jueves, 13 de enero de 2022

A Benajima, en Arcos de la Frontera

En tiempo de invierno, en enero, hemos decidido realizar una marcha a pie para visitar la laguna de Benajima en el término de Arcos de la Frontera. Es un humedal gaditano con nombre de fuerte raigambre árabe.

La ruta comienza pasado el punto kilométrico 16 de la carretera A-372, de Arcos a El Bosque. Es un cruce de la carretera con una pista de tierra, antiguo camino de Algar a Villamartín. Si tomáramos a la izquierda llegaríamos a Las Pedrizas, y por ahí a Villamartín, pero vamos a tomar a la derecha y unos letreros nos indican que es el camino que va hacia la finca El Soto y hacia La Higuera.

Una vez tomada esta pista de tierra, a la derecha vemos en lo alto de la loma la casa del Pan de Higo. El paisaje en esta época del año presenta una dulzura visual que puede recordar al de la campiña inglesa. En realidad, cualquier época es buena para salir al campo.

Junto al camino podemos ver algunos ejemplares de lentisco bien desarrollados; tampoco faltan los palmitos. La alambrada del borde izquierdo se sustenta con palos o estacas de acebuche, como siempre fue tradicional en el campo andaluz, aprovechando la valiosa cualidad de esta madera de ser imputrescible, con lo que las estacas duran hincadas en el suelo muchos años, más que los postes de hierros que sucumben a la oxidación.

El sembrado presenta entre el verde unos surcos negros de tierra recién levantada. Es el destrozo que hacen los jabalíes, que ya constituyen una auténtica plaga para los campos de cultivo y para los de pasto.

A la izquierda hay una finca de aprovechamiento ganadero donde vemos una piara de cerdos ibéricos, con sus hocicos agudos y sus orejas caídas tapándole los ojos.

También a la vera del camino, algunos ejemplares de acebuche muestran orgullosos su porte, ganado a lo largo de muchos años, quizás cientos.

Seguimos y unos metros más adelante, a la izquierda, observamos un pozo con unas pilas anejas, las dos primeras de piedra caliza y luego una larga de hormigón en forma de medio tubo, artesanía cantera junto a manufactura moderna.

Cuando llevamos recorridos novecientos metros desde la carretera llegamos a la colada del Palo en el punto en que está la entrada al cortijo El Soto, entrada cuya cancela impide el paso por lo que fue siempre un camino público que por ahí llevaba a Algar. Cogemos dicha colada del Palo para la izquierda; se trata de la vía pecuaria que unía Arcos con Ubrique antes de que se construyera el embalse de los Hurones.

Cruzamos el arroyo de la Parra, que a partir de aquí lo vamos a ir viendo a la derecha, paralelo al camino, durante un kilómetro y medio mientras dejamos a la derecha las tierras de la Carrascosa.

El camino tiene a veces tramos rectos en los que llanea agradablemente, mientras lo acompañan quejigos que en esta época muestran sus características agallas.

También abundan las encinas. Algunas se presentan mancas de sus ramas principales, a consecuencia de podas agresivas realizadas cuando se carboneaba.

La colada sufre en algunos puntos estrechamientos, por invasión de las fincas colindantes. La que tenemos a la izquierda se conoce como Rodahuevos.

Así mismo vemos en otros puntos un ensanchamiento muy localizado, más bien recuperación de su anchura original, posiblemente obligado por necesidades de la entrada a la finca limítrofe.

La marcha incluye cuestas que hacen forzar la respiración, pero no son nada del otro mundo.

A la izquierda descubrimos un abrevadero, hecho de obra y posiblemente surtido por un pozo de sondeo.

En ese mismo punto, a la derecha se ve un abrevadero hecho de hierro y con carácter portátil, que se nutre con lo que aporta un tubo de goma que, travesando el camino, viene del abrevadero de la izquierda.

Unos metros más arriba aparece a la izquierda un pozo, con brocal de ladrillo, del que ahora pensamos que puede salir el agua que los animales beben en el abrevadero que hemos visto antes.

Hay un desvío a la izquierda que lleva al Cortijo Sierra y Lago pero nosotros seguiremos de frente.

Afrontamos un último repecho a la altura del paraje llamado la Roza Larga, que es lo que vamos dejando a la izquierda.

La cuesta abajo, caritativa, nos enfila al último desvío, que sí cogeremos. A lo lejos, en el horizonte, vemos a la izquierda el perfil de la Sierra de la Silla.

