, por ejemplo, pero prefirieron hacer pan. Creo que no es casualidad que el pan haya sido un alimento básico para millones de personas y que hoy en día, después de 14.000 años, todavía lo consumamos», dice Arranz.
Impulsor de la agricultura

Para algunos investigadores, el hallazgo de Jordania demuestra que la cocción se inventó antes que el cultivo. El arqueólogo Tobias Richter, de la Universidad de Copenhague, cree que esta producción «temprana y extremadamente lenta» de pan basada en cereales silvestres pudo ser «una de las fuerzas impulsoras clave detrás de la posterior revolución agrícola», según expresa en un comunicado. Arranz señala que este punto es muy difícil de demostrar. «Algunos dicen que el pan, cuando se produjo por primera vez, era un alimento reservado para ocasiones especiales o para las élites. De hecho, sabemos que en nuestro yacimiento no pudo ser cotidiano, ya que apenas hay cereales en el registro», explica la arqueóloga. «Estos autores sugieren que la necesidad de producir estos alimentos especiales o consumidos en festejos pudo ser una de las razones para iniciar el cultivo de cereales, que posteriormente (en unos 1.000 años) comenzarían a cambiar sus características morfológicas y terminarían dependiendo en los seres humanos para reproducirse (es decir, serían domesticados)», añade.

Los pequeños restos de los alimentos carbonizados fueron analizados con microscopía electrónica en un laboratorio del University College. Los investigadores encontraron en los hogares natufienses más de 65.000 restos, la mayoría de tubérculos comestibles de la familia de la chufa. También semillas de crucíferas (familia de la mostaza, muchas de ellas se utilizan como especias), leguminosas (de la familia de las lentejas), y también, claro está, cereales silvestres como el trigo (escaña), cebada y avena. En total, más de 90 plantas diferentes. Los científicos seguirán con sus estudios para saber por qué ciertos ingredientes fueron favorecidos sobre otros y finalmente seleccionados para el cultivo hasta convertir el pan en un alimento universal e indispensable en tantas mesas de todo el mundo.



















jueves, 21 de junio de 2018

Los vascos, con Castilla

Lejos de la imagen que quieren transmitir los nacionalistas de un pueblo aislado del resto de regiones españolas, la historia de lo que hoy conforman las tres provincias vascas está directamente vinculada a la de la Corona de Castilla desde hace más de siete siglos. Y, si bien el Señorío de Vizcaya y el Señorío de Arriaga (aproximadamente el 40% de la actual Álava) conservaron durante un tiempo sus propias instituciones, no tardaron en adoptar también ellos la legislación castellana.

Cada una de las tres regiones históricas, cuyos territorios no corresponden exactamente a los actuales, protagonizaron distintos procesos de unión al Reino de Castilla. Así, el único punto en común entre las tres es que la anexión se efectuó en el marco de la competencia entre la Corona de Navarra y la Corona de Castilla. Si finalmente la balanza se inclinó a favor de los reyes castellanos, fue en parte por la capacidad de estos de desarrollar una política de mutua conveniencia para estas regiones, donde cabía el respeto por sus instituciones medievales.
Guipúzcoa, entre Navarra y Castilla

La primera mención documental sobre Guipúzcoa data del siglo XI y en ella se señala que es una tierra perteneciente al Reino de Pamplona. Tras años de intermitentes guerras entre Castilla y Navarra, el 15 de abril de 1179 ambas partes acordaron que la primera se quedaría con la posesión de Rioja y Vizcaya, mientras Navarra se adjudicaría Guipúzcoa, Álava y el Duranguesado. La paz perduró hasta que la derrota castellana frente a los almohades en Alarcos, en 1195, impulsó a los monarcas de León y de Navarra a reabrir las hostilidades contra Alfonso VIII. El castellano, por su parte, se alió con el monarca aragonés y pactó con él el reparto de Navarra entre ambos mediante el tratado de Calatayud, el 20 de mayo de 1198.

