miércoles, 13 de diciembre de 2023
lunes, 23 de mayo de 2022
miércoles, 18 de mayo de 2022
miércoles, 23 de septiembre de 2020
Monumento a la Batalla de Talavera
Cuando el viajero va circulando por la autovía que lleva desde Madrid a Extremadura, al llegar al punto kilométrico 118 se encuentra a mano derecha un monumento que destaca por su altura así como por su simplicidad teñida de grandeza. Se trata del recuerdo de la Batalla de Talavera, aquella que en este lugar se disputó, cuando la Guerra de la Independencia, entre franceses por un lado y españoles con ingleses por otro lado. El monumento, inaugurado en 1990, está situado en el cruce de la autovía con la carretera que va desde Talavera de la Reina a Segurilla, nombrada como TO-1283. De esta manera, el curioso puede salir de la autovía y tomar esta carretera para, girando inmediatamente a la derecha, acceder a un área de descanso que se ha habilitado junto al monumento.
Éste tiene adecentados los alrededores, con una explanada, preparada para cualquier celebración conmemorativa, y una azulejo explicativo de la batalla, aparte de que el arco de tres enormes patas tiene en su base un espacio a modo de ágora con escalones circulares y un círculo central, apropiados para actos solemnes de signo internacional para festejar la paz. Cada una de las tres patas, en forma de triángulos curvilíneos, presenta en cada fasceta inscrita una lista de las unidades militares que participaron en la batalla, que tuvo lugar los días 27 y 28 de julio de 1809.
Los franceses eran unos 45.000 soldados, de los cuales 22.000 eran del mariscal Víctor, 5.000 venían con el rey José y 18.000 eran del general Sebastiani.
Los españoles contaban con la dirección del general Cuesta (capitán general de Extremadura) y eran unos 25.300; los ingleses eran unos 20.500, dirigidos por el general inglés Arthur Wellesley, el famoso duque de Wellington (que, tras esta batalla añadiría el título nobiliario de vizconde de Talavera).
A los pies del arco, el hermoso cuadro de azulejos talaveranos reproduce el panorama que sobre el terreno presentó la batalla. Los dos frentes se alinearon a lo largo de unos siete kilómetros, en dirección Norte-Sur; al este se situó el ejército francés, que provenía de Madrid, y al oeste se alineó el anglo-español, que provenía de Extremadura. El arroyo de La Portiña separaba a ambos ejércitos. El mando francés se asentó en el Cerro Cascajal.
El ejército aliado eligió como generalísimo a Wellesley, que puso su puesto de mando en el Cerro Medellín. El centro del frente lo ocupaban los ingleses, por delante de Medellín, mientras que los españoles se encargaron de las alas. Las primeras unidades españolas estaban junto a la ermita de El Prado y, en el otro extremo, el ala norte llegaba hasta la Sierra de Segurilla.
El día 28 los franceses iniciaron una segunda carga, con artillería primero y luego con infantería a lo largo de toda la línea. La división Leval, en el ala izquierda, atacó el Pajar de Vergara, donde los españoles y británicos la rechazó, tras lo cual el general británico Campbell envió a sus soldados en persecución. Leval logró frenar este ataque y puso en aprieto a Campbell. Entonces, el general Eguía ordenó una carga de caballería sobre los franceses para aliviar la situación. La carga, realizada por el Regimiento del Rey, fue asombrosa; arrasaron a los enemigos y los hicieron huir. Murieron 80 españoles frente a 1.007 soldados de Leval (de 4.267 que tenía). Se capturaron diez cañones franceses y numerosas banderas. Resultó una de las cargas más brillantes de la historia de la caballería española. La batalla terminó poco después.
La batalla fue terrible, un verdadero infierno. Su resultado llegó a casi 14.000 muertos, 7.300 franceses, 5.400 ingleses y 1.250 españoles. Los franceses se retiraron y la victoria cayó del lado angloespañol. Los cadáveres de ambos bandos fueron enterrados por ingleses y españoles. En Talavera y pueblos de alrededor fueron alojados los heridos de los tres ejércitos. Napoleón, al ser informado, exclamó: "¡Qué hermosa ocasión perdida!".
Los extremos superiores de las gigantescas patas del arco se aproximan hasta casi tocarse y sostienen una corona de laurel compuesta de tres ramas, una por cada uno de los tres ejércitos. Los tres merecieron el reconocimiento de la victoria.
.martes, 14 de abril de 2020
Cartas entre Stalin y Largo Caballero
«La revolución española traza su propio camino, distinto en muchos aspectos del seguido por Rusia. Esto obedece no solo a las distintas condiciones sociales, históricas y geográficas, y a las necesidades de la situación internacional... Es muy posible que la vía parlamentaria resulte ser un medio más eficaz de desarrollo revolucionario que en Rusia… No se debe rechazar a los dirigentes republicanos sino que, por el contrario, hay que atraerlos y acercarlos más al gobierno. Sobre todo, es necesario asegurar el apoyo de Azaña y su grupo al gobierno y hacer todo lo posible por vencer sus vacilaciones. Esto es necesario para evitar que los enemigos de España la consideren una República comunista e impedir así su intervención abierta, que constituye el mayor peligro para la España Republicana».