Llegamos a un punto donde a la izquierda sale un carril que, tras doscientos metros, nos llevará a la laguna.

En el comienzo de este carril hay una doble fila de pacas grandes de paja vieja.

Quedan ya pocos metros para llegar a nuestro objetivo, con un espacio algo abierto y un cerro, la loma de Los Gallegos, al fondo,

pero antes de llegar giramos la vista a la izquierda y, a una distancia corta, vemos un abrevadero en cota un poquito más elevada que nosotros.

Llegamos, por fin, a la laguna de Benajima. Se trata de una laguna endorreica porque no tiene salida del agua y se llena básicamente con las lluvias. Muy próximo a ella pasa el arroyo de Benajima, que pese a la identidad de nombre no funciona como canal de desagüe. Los endorreísmos constituyen sistemas ecológicos con características propias, derivadas de su temporalidad, de sus ciclos estacionales.

El nivel del agua está bajo porque ha llovido muy poco en lo que va de invierno.

La laguna está repleta de plantas acuáticas, principalmente la enea.

A la derecha, mirando conforme hemos llegado, pasa un camino.

Una sorpresa poco agradable nos interrumpe en nuestro recreo visual; es una cárcava que se está aproximando a la orilla de la laguna. Si avanza, y llega a romper el dique perimetral, el agua saldrá por ahí y no podrá alcanzarse un nivel óptimo aunque llueva mucho. Lo malo es que parece que esta cárcava ha sido producida artificialmente.

Toca volver.


Entre la ida y la vuelta habremos hecho nueve kilómetros y medio. Es un buen ejercicio.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Variedades de aceitunas

España es el primer país del mundo en el cultivo del olivar. Debería ser una obligación de sus habitantes conocer algo de esta principal producción, que además va en clara expansión. Las aceitunas, fruto del olivar, son diferentes según las distintas regiones. Hablemos de esas variedades cultivadas en España, distinguiendo algo entre los diversos tipos de aceites. El aceite es nuestro oro líquido, medicina pura y joya de la gastronomía.

Arbequina

Es propia de la provincia de Lérida.

Se usa tanto para mesa como para aceite. Su aceite es delicado, dulce (sin amargor) con sensación almendrada y a veces con cierto picante. 

Cornicabra

También se conoce como cornezuelo, corniche y osnal. Es propia de la provincia de Toledo.

Su aceite de cosecha temprana es potente; en boca resulta picante, amargo y con astringencia. El maduro es aromático y más suave.

Empeltre

También se conoce como aragonesa y mallorquina. Es propia de Aragón y Baleares.

Se usa tanto para mesa como para aceite. Como aderezo es menos apreciada que la manzanilla y la hojiblanca. Su aceite es de sabor suave y dulce con toque afrutado.

Gordal

Es propia de la provincia de Sevilla.

Se usa para mesa solamente. Su pulpa es proporcionalmente mayor que la de otras variedades. Su rendimiento en aceite es muy bajo y el jugo que resulta es muy inestable.

Hojiblanca

También se conoce como lucentina. Es propia de la provincia de Málaga.

Se usa tanto para mesa como para aceite. Su aceite de cosecha temprana en boca suele tener un picante tardío y creciente y astringencia, a veces con algo de amargor. El maduro mantiene el picante pero no amargor ni astringencia, dejando sensación aterciopelada en la boca.

Lechín

También se conoce como zorzaleña. Es propia de la provincia de Cádiz.

Se usa tanto para mesa como para aceite. Su aceite presenta un perfil equilibrado, casi sin picor y amargor, pero apenas tiene resistencia a la oxidación, por lo que normalmente se mezcla con picual u hojiblanca.

Manzanilla

Es propia de la provincia de Cáceres.

Se usa tanto para mesa como para aceite (aunque con rendimiento bajo: se necesitan 14 kilos de aceituna para obtener 1 litro). Su aceite temprano es denso, poco amargo, ligeramente picante y con baja astringencia. Su aceite maduro es dulce y almendrado.

Picual

También se conoce como marteña. Es propia de la provincia de Jaén.

Su aceite tiene mucho cuerpo (por su alto contenido de ácido oleico). Si es de cosecha temprana presenta un picor y un amargor altos (por su contenido de polifenoles). El picual maduro tiene el picor y el amargor menos intensos, igual que la astringencia.

Picudo

También se conoce como carrasqueña. Es propia de la provincia de Córdoba.


 Su aceite es muy aromático y equilibrado. Si es verde en boca denota cierto amargor, pero baja intensidad en picante y astringencia. Como maduro tiende a utilizarse para mezclar con aceites hojiblancos. 

Villalonga

Es propia de la Comunidad Valenciana.

Su aceite es ligeramente amargo y picante, con sabor frutado persistente en boca.

Podemos parar. Hay más variedades (alameña, alfafara, aloreña, arroniz, blanqueta, campanil, castellana, changlot real, chorrúa, escarabajuela, farga, loaime, lucia, machona, morisca, morruda, negral, nevadilla de Alhama, palomar, redondilla, royal de Cazorla, serrana, sevillenca, verdial); fuera de España existen otras variedades. También podríamos señalar más diferencias entre unas y otras (forma y tamaño del árbol, resistencia a las enfermedades, forma de la hoja y del fruto, productividad, resistencia al desprendimiento, composición de los ácidos grasos, rendimiento, notas olfativas, temperaturas de descomposición...), pero por ahora es suficiente.

Bien, después de este breve repaso confiemos en que los españoles conozcan algo más de su común patrimonio natural.



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lunes, 25 de octubre de 2021

Una Vanessa en el Generalife

Paseando por la Alhambra de Granada, he tenido la suerte de encontrarme con una mariposa, que aceptó gentilmente la aproximación de mi cámara fotográfica para que pudiera sacarle torpemente una imagen; digo torpemente porque la belleza del natural no he sido capaz de aprehenderla en la foto.


Se trata de un ejemplar de la especie Vanessa atalanta (de la familia Nynphalidae). La podemos describir diciendo que sus alas anteriores tienen unas manchas blancas cerca del ápice y una línea roja gruesa sobre fondo oscuro (marrón a un lado y negro al otro). Las alas posteriores, oscuras también, tienen en su margen un borde rojo ancho con manchitas oscuras y unas manchas azules, casi imperceptibles, en la esquina interna.

Este lepidóptero tenía un tamaño de casi cinco centímetros de envergadura, lo que es mucho pues el tamaño medio ronda los treinta milímetros. Su hábitat suelen ser los prados, las zonas de matorral, los claros de bosques y las zonas ajardinadas; efectivamente la encontré al poco de entrar en el recinto de los Jardines del Generalife (no tenía mal gusto la señorita).

Es una de las especies de mariposas más extendidas del mundo. Puede encontrarse hasta en unas altitudes de 2.000 metros, a lo largo de todo el Hemisferio Norte y puede migrar hasta el Círculo Polar Ártico. Se ve por toda la Península Ibérica, Canarias y Azores, de tal manera que mi descubrimiento granadino no fue ninguna cosa excepcional.

Tiene dos generaciones, una en abril - junio y otra en julio - septiembre, normalmente. Es quizás la mariposa que perdura más, hasta muy cerca del invierno; de hecho, era ya la segunda mitad de octubre cuando descubrí la que pude fotografiar.




La Vanessa, como otras especies de mariposas, utiliza técnicas de camuflaje para salvarse de sus depredadores, que suelen ser aves principalmente. Para ello han desarrollado sistemas de coloración que las vuelven casi invisibles en hábitats variables. Cuando se posa en el suelo, si está en una zona árida,  pliega sus alas para que aparezca el reverso, con sus colores ceniza y ocres que semejan a ese suelo. Si está en un hábitat de flores y vegetación se posa con sus alas abiertas y muestra la parte superior, con colores marrones, rojos, negros y blancos.

Cuando sorprendí a la mariposa (en realidad yo fui el sorprendido) tenía las alas desplegadas y la pude disfrutar en todo su esplendor durante un tiempo suficiente, que me regaló. En éstas llegó otro viandante y, avaricioso, quiso fotografiarla muy de cerca pero ella cerró en ese momento sus alas dejándonos ver sólo la terrosa apariencia de revés o ventral e inmediatamente voló y desapareció. De todas maneras, gracias, Vanesita.



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miércoles, 4 de agosto de 2021

Datación de las pinturas neandertales de Ardales

La revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha publicado los resultados de una investigación sobre la cueva de Ardales (Málaga) en la que han participado científicos de la Universidad de Cádiz, de la Universidad de Barcelona, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de la Universidad de Burdeos y del Neanderthal Museum de Alemania.

Esta cueva tiene un arte parietal paleolítico de los más importantes del sur de Europa y se han contabilizado ya más de mil representaciones gráficas, tanto abstractas como figurativas. En su interior se han encontrado además herramientas para el procesamiento de colorantes y fragmentos de pigmentos. En la investigación han participado, entre otros, los catedráticos José Ramos (Prehistoria) y Salvador Domínguez-Bella (Cristalografía y Mineralogía) y el científico Pedro Cantalejo, de la Universidad de Cádiz; y los investigadores África Pitarch Martí y Joao Zilhao, de la Universidad de Barcelona.

Los más escépticos habían puesto en duda, en 2018, que las marcas rojas de la superficie de una estalagmita localizada en medio de una gran sala (Sala de las Estrellas) en la caverna de Ardales sean de origen humano, manteniendo que podría tratarse de depósitos naturales. Ahora los investigadores han comprobado, en este nuevo estudio, que fueron hechas con un pigmento a base de ocre y aplicado de una forma intencionada, con lo que han corroborado su origen humano y mantienen que esas marcas no tienen un origen natural. Ese ocre (óxido de hierro básicamente) no existe en el resto de la cueva. Por tanto, son probablemente las pinturas rupestres conocidas más antiguas del mundo, ya que fueron realizadas hace unos 65.000 años (al menos, 64.800 años). Los investigadores han comprobado además que los neandertales habrían accedido en varias ocasiones a esa cueva para marcar simbólicamente y de una forma intencionada y reiterada la estalagmita. Aunque los trazos más antiguos son de hace unos 65.000 años, hay otros en otras columnas de la misma estalagmita que son más recientes, todo eso en un rango de unos 20.000 años y siempre por neandertales. El ocre que utilizaron para hacer esas pinturas lo habrían recolectado en el exterior de la cueva. La localización y la distribución de las marcas, así como el tamaño y morfología de los cristales que componen esos residuos rojos en la estalagmita descartan que se trate de depósitos de origen natural, según los investigadores.

Los principales centros de investigación que han intervenido en el trabajo han destacado que uno de los retos principales de la arqueología es determinar en qué momento aparecieron los símbolos y qué implicaciones tuvo su uso en el comportamientos humano. La investigación supone la constatación de que las poblaciones neandertales eran sociedades perfectamente organizadas, en sus aspectos sociales, económicos y simbólicos, según ha explicado el catedrático José Ramos.

Joao Zilhao ha observado, por su parte, que los datos de la cueva de Ardales y otras cuevas ibéricas con arte parietal realizado hace más de 65.000 años revelan que el mundo subterráneo tuvo un papel fundamental en los sistemas simbólicos de las comunidades neandertales. La acción de marcar repetidamente con pigmento rojo formaciones tan imponentes como la cúpula de Ardales sugiere que sus autores querían resaltar y perpetuar la importancia de ese emplazamiento a través de narraciones transmitidas entre generaciones. Es posible que “la imagen no tenga función o significado hasta que no está en el sitio; la función no la da la imagen, la da el lugar

Las pinturas más antiguas encontradas hasta ahora son las de tres cuevas españolas. Las cronologías de hasta 64.800 años corresponden a una mano en Maltravieso (Cáceres), a un conjunto de trazos lineales formando un símbolo similar a una escalera en La Pasiega (Cantabria) y a un grupo de estalagmitas coloreadas en Ardales (Málaga). Otro ejemplo es el de la cueva de El Castillo (Cantabria), donde se ha obtenido una edad mínima de 40.800 años para un disco rojo. Por contra, en pinturas analizadas en las islas de Borneo y Sulawesi (Indonesia) se han obtenido y datado unas edades mínimas de 39.900 y 43.900 años respectivamente.

La datación de los tres enclaves españoles ha desatado un debate muy intenso en la comunidad científica, porque sugiere que las pinturas habrían sido realizadas al menos 20.000 años antes de la llegada de los hombres modernos al continente europeo, lo que apunta a una autoría neandertal. No obstante, para Roberto Ontañón, director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, aún hay mucho que investigar y descubrir sobre los detalles de estas pinturas antes de descartar la hipótesis alternativa: que los autores fueran sapiens que llegaron mucho antes por el estrecho de Gibraltar y no los neandertales.