Para el año 1200, Alfonso VIII de Castilla había incorporado Guipúzcoa de forma definitiva a su reino. Nada pudo hacer Navarra para evitarlo, frente al potencial militar de los castellanos y la firme decisión de las pueblas guipuzcoanas. Si bien se desconoce cómo estaban repartidos los apoyos entre los nobles, el pueblo, con vocación comercial, sintió mayor vinculación con el Reino de Castilla. La decisión se demostró sumamente acertada. Durante los siguientes años, frente al inmovilismo navarro, que en las últimas décadas del siglo XII solo había fundado San Sebastián (con el objetivo de obtener una salida al mar), Castilla promovió una ambiciosa reestructuración del territorio. La fundación de un total de veinticuatro núcleos, en algunos casos se trataba solo de la concesión de la categoría de villa, asentó el dominio castellano en Guipúzcoa en la primera mitad del siglo XIII.

Además de para fortalecer su posición, los reyes castellanos vieron claro el potencial marítimo de levantar villas en la zona. Entre los años 1203 y 1237, los reyes Alfonso VIII y Fernando III impulsaron la creación de cuatro localidades costeras –Fuenterrabía, Guetaria, Motrico y Zarauz– que en el futuro se revelaron cruciales para la presencia marítima del Reino de Castilla en el Cantábrico.

Si bien Navarra nunca renunció a sus reivindicaciones, solo Carlos II logró recuperar para su reino Guipúzcoa y Álava (1368), aunque fuera por un breve periodo. El navarro tuvo que desprenderse definitivamente de estas plazas en el pacto de amistad firmado con Enrique II en San Vicente (1373), entre otras cosas porque la nobleza local ya estaba plenamente integrada en Castilla.
Una fácil conquista en Álava

Hasta el siglo X la región de Álava era tan solo un territorio fronterizo del reino asturiano, donde se repetían las invasiones musulmanas desde el valle del Ebro. Cuando el dominio musulmán menguó en el norte de España, las coronas de Castilla y Navarra pusieron sus ojos en la región de Álava y desplegaron su influencia sobre los condes locales. En 1076, con el asesinato de Sancho IV de Pamplona, el rey Alfonso VI de León y de Castilla incorporó a su reino La Rioja, Vizcaya, Álava y, como ya hemos mencionado, parte de Guipúzcoa. No en vano, esta anexión y otras posteriores fueron solo de carácter temporal y hubo que esperar hasta principios del siglo XIII para que se produjera su unión definitiva a Castilla.

Entre 1199 y 1200, la preeminencia navarra sobre Álava sufrió un vuelco en el contexto del mencionado episodio bélico contra Castilla. El rey Alfonso VIII de Castilla conquistó por la vía militar Vitoria y parte de Álava. Tradicionalmente se ha creído que el dominio castellano sobre Álava fue previamente negociado con los nobles alaveses, descontentos con la política de los reyes navarros de fundación de villas. Al menos eso ha sostenido la historiografía clásica. Según defiende el profesor de la Universidad del País Vasco Jon Andoni Fernández de Larrea (autor del estudio «La conquista castellana de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado»), no está demostrada esta colaboración porque, «si bien la teoría de la colaboración es posible, no cuenta actualmente con ninguna prueba sólida, sólo con conjeturas e hipótesis indemostrables y documentos falsificados».

El origen de esta teoría estaría en un texto del siglo XVI donde se narra por primera vez cómo, al invadir Alfonso VIII Álava, los guipuzcoanos –ofendidos por desafueros desconocidos que les habría infligido el rey de Navarra– decidieron transferir su fidelidad al monarca castellano. «Con posterioridad la bola de nieve fue creciendo...».

También es importante mencionar que el territorio dominado por el Señorío de Arriaga, cerca del 40% de la actual Álava, fue independiente a Castilla hasta su autodisolución en 1332, fecha en la que se produjo la entrega voluntaria de las tierras de la Cofradía a Alfonso XI. En contrapartida a la autodisolución de esta institución de orden feudal, los hidalgos alaveses obtuvieron de Alfonso XI el reconocimiento de un estatuto jurídico privilegiado. La adhesión a Castilla se puede considerar plena desde el siglo XIV, salvo por un breve periodo de la guerra civil castellana en el siglo XIV entre Pedro I y Enrique de Trastámara, durante la que Carlos II de Navarra retuvo bajo su corona a las villas más importantes de Álava.
Vizcaya, un baluarte militar para Castilla

En el periodo de los Tercios de Flandes, cuando se hablaba de vizcaínos se hacía referencia a cualquier habitante procedente de las regiones vascas. Una demostración del protagonismo que adquirió el Señorío de Vizcaya en la incipiente Monarquía hispánica. Pero mucho antes de su adhesión, al igual que en Álava y Guipúzcoa, los nobles de Vizcaya se vieron en la tesitura de si acercarse a la esfera de Navarra o a la de Castilla. En 1153 se inclinaron a aceptar la soberanía castellana, pero hacia 1160 volvieron a la obediencia pamplonesa. Alfonso VIII ocupó el territorio en 1199 (junto con Álava y Guipúzcoa) y puso fin a la soberanía navarra sobre Vizcaya.

