sábado, 9 de enero de 2010

Exposición "Casa de Alba"

A Rafa,
para que torne
a pintar
.



Voy a Sevilla, irremediablemente porque mañana termina la exposición de pintura que en el Museo de Bellas Artes han organizado con la colección privada de la Casa de Alba.

Han traído un total de cuarenta obras, treinta y siete cuadros y tres esculturas, de los palacios de Liria, de Madrid, y Las Dueñas, de Sevilla. En ellos quedan los que no han sido seleccionados por su dueña. Debe ser la primera vez que esta colección sale, siquiera parcialmente, de los muros ducales, y en "Sevilla tuvo que ser".

A lo largo de los tres meses que lleva abierta, he querido ir en diversas ocasiones pero no me he decidido unas veces por tener ocupaciones urgentes que resolver, otras por las gripes y constipados que nos han maltratado desde hace más de dos meses y las más otras por el temor de tener que esperar en la cola del público mucho tiempo dada la afluencia masiva que está teniendo desde el día de su inauguración. No había día en que no hubiera que esperar más de una hora en cualquier momento del día. La personalidad popular de la dueña de la colección es el verdadero causante del éxito de visitantes que está teniendo una exposición de pintura que, de otra forma, no pasaría de ser una más. Las exposiciones de Roelas o de Sorolla, en este último año, no han levantado esta expectación ni de lejos. Bueno, no estaba yo dispuesto a repetir la espera de cinco horas y media que tuvimos que soportar cuando la exposición de Velázquez en El Prado allá por el año 1990.

R. me dijo que había ido a verla. Ahora lo he llamado y se dispone a ir cogiendo sitio en la cola para que mi espera no sea larga. Con su moto se planta en la misma plaza de Murillo y cuando llego ya lleva dos horas de espera y ha ido dejando pasar a los que estaban detrás, qué paciencia.



Le relato mis problemas habidos al intentar aparcar el coche en las proximidades (qué ingenuo, parezco un lepero) y le explico que he tenido que volver hacia el puente de la Barqueta y luego recalar en el puente de los Leperos, muy propio. Me dice por lo bajini que quien se ha colado sin que él hubiera cedido el paso es la Tello, a la que han flanqueado el paso por la puerta de al lado. Claro, ser amigo de alguien sirve para algo.

Entramos sin más demora y la sala está abarrotada de público. Así no hay quien contemple nada; además no se puede hacer una mala foto, pues no paran de pasar gentes delante de cada cuadro. La Tello va rodeada de un enjambre de damas y no hay manera de ver las pinturas. Así que las fotos que ahora ofrezco al lector son en escasa cantidad de mi cámara y el resto ha salido de otras cámaras; para distinguirlas he colocado las ajenas en pareja. Las mías necesitan que se clicke sobre ellas para desplegarse.

Empezamos el recorrido en sentido contrario a las agujas del reloj. La colocación de los cuadros en la sala sigue un orden cronológico poco riguroso; por ejemplo un Romero de Torres va bien detrás de un Chagall. Tampoco se organizan por algún criterio expositivo o didáctico. Yo voy a seguir mi propio orden en la colocación de las fotografías, añadiendo a cada pintor sus fechas de nacimiento y muerte. Veamos.

De Tiziano (1477-1576) podemos contemplar dos pinturas; una es el magnífico retrato de "El Gran Duque de Alba" y la otra, "La Última Cena", etiquetada como de Tiziano y su taller (en mi opinión más bien del taller de Tiziano).

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Los barrocos italianos están representados por Guido Reni (1575-1642), el pintor de las miradas de arrobo, del que vemos un "San Lucas", y Francisco Furini (1600-1646), pintor que presenta paralelismos con Reni y al que ordenarse sacerdote no le impidió seguir pintando; de éste es "La Verdad" y además sabemos que de él cual hay otro cuadro en el Palacio de Dueñas.