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lunes, 21 de junio de 2021

Eratóstenes midió la circunferencia terrestre

El griego Eratóstenes, que vivió en el siglo II aC, observó que el 21 de junio el Sol al caer sobre los objetos no produce sombra en la ciudad egipcia de Asuán, antigua Siena, (lo que indica que está sobre el Trópico de Cáncer). Ese mismo día en Alejandría sí hay sombra. Lo explicó como consecuencia de la esfericidad de la Tierra.


Midió la distancia entre Asuán y Alejandría y resultó ser de 5.000 estadios egipcios. El estadio egipcio equivale a 157,5 metros aproximadamente. Partió del supuesto de que Asuán y Alejandría están en el mismo meridiano (aunque hoy sabemos que distan 3º) y que el Sol está tan lejos que sus rayos se pueden considerar paralelos. Puso en cada sitio una estaca vertical o gnomon un 21 de junio y se procedió a medir la sombra proyectada por el sol en las dos ciudades.

Halló que la diferencia entre el cenit de Alejandría y el de Asuán era un arco de 7º 12', equivalente a una cincuenteava parte del círculo completo. Entonces multiplicó 5.000 estadios por 50 y el resultado fue que el perímetro de la Tierra mide 250.000 estadios o 39.614 kilómetros. Hoy sabemos que la Tierra mide 40.075 km. Se equivocó en menos de un 1%, porcentaje debido a pequeñas anomalías que no podían conocerse entonces.



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viernes, 28 de mayo de 2021

El lince: los mejores datos en veinte años

El Grupo de Trabajo del Lince, coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), ha presentado su informe de 2020, que recoge el mejor balance en veinte años del estado de la población de la especie, que ha alcanzado en España y Portugal la cifra récord de 1.111 ejemplares. Tengamos en cuenta que en 2002 se contabilizaron menos de 100 ejemplares.

La ministra Teresa Ribera, ha señalado que es «una de las mayores alegrías, pues el lince ibérico es una especia sensible, emblemática y en peligro de extinción. Para poder alcanzar esta cifra tan positiva hemos combinado lo mejor en esfuerzos administrativos y conocimiento. Se han superado las previsiones iniciales y otros desafíos enormemente importantes, como enfermedades no conocidas».


El grupo constata que el pasado año fue muy bueno para la evolución de la especie, con un incremento poblacional del 30% respecto al censo de 2019. Esta curva demográfica permite ser optimista y aleja al gran felino ibérico del riesgo crítico de desaparición. Sin embargo, los expertos piden prudencia e insisten en la necesidad de mantener los esfuerzos y los programas en marcha, dado que la especie no está fuera de peligro.

Una gran mayoría de los ejemplares (el 87,5%) se distribuyen en distintas zonas del cuadrante suroccidental de España, especialmente en los cinco núcleos de Andalucía, que acogen a más de la mitad de la población española, seguidos de Castilla-La Mancha -con un tercio de los linces- y Extremadura, con 141 ejemplares. En Portugal habitan 140 linces en el área del Valle del Guadiana.

En total existen 14 núcleos con presencia estable de linces en la Península Ibérica, siendo los más importantes los localizados en el entorno de Sierra Morena -con 603 linces-, los Montes de Toledo (145), el Valle del Guadiana (140) y el área de Matachel en Extremadura (131).

En 2020 se contabilizaron 414 nacimientos de 239 hembras reproductoras. La productividad global fue de 1,7 cachorros nacidos por hembra . Tanto el número total de linces como el número de hembras reproductoras y el número de cachorros nacidos muestran una tendencia positiva desde el inicio de los programas coordinados de actuación, en 2002.

Para alcanzar estas cifras positivas han tenido un papel clave la gestión del hábitat, la protección ante amenazas existentes en el medio natural y el programa de conservación ex situ. Esto último engloba los trabajos de cría en cautividad y la reintroducción de ejemplares; es fruto de las actuaciones coordinadas en el marco del Memorando de Entendimiento para la aplicación de la Estrategia de Conservación del Lince ibérico en España, suscrito entre el MITECO y las comunidades autónomas de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Portugal también participa activamente en este programa.

Las primeras sueltas de linces al medio natural de individuos nacidos en comenzaron en 2011. Desde entonces hasta 2021 se han reintroducido 305 ejemplares. La supervivencia y aclimatación de estos ejemplares en todas las áreas de liberación seleccionadas es elevada.