El 12 de enero de 1937 Largo Caballero contestó por carta a Stalin, explicando el porqué carecía de sentido apostar por más democracia, aunque fuera de fachada, en ese momento del conflicto:
«Tiene razón al señalar que existen diferencias apreciables entre el desarrollo de la Revolución rusa y la nuestra. De hecho, como ustedes mismos indican, las circunstancias son diferentes… Pero en respuesta a su alusión [al método parlamentario] conviene puntualizar que, independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas… Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha… Lo que ocurre es que ellos mismos apenas hacen nada para afirmar su propia personalidad política».
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jueves, 7 de noviembre de 2019
Muertos en la Guerra
Realmente, ¿cuántos hombres murieron en la Guerra Civil española?
Las cifras más aceptadas sobre los muertos en combate son 132.266, según Ángel David Martín Rubio, 142.000, según Ramón Salas Larrazábal, y 145.000, según Hugh Thomas. Sin querer frivolizar, más bien con un objetivo didácticamente clarificador, podemos fijar el dato medio en 139.755 muertos en combate; cabe redondear en 140.000.
Aparte de los muertos en combate están las víctimas del terror practicado por ambos ambos bandos durante la guerra (antes se hablaba de muertos en la retaguardia). Sobre esto disponemos de dos cifras: 50.000, según Santos Juliá, y 56.577, según Martín Rubio. Igual que arriba, la media puede fijarse en 53.288 los muertos represaliados durante la guerra. Si redondeamos en 53.000, la suma de esta cifra más la de muertos en combate da un total de 193.000, que es en todo caso menos de 200.000 muertos (número alto pero lejos del millón de Gironella).
Por último quedan las cifras de la represión postbélica. Las manejadas son 55.000, según Hugh Thomas, 56.000, según Martín Rubio, 80.300, según Salas Larrazábal (quien alarga la etapa postbélica hasta 1959), y 90.194, según Santos Juliá. Ídem, salen 70.373 muertos represaliados en la postguerra.
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sábado, 17 de marzo de 2018
Un granadino se parece más a un santanderino que a un sevillano
Por otro lado, si atendemos a la genética también existen muchas diferencias entre la población de una misma comunidad. Los granadinos, sin ir más lejos, se parecen más a los cántabros que a los sevillanos. Así lo determina un estudio sobre diferenciación genética, que demuestra que existen más parecidos genéticos en el eje Norte-Sur, que en el Este-Oeste. El estudio se debe a un equipo internacional encabezado por Clare Bycroft, de la Universidad de Oxford y se ha publicado en marzo de 2018 en la revista Biorxiv.
Para realizar esta investigación los científicos tuvieron en cuenta el recorrido que realizaron los antepasados españoles durante sus emigraciones a las grandes ciudades españolas. Concretamente, los investigadores analizaron el genoma de 1.413 individuos nacidos en los años 40, provenientes de todas las regiones españolas, para analizar la distancia genética entre ellos. Los resultados son realmente sorprendentes y no coinciden con el relato histórico que se ha ido transmitiendo durante los últimos años. No lo son tanto, sin embargo, si atendemos a la estructura sociodemográfica, la geografía y la política de las distintas regiones a lo largo de la historia.

Tal y como podemos observar en el mapa, existen cuatro grandes ejes verticales en España: el asturleonés-extremeño-suroeste, el cántabro-castellano-manchego-sudeste, el aragonés-valenciano y el catalán-balear. Además, se observa una pequeña zona bien diferenciada en el País Vasco y Navarra.
Según este estudio, las diferencias genéticas son muy pequeñas en la dirección norte-sur, algo que arroja mucha luz sobre la historia de la Reconquista, durante la cual se movió el territorio controlado por cristianos en el norte, de forma gradual, hacia el sur de la Península Ibérica desde mediados del siglo VIII.
En 1249, casi todo el territorio ibérico estaba bajo dominio cristiano, y la Guerra de Granada marca en 1492 el final del dominio musulmán. El mapa es una clara evidencia de la migración de los cristianos del norte a las nuevas regiones cristianas durante la Reconquista.
Aunque son muchos los factores que han influido en la creación de estos cuatro ejes, lo cierto es que se trata de un estudio muy ilustrador de lo que ha ido sucediendo en España a lo largo de su historia.
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jueves, 1 de febrero de 2018
La Isla de los Faisanes

La situación estratégica de este islote es curiosa. A un lado del río Bidasoa se encuentra Irún (España); al otro, Hendaya (Francia). La Isla de los Faisanes, que tiene una superficie de 6.820 metros cuadrados, se encuentra en la frontera que separa ambas localidades y, por tanto, ambos países. Con el paso de los años, la isla ha llegado a perder hasta la mitad de su superficie por culpa de la erosión provocada por el agua del deshielo de los Pirineos... pero su historia sigue viva.
Todo ocurrió durante el siglo XVII, en el marco de la Guerra de los Treinta Años. Por entonces, los conflictos bélicos abiertos entre Francia y España eran evidentes y esta isla se convirