Los principios del siglo XVIII no fueron fáciles para España y, tras la muerte sin descendencia de Carlos II el Hechizado, el país entró en una guerra civil que pasó a la historia como la Guerra de Sucesión y que enfrentó a austracistas y borbónicos. Un periodo en el que los británicos aprovecharon la situación para quedarse con territorios españoles como el Peñón de Gibraltar o la isla de Menorca.
Cuatro décadas después de esa guerra civil, llegó al trono Carlos III, el tercer hijo varón de Felipe V. Se centró en modernizar la estructura del Estado y la sociedad española, incluidas las Fuerzas Armadas. Entre sus objetivos estaba también volver a recuperar los territorios que España había perdido en la Guerra de Sucesión.
El 6 de enero de 1782, los españoles iniciaron el asalto definitivo al castillo de San Felipe, situado en la localidad de Mahón y punto clave de la presencia británica en Menorca. Allí se guarnecían las tropas británicas tras resistir dos meses de ataques y desgaste permanente. La ofensiva española de ese día debía ser el asalto final para recuperar este territorio insular y así lo fue.
Una flota de 52 navíos con unos 8.000 infantes de marina a bordo, liderados por el Duque de Crillón, comenzó a bombardear sin descanso el fuerte con la intención de hacer flaquear la resistencia británica y permitir el desembarco en las playas próximas al castillo. Un mes después, el 5 de febrero, los británicos ondearon la bandera blanca. Fueron capturados más de 3.000 soldados y oficiales británicos, incluyendo un mariscal de campo.
La victoria supuso un importante éxito estratégico para la Corona española y un golpe al poder naval del Reino Unido en el Mediterráneo. Como reconocimiento a la gesta, Carlos III estableció el 6 de enero como jornada dedicada a premiar el mérito militar. Desde entonces, la Pascua Militar se convirtió en una ocasión señalada para conceder ascensos, distinciones y condecoraciones a aquellos militares que habían destacado por su servicio a España.