El MITECO, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, contribuye activamente con sus propios fondos a este programa de conservación ex situ, manteniendo y gestionando dos de los cuatro centros de cría existentes: Zarza de Granadilla (Extremadura) y El Acebuche (Andalucía). Los restantes centros de cría son gestionados por Andalucía (Centro de cría de La Olivilla) y por Portugal (Centro Nacional de Reprodução de Lince Ibérico o Centro de Silves).

viernes, 23 de abril de 2021

Los Comuneros en Villalar, hace 500 años

 Hoy se cumplen cinco siglos. El 23 de abril de 1521 el movimiento insurreccional de los comuneros sufrió la derrota definitiva en Villalar (Valladolid). No vamos a extendernos ni en las causas ni en las consecuencias de aquel acontecimiento. Vamos a centrarnos sólo en lo que ocurrió aquel día.

Las tropas comuneras, dirigidas por Juan de Padilla, se encontraban en Torrelobatón desde hacía dos meses y se componían, según Joseph Pérez, de 6.000 hombres (7.000, según otros autores), entre los cuales había 400 o 500 lanzas y 1.000 escopeteros.

Las tropas fieles a Carlos I, dirigidas por el almirante Fadrique Enríquez y el condestable Íñigo de Velasco, se componían de 3.000 infantes, 600 lanzas (1.800, según otros), 2 cañones, 2 culebrinas y 5 piezas ligeras de artillería. Estaban concentradas en Peñaflor, a once kilómetros de Torrelobatón.

La batalla se produjo con ocasión del traslado de las tropas comuneras, que decidieron salir de Torrelobatón en dirección a Toro (Zamora). Habían partido de madrugada y era día de lluvia; marchaban por el curso del río Hornija. El almirante y el condestable iban en persecución. Al llegar a Vega de Valdetronco Padilla quiso acampar para afrontar allí a los perseguidores, pues el lugar le ofrecía situación ventajosa, pero los otros dirigentes se opusieron a esa idea.

Siguieron adelante y, pasado Marzales, a dos kilómetros antes de llegar a Villalar los partidarios de Carlos, que marchaban a gran velocidad, les dieron alcance. Aunque los de Padilla querían combatir dentro del pueblo, el enfrentamiento tuvo lugar en el Puente de Fierro, que cruza el arroyo de los Molinos metros antes de que éste desemboque en el Hornija. Hubo huidas en las filas comuneras y el ataque de la caballería real fue tan rápido que no permitió a los contrarios el despliegue.

Iniciado el combate, Juan de Padilla derribó de su caballo a Pedro de Bazán y a otros hombres fieles a Carlos. Poco después fue herido en una pierna por Alonso de la Cueva, al que tuvo que entregar la espada y un guantelete en signo de rendición. Juan de Ulloa se acercó e informado de que era Juan de Padilla le dio una cuchillada en la cara, lo que pareció muy feo a todos. 

Los comuneros, que estaban cansados de la marcha precipitada y de andar sobre el barro, fueron presa fácil y pagaron con mil muertos (quinientos, según otros). Los demás jefes también fueron apresados, junto a unos miles de sus hombres; Maldonado incluso había sido abandonado por todos los suyos. Tras la derrota, de aquellos que pudieron huir unos fueron hacia Toro, perseguidos por el conde de Haro (hijo del condestable), otros atravesaron por Fermoselle hasta Portugal y un pequeño resto marchó a Toledo.

Los jefes comuneros, el toledano Juan de Padilla, el segoviano Juan Bravo y el salmantino Francisco Maldonado fueron conducidos al castillo de Villalba (situado entre Villalar y Pedrosa) para pasar la noche. El almirante y otros quisieron salvarles la vida pero el 24 de abril fueron juzgados en Villalar.

El tribunal, de tres jueces, estaba formado por el alcalde doctor Cornejo, el licenciado Alcalá y el licenciado Salmerón, actuando de notario el escribano Luis Madera; también estaba presente el cardenal Adriano de Utrecht. Los acusado reconocieron los hechos y fueron condenados a muerte, por traición, alboroto del pueblo, usurpación de poder y otros delitos; sus bienes fueron confiscados. 