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Rubens (1577-1640) aparece representado nada menos que tres veces. Está el retrato de "Felipe IV", de resonancias velazqueñas,



está la copia que hizo del cuadro de Tiziano "Carlos V y la emperatriz Isabel" (única copia, pero qué copiador, de la exposición) y, por último, el retrato de "El Duque de Alba". El cuadro que es copia lo vemos ahora en la ciudad más apropiada para verlo, toda vez que Carlos e Isabel se casaron precisamente en Sevilla; el reloj situado entre ambos personajes significa que ella ya había muerto y me trae a la memoria que he visto otra copia similar en el monasterio de Yuste, donde el César esperaría el momento de apartar el reloj del medio de los dos.

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El holandés Cornelio de Vos (1584-1651), hermano y cuñado de pintores y destacado por sus retratos de niños, está presente precisamente a través de "Retrato de un niño". Otro retrato es el cuadro de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) titulado "Retrato del canónigo Don Juan Antonio Miranda y Ramírez de Vergara".

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La "escuela de Haarlem" está representada por W. van de Velde, el Joven (1590-1630), con una "Marina", y su alumno Jan van Goyen (1596-1656), con un "Paisaje con bosque y valle".



Los caravaggescos claroscuros barrocos de Nápoles se pueden contemplar a través de José de Ribera (1591-1652), en su "Coronación de espinas", y de su seguidor Andrea Vaccaro (1604-70), en su "La Magdalena penitente" (cuadro idéntico a otro del mismo autor que se conserva en el Museo del Hermitage).

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Dos barrocos que supieron evolucionar a partir de sus maestros fueron el caravaggista flamenco Gerard Seghers (1612-1615), del que vemos "Artemisa", y el riberista napolitano Lucca Giodano (1634-1705), del que vemos "Sagrada Familia".



Dos paisajes contrastados son los que nos ofrecen el holandés pintor de árboles Jacobo Ruysdael (1628-1682), en "Paisaje" y el veneciano Francisco Guardi (1712-1793), en "Ruinas romanas".



La retratística neoclásica del diecisiete viene de la mano del checo Antonio Rafael Mengs (1728-1779), con un "Autorretrato", y del británico Jorge Romney (1734-1802), con un "Retrato de Richard Palmer".

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En el lugar más principal de la sala de la exposición está naturalmente el cuadro de Goya (1746-1828) con el retrato famoso, "La Duquesa de Alba de blanco". Aquella Cayetana enriqueció enormemente la colección pictórica de la Casa, hasta convertirla en la primera colección privada, no real, de España, pero a su muerte la disgregó también enormemente, hasta quedar reducida a una treintena de obras.



Pero Goya está por partida doble pues otro retrato de mujer acompaña al anterior; es "La marquesa de Lazán".

El académico Federico de Madrazo y Kuntz (1815-1894), romántico, hijo y sobrino de pintores y pintor de Cámara, aumenta la presencia de damas nobles con su "Eugenia de Montijo".

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Dos franceses del XIX nos llaman ahora la atención. Juan Augusto Domingo Ingres (1780-1867), romántico y violinista en sus ratos libres, se nos presenta con "Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al Duque de Berwick", pintura histórica de su etapa en Italia y única suya que se conserva en España. El Ducado de Berwick es un título nobiliario inglés, ligado al apellido Fitz-James Stuart, que ahora es ostentado por la actual Duquesa de Alba según la ley española; hay otro título igual ostentado por otra persona según la ley británica.
Camilo Corot (1796-1875), paisajista ligeramente romántico y maestro de los impresionistas, se nos ofrece con su "Pequeña vaquera junto al agua".

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Aparecen dos retratos de damas enmarcados en óvalo. Uno es del pintor de la realeza, el alemán Franz Xaver Winterhalter (1805-1873), "Francisca de Sales Portocarrero, Duquesa de Alba", y el otro de F. Madrazo, "Rosario Falcó y Osorio, duquesa de Siruela".

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De John Ferneley (1823) es "Charles Lamb de niño montando a caballo en Hyde Park" (donde se ve un caballo al trote con los cuatro cascos en el aire, pintado medio siglo antes de que ese detalle fuera recogido por una cámara fotográfica) y del precursor del impresionismo Eugenio Boudin (1824-1898), el paisaje de "El puerto de Trouville".



W. Fletcher (1840) nos presenta dos cuadros familiares, uno con "Las hijas de Swainson" y otro con "Los nietos de Swainson".



La pintura romántica española está representada por el sevillano Antonio María Esquivel (1806-1857), del que se expone "La bailaora Josefa Vargas".



Podemos ver dos formas diferentes de representar un florero comparando un cuadro del realista Enrique Fantin-Latour (1836-1904) titulado, sin más, "Florero" y otro del surrealista y expresionista Marc Chagall (1887-1985) titulado "Florero delante de la ventana". Éste es la última adquisición de la Casa de Alba, de allá por 1959.

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Del impresionista galante Pedro Augusto Renoir (1841-1919) es "Mujer con sombrero de cerezas". Lo compró la actual duquesa en su juventud.



El 17º Duque de Alba, Jacobo Fitz-James Steward y Falcó, padre de la actual Duquesa de Alba, está retratado por partida doble; el valenciano Mariano Benlliure (1862-1947) lo recogió en un busto de bronce y el también valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) lo reflejó en un cuadro a al óleo.

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De Mariano Benlliure es también el busto en mármol de la 18ª Duquesa de Alba, la actual Cayetana, retratada cuando tenía dos años.



De Julio Romero de Torres (1874-1930), pintor de la Generación del 98, regionalista y simbolista, está " Meditación", con una figura femenina, tocada de velo grande, sobre un paisaje urbano, el mismo fondo de paisaje que lucen otros cuadros del cordobés, como el panel "Córdoba judía" del Poema de Córdoba.



Mariano Benlliure retrató también a Rosario de Silva, niña, en busto de mármol. De Ignacio Zuloaqa (1870-1945) es "Retrato ecuestre de Cayetana".



Pero hay una obra que me llama poderosamente atención; esto es por tres motivos: porque se trata de un retrato espectacular, porque no lo conocía y porque me recuerda, con paralelismo casi milimétrico, otro cuadro del mismo autor. Es, y ya termino el recorrido por la exposición, el retrato, en rojo, que Ignacio Zuloaga hizo de Rosario de Silva, esposa de Jacobo y madre de la popular Cayetana (que viva muchos años).



En este post del blog no quiero hacer ningún estudio analítico de la exposición; me limito a trazar una descripción escueta, pero en este caso no me reprimo de explicitar la comparación y por ello pongo, para que el lector vea y admire, el cuadro que considero paralelo. Se trata del retrato, en azul, de Micaela Aramburu, que cuelga en el Museo de Bellas Artes de Cádiz.



Por cierto, que el actual director del Museo de Sevilla, donde nos encontramos, estuvo antes dirigiendo el Museo de Cádiz; y más antes estuvo en el de Cáceres (por espacio de unos veinte años, con la amistad de Jugimo). Le deseo que le vaya muy bien, mejor que al anterior.

Salimos y vemos que la fila de público sigue tan larga como cuando entramos. Rodea el edificio por la esquina contraria a la calle Alfonso XII y lo malo es que no se mueve. Nadie entra; ¿no habrá caído alguien en algún sistema para entrar sin esperar?



Miro el reloj y han pasado más de dos horas desde que entramos.

Bueno y ahora ¿qué hacemos? Lo que tú quieras; no, lo que quieras tú. En fin, nos decidimos por dirigirnos a Triana para comer tranquilamente de tapeo.









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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me estoy haciendo asiduo lector de tu blog. MJ

Anónimo dijo...

Me estoy hacieno asiduo lector de tu Blog. MJ

marbregal dijo...

Me alegro. A ver cuándo me hago yo del tuyo.