En su caso, la influencia castellana se impuso antes que en el resto de territorios vascos y se puede afirmar que el señorío de Vizcaya ya estaba completamente integrado al Reino de Castilla desde 1379. Y es que, desde el siglo XII, los reyes castellanos habían efectuado continuas alianzas con los señores de Vizcaya para sus empresas en la Reconquista. En agradecimiento a su esfuerzo bélico, los monarcas castellanos dispensaron numerosos cargos, honores y estados a los nobles vizcaínos. Fue, por tanto, una región históricamente beneficiada y cuidada por Castilla. Hacia 1330 el infante Alfonso de la Cerda consideraba que Álava, Guipúzcoa y La Rioja eran aún «propiedad» navarra, pero ya no decía nada de Vizcaya ante la alta penetración castellana.

A nivel político, el Señorío de Vizcaya era heredado por los sucesivos descendientes de la familia López de Haro, de origen navarro pero afiliación castellana, hasta que en 1370 recayó por herencia materna en el infante Juan de Castilla, permaneciendo desde entonces el señorío vinculado a la Corona, primero a la de Castilla y, luego, a la de España. La única condición era que el señor de turno jurase defender y mantener los fueros del señorío (los fueros de Vizcaya), que en su texto afirmaban que los vizcaínos podían desobedecer al señor que así no lo hiciera.































En el solsticio de verano

A las 12.07 de hoy (hora peninsular española) se producirá el solsticio de verano, un evento astronómico marcado por la posición de la Tierra con respecto al Sol y que hace comenzar el verano en el hemisferio norte y el invierno en el sur. Desde hoy, y aunque parezca contradictorio, los días comenzarán a acortarse en España. Se igualarán con las noches dentro de varios meses, cuando llegue el equinoccio de otoño.

Además, hoy todos los lugares situados al norte del ecuador tendrán días más largos de 12 horas, mientras que los situados al sur, los tendrán más cortos.

La forma más sencilla de notar que estamos en el solsticio es que los amaneceres ocurren muy temprano y los anocheceres muy tarde. Además, el Sol está muy alto en el cielo. Tanto, que a medio día la sombra que proyectará sobre los objetos será mínima, ya que la estrella estará casi sobre nuestras cabezas.



De hecho, si plantásemos una estaca perfectamente vertical en el suelo, veríamos que la sombra de esa varilla en el medio día de hoy es la más corta de todo el año, puesto que el Sol alcanza su máxima elevación. En este momento, la estrella estará en la vertical en los zonas situadas cerca de una latitud de 23,5 grados. En los otros lugares situados a otras latitudes, la sombra será mayor a causa de la inclinación del eje terrestre.
¿Por qué hay un solsticio de verano?

La causa de que haya un solsticio en verano es la misma de que haya estaciones. Su origen está en una sencilla cifra: 23,5. Estos son los grados de inclinación del eje de la Tierra en relación con el plano de órbita. ¿Qué significa esto? Si el planeta fuera una pelota girando en círculos sobre un plato llano, además habría que hacer rotar esta bola. Pero la Tierra no gira sobre sí misma de forma perpendicular al plato. Está inclinada 23,5 grados, como si fuera una peonza, pero además su eje siempre apunta en la misma dirección.

Nadie ha visto ni verá nunca ningún eje atravesando la Tierra. Este eje es solo una línea imaginaria que atraviesa el globo de polo a polo y que marca el movimiento de rotación del planeta sobre sí mismo. Gracias a la rotación hay días y noches y diferencia horaria.

Pero la Tierra no solo rota, también gira alrededor del Sol. Este movimiento se conoce como traslación y es el que determina la duración de los años. Este movimiento, junto a la inclinación del eje de rotación, determina que haya estaciones.

¿Por qué? A medida que la Tierra gira alrededor del Sol, su eje inclinado siempre señala en la misma dirección (por ejemplo, el extremo norte del eje de la Tierra apunta a un punto muy cercano a la estrella polar). Sin embargo, la posición de la Tierra respecto al Sol va cambiando todo el año. La consecuencia es que a veces el polo Norte está inclinado hacia el Sol pero otras veces está inclinado hacia el lado opuesto (aunque siempre mirando a la estrella polar). En el extremo sur ocurre lo contrario.

Por este motivo, salvo en los equinoccios, los dos hemisferios nunca reciben la misma cantidad de radiación solar y uno acaba calentándose más que el otro. En función de cómo sea esta situación, un hemisferio atravesará una estación y el otro la contraria, (por ejemplo, verano en el norte e invierno en el sur).

En el solsticio de verano, la parte norte del eje de la Tierra está inclinada hacia el Sol. Esto provoca que la cantidad de luz y calor que incide sobre el planeta sea máxima en el hemisferio norte y mínima en el sur.

Desde entonces, a medida que avanza el año y la Tierra se mueve en su órbita, los días se van acortando y la cantidad de luz y calor incidente se va reduciendo en el hemisferio norte. Un importante cambio ocurre en el equinoccio de otoño, alrededor del 22 o 23 de septiembre. En ese momento, la duración de los días prácticamente se iguala en el hemisferio norte y en el sur.
¿Qué pasaría si el eje no estuviera inclinado?

Si el eje de rotación de la Tierra no estuviera inclinado no habría estaciones ni tendría sentido hablar de meses: ambos hemisferios recibirían siempre la misma cantidad de radiación, sin importar la posición de la Tierra respecto al Sol. Algo así ocurre en Mercurio, que siempre está en un equinoccio de días idénticos.

Si el eje estuviera más inclinado de 23,5 grados, las diferencias estacionales serían más drásticas. Esto ocurre por ejemplo en Marte, cuyo eje está un grado y medio más inclinado que el terrestre. Por último, si el eje de rotación del planeta estuviera inclinado 90 grados, cada hemisferio estaría caliente la mitad del año y frío la otra mitad. En Urano ocurre algo muy parecido, puesto que tiene 98 grados de inclinación. Pero como su año dura 84 años terrestres, los veranos y los inviernos se alargan 42 años en cada hemisferio.
¿Por qué hace más calor en julio y agosto?

Si el verano comienza oficialmente el 21 de junio, ¿por qué hace menos calor este mes que en julio o agosto? Este efecto se llama retraso estacional. Igual que pasa con una olla puesta al fuego, hace falta cierto tiempo para que el agua (y todo lo demás), se caliente. Sencillamente, el Sol necesita tiempo para fundir la nieve y calentar los océanos del planeta.

Por este motivo, los días más calientes no coinciden con la época de los días más largos del año, que es la que ocurre en junio. Además, como el hemisferio norte y el sur no tienen la misma composición (el sur está cubierto por mayores extensiones de agua), no se calientan del mismo modo. Hay que tener en cuenta que, si la Tierra fuera como Marte, un desierto polvoriento, las temperaturas estacionales flucturían drásticamente, porque el agua es un potentísimo amortiguador natural gracias a su capacidad increíble de absorber calor.
¿Por qué está inclinado el eje de la Tierra?

Se supone que después de la formación de la Tierra su eje de rotación era perpendicular al plano de órbita definido por su movimiento de traslación (la llamada eclíptica). Pero algo inesperado ocurrió. Un gran cuerpo, conocido como Theia, impactó contra su superficie a gran velocidad. El choque produjo un cataclismo global que destruyó la superficie y liberó al espacio una gran cantidad de escombros. Con el tiempo, estos residuos se agregaron y formaron un cuerpo muy familiar en el cielo: la Luna.
¿Por qué la Tierra no es un reloj perfecto?

En realidad, el panorama es más complicado de lo explicado hasta aquí. La atmósfera alarga ligeramente los días (a causa de la refracción, la misma «ilusión óptica» que dobla la imagen de un lápiz bajo el agua), porque hace aparecer al Sol por encima del horizonte durante unos instantes cuando ya en realidad está bajo él. Además, la duración de los días no es la misma en todos los lugares de la Tierra, sino que depende de la latitud o distancia al ecuador (por eso en invierno los días son más largos en España, más cortos en Londres e inexistentes más al norte del círculo polar).

Lo hemos esperado con más ganas que nunca y por fin está a punto de llegar. El verano de 2018 comenzará mañana, 21 de junio, a las 12h 7m hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional, Ministerio de Fomento). Esta estación durará 93 días y 15 horas, y terminará el 23 de septiembre con el comienzo del otoño.

Los inicios de las estaciones no son un capricho, sino que se definen como aquellos instantes en los que la Tierra se encuentra en una determinada posición en su órbita alrededor del Sol. En el caso del verano, esta posición corresponde al punto en el que el centro del Sol, visto desde la Tierra, alcanza su máxima declinación Norte (+23º 27'). Cuando eso sucede, la altura máxima del Sol al mediodía apenas cambia durante varios días, circunstancia a la que se llama solsticio (Sol quieto) de verano. En el momento en que el verano empieza en el hemisferio norte, en el hemisferio sur hace lo propio el invierno.

El solsticio del verano puede producirse a lo sumo en tres fechas distintas del calendario: los días 20, 21 y 22 de junio, aunque durante el siglo XXI sólo ocurrirá los días 20 y 21 de junio. El inicio más tempranero sucederá el año 2096, y el inicio más tardío ocurrió el año 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que la duración de la órbita de la Tierra alrededor del Sol (conocida como año trópico) encaja en la secuencia de años bisiestos del calendario.

¡Por fin llegó! Si todos los años es la estación más esperada, este 2018 lo ha sido más que nunca. Después de una primavera más fría y húmeda de lo habitual que parecía no tener fin, este jueves 21 de junio es el primer día oficial del verano, lo que se conoce como solsticio de verano.

Pero, ¿qué es eso del solsticio y por qué ocurre? La razón va mucho más allá de una mera señal marcada en el calendario y tiene que ver con el elegante baile que nuestro planeta mantiene con el Sol. Como informa el Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional, Ministerio de Fomento), los inicios de las estaciones se definen como aquellos instantes en los que la Tierra se encuentra en una determinada posición en su órbita alrededor del astro rey.

En el caso del verano, esta posición corresponde al punto en el que el centro del Sol, visto desde la Tierra, alcanza su máxima declinación Norte (+23º 27'). Cuando eso sucede, la altura máxima del Sol al mediodía apenas cambia durante varios días, y a esta circunstancia se la llama solsticio (“Sol quieto”) de verano. En el momento en que el verano empieza en el hemisferio norte, en el hemisferio sur empieza el invierno.

El solsticio de verano es también el día más largo del año, entendiendo por ello el que tiene más horas de luz entre la salida y la puesta del Sol. Como ejemplo, en Madrid el día durará 15 horas y 3 minutos, a comparar con las 9 horas y 17 minutos que durará el día más corto (el 21 de diciembre). Como se puede ver, hay casi seis horas de diferencia entre el día más corto y el más largo. Esta diferencia depende mucho de la latitud del lugar, siendo nula en el ecuador y extrema (24 horas) por encima del círculo polar ártico. Es precisamente por encima del círculo polar boreal donde algunos días al año (alrededor del 21 de junio) se da el fenómeno del sol de medianoche, en que el Sol es visible por encima del horizonte durante las 24 horas del día. (En la Antártida, lo mismo ocurre alrededor del 21 de diciembre.)
Relojes desajustados

Es habital pensar que el día más largo del año será también el día en que el Sol salga más pronto y se ponga más tarde, pero no es así. Esto es debido a que la órbita de la Tierra alrededor del Sol no es circular sino elíptica y a que el eje de la Tierra está inclinado en una dirección que nada tiene que ver con el eje de dicha elipse.

Esto hace que un reloj solar y nuestros relojes, basados en un Sol medio ficticio, estén desajustados. El día en que el Sol sale más pronto es el 14 de junio, mientras que el día en que el Sol se pone más tarde es el 27 de junio.

Por estas fechas se da también el máximo alejamiento anual (afelio) entre la Tierra y el Sol. En el 2018, el máximo alejamiento se dará el día 6 de julio, siendo la distancia de algo más de 152 millones de km, unos 5 millones de km más que a principios de enero, cuando la distancia al Sol alcanzó su mínimo anual.


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