Tras confesión con un fraile, fueron sacados sobre mulas. Delante, el pregonero iba diciendo: "A estos caballeros mándanlos degollar por traidores". Juan Bravo le gritó: "Mientes; traidores, no sino celosos del bien común y defensores de la libertad del reino". Padilla le recriminó: "Señor Juan Bravo, ayer era día de pelear como caballeros y hoy, de morir como cristianos".

Fueron ejecutados inmediatamente en el patíbulo montado en la plaza del pueblo. Bravo pidió ser ajusticiado primero por no ver a su jefe morir pero ante el verdugo se resistió; Padilla murió con entereza, rezando "Señor, no hagas con nosotros según nuestros pecados". Las cabezas fueron colgadas en la picota; a finales del siglo XIX todavía se mostraba en Villalar una piedra con tres clavos en la que, se decía, habían estado clavadas las tres cabezas.

Otro jefe comunero, Pedro Maldonado (primo de Francisco), no fue ejecutado entonces sino el 16 de agosto de 1522 en Simancas.


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lunes, 15 de marzo de 2021

Huellas en Ojo Guareña

La editorial Springer reúne en una monografía 22 capítulos dedicados a la investigación y análisis de los principales rastros de huellas humanas prehistóricas conservados en el mundo, incluyendo el trabajo más reciente de los investigadores del CENIEH sobre un rastro de más 1200 huellas humanas en la arcilla a más de un kilómetro de profundidad en la Cueva Palomera (Burgos).

En el año 1969 cinco espeleólogos del grupo Edelweiss que inspeccionaban las galerías en el sistema kárstico de Ojo Guareña, en Burgos llegaron hasta una sala en las profundidades de la cueva y, a pesar de lo largo y dificultoso que había sido el recorrido, por un momento pensaron que otro grupo se les había adelantado: el suelo estaba lleno de pisadas. Cuando se acercaron a observarlas de cerca se dieron cuenta de lo que tenían delante. Eliseo Rubio acercó su luz al suelo y exclamó sobresaltado:¡huellas de pies! ¡Pies descalzos! No podía dar crédito a sus ojos. A lo largo de las dos galerías había centenares de pisadas de pies de diferentes tamaños, en sentido de ida y vuelta, en un recorrido de unos 300 metros. Parecían muy antiguas.

Cincuenta años después, aquel rastro de más de 1.200 huellas en la profundidad de la cueva sigue albergando un misterio que el equipo de la investigadora Ana Isabel Ortega está empezando a desentrañar. El estudio de estas pisadas, en un lugar de muy difícil acceso, se ha visto muy limitado porque se trata de huellas “frescas” sobre la arcilla. Si se pisan desparecen. De hecho, en algunas zonas aún se pueden observar las pisadas de las botas de los primeros espeleólogos, aunque por fortuna la protección del lugar lo ha mantenido a salvo del deterioro y la espera del desarrollo de técnicas de análisis no invasivas ha dado sus frutos. Ortega pudo llegar hasta este lugar a más de 1,2 kilómetros de distancia de la entrada de la cueva y realizar el primer escaneo mediante láser óptico y fotogrametría de las huellas. Desde entonces, ha estado documentando su morfología y su disposición para recomponer su historia y saber quiénes dejaron aquellas marcas en el barro.

Las huellas se encuentran en dos galerías muy amplias, de más de cien metros de longitud y unos diez metros de anchura. En total, han podido reconstruir hasta 18 rastros individuales de pisadas de un grupo de entre diez y doce individuos, La superposición de las huellas de regreso indica que avanzaron hasta el fondo de la galería y regresaron sobre sus pasos. Parece que era un grupo que estaba explorando. En la Galería 1, algunos se separan hacia las paredes para ver qué hay. En una zona se ve un gran barullo de huellas, donde la mayoría se quedó esperando y solo uno o dos entraron a indagar. En la Galería 2 hay otra historia parecida; los autores de las huellas entraron hasta el fondo y, al ver que no había salida, regresaron sobre sus pasos. Aquí, en el ensanche que sale a la derecha, están las huellas de un individuo que se desvió del grupo y se quedó en la esquina; claramente se acerca a ver lo que hay. Parece que es una exploración.

