martes, 25 de mayo de 2010

Dureza y belleza del toreo

En el breve tiempo de un fin de semana la fiesta de los toros nos ha ofrecido sus dos aspectos más opuestos, que a la vez son los más íntimamente unidos. Hemos visto algo dramático, casi trágico, y hemos visto algo bello, casi sublime.

En Madrid, el viernes el torero madrileño Julio Aparicio era cogido por un toro jabonero, "Opíparo", de Juan Pedro, que lo empitonó por la garganta, con salida por la boca. Obsérvese cómo no suelta el estoque pese a lo comprometido de la situación.



La cogida recordaba grandemente a la que recibió el sevillano Franco Cardeño al recibir a portagayola al prietodelacal "Hocicón" en 1987, en La Maestranza, y a la que recibió el valenciano Granero del veragua "Pocapena" en 1922, también en Madrid, ésta con resultado mortal.

(Un mes después, las primeras declaraciones del torero van a ser éstas: "Todo el que se pone delante de un toro sabe qué puede ocurrir. Es una experiencia más, que me ha hecho fortalecer como torero y como hombre".)

Se daba la circunstancia de que el día anterior Aparicio había cortado las dos orejas a un toro en Nimes.

En el mismo Nimes, el domingo Morante de la Puebla realizaba una faena redonda y transportada a otros tiempos, que fue coronada con el triunfo bajo la Puerta de los Cónsules.



Se daba asimismo la circunstancia de que el toro al que le cortó el rabo era también de Juan Pedro.

Hay algo en lo que poca gente ha reparado. Rafael "El Gallo", clásico y genial, variado y vistoso, fue el primero que practicó el pase de capote a una mano. También fue el primero que toreó sentado en una silla (perfeccionando a Martincho, amigo de Goya); era por el año 1915 en La Maestranza. Resulta que murió el 25 de mayo de 1960, por lo que hoy se cumple medio siglo de ello. En el comienzo de esta misma semana Morante, clásico y genial, variado y vistoso, ha querido conmemorar ese medio siglo rindiendo tan romántico homenaje a uno de los toreros-manantiales en que bebe su inspiración.

Ahí están las dos caras de una misma moneda. La dureza del toreo hace grande su belleza.









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