La disposición de las pisadas apunta a que se trató de una sola incursión en cada galería y ahora los científicos pretenden confirmar, mediante análisis morfológico comparativo, si las marcas de las dos galerías son del mismo grupo o si fueron dos exploraciones diferentes. En el último análisis se han estudiado 39 huellas de 7 rastros distintos, dos de ida y cinco de salida. Se estima que su altura era de entre 175 y 179 cm y que pesaban entre los 76 y los 99 kilos. Parece que todos eran personas adultas, quizá hombres, y se cree que había uno que cargaba con un peso, pues presenta un pie torcido y un patrón singular en las zancadas. Quizá llevaba un objeto encima o tal vez un crío, no se sabe. Por estos datos, lo que está claro es que eran individuos muy robustos.

Las dataciones indican que las pisadas tienen una antigüedad de entre 4.200 y 4.600 años, aunque en la cueva hay señales humanas de hace hasta 19.000 años. El hecho de que las huellas estén frescas sobre la arcilla húmeda les da un aura especial: parece que el grupo acaba de pasar por allí. Los autores de las pisadas utilizaban antorchas para alumbrarse y dejaron por las galerías fragmentos de carbones que han sido muy útiles para las dataciones. Para llegar hasta las salas de las huellas, curiosamente hay que ascender desde una zona inferior de la cueva donde se encuentran marcas en las paredes, tizonazos con las antorchas, que son todavía más antiguos. Los investigadores creen que los individuos que llegaron hasta la galerías superiores treparon por una zona donde los anteriores no se habían aventurado, subiendo la ruta ascendente entre grandes bloques por las que todavía hoy cuesta avanzar.

Los autores de las pisadas pertenecían a la población de esta zona en el Calcolítico. Son los que hacen los dólmenes del exterior. Estaban buscando ampliar su territorio, adentrándose en lugares singulares. Penetrar en las profundidades estaba asociado a un significado simbólico, relacionado con el inframundo. 

La conclusión del trabajo es que durante miles de años los primeros seres humanos husmearon por todo este complejo sistema de cuevas, que ha cambiado muy poco desde entonces, y penetraron en las profundidades de la roca en busca de lo desconocido. Entraron descalzos y se metieron a través de un caos de bloques tremendo. Entraron, vieron y se marcharon; y luego, durante otros 4000 años, nadie volvió a entrar.


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jueves, 4 de marzo de 2021

Epílogo a Heterodoxos

Vamos a recoger en resumen el Epílogo de "Historia de los heterodoxos españoles", de Marcelino Menéndez y Pelayo.

No parecíamos destinados a formar una gran nación. 

Sin unidad, sucumbimos ante Roma, lidiando cada cual heroicamente por su cuenta, pero mostrándose impasible ante la ruina de la ciudad limítrofe. 

Fuera de algunos rasgos de feroz independencia, el carácter español sólo se acentúa bajo la dominación romana. España debe su primer elemento de unidad al romanismo. 

Pero faltaba otra unidad más profunda: la unidad de la creencia. Sin un mismo Dios ¿qué pueblo habrá grande y fuerte? Esta unidad se la dio a España el Cristianismo.


La Iglesia nos educó. Por ella fuimos nación. ¿Quién contará todos los beneficios de vida social que a esa unidad debimos? 

El sentimiento de patria es moderno; no hay patria en aquellos siglos, no la hay hasta el Renacimiento; pero hay una fe, un bautismo. Dios nos conservó la victoria, y premió el esfuerzo perseverante dándonos el destino de completar el planeta. 

¡Dichosa edad aquélla! España era o se creía el pueblo de Dios. Le estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras gentilidades. España, evangelizadora de la mitad del orbe; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse España volverá al cantonalismo de Taifas. 

A este término vamos caminando apresuradamente. Dos siglos de producir artificialmente la revolución han conseguido no renovar el modo de ser nacional sino pervertirle. Cuanto hacemos es remedo de lo que en otras partes vemos aclamado. Seguimos, aunque a remolque, el movimiento general. 

¿Será cierto que la masa de nuestro pueblo está sana y que sólo la hez es la que sale a la superficie? No suelen venir dos siglos de oro sobre una misma nación; pero mientras sus elementos esenciales permanezcan aún puede esperarse su regeneración. El cielo apresure tan felices días. 

Y, entre tanto, dígale toda la verdad el que se sienta con alientos para ello. Dura ley es y todo el que escriba conforme al dictado de su conciencia ha de pasar por ella, aunque vuelva los ojos con amor a aquellos serenos templos de la antigua sabiduría, cantados por Lucrecio. ¡Edita doctrina sapientum templa serena! 

7 de junio de 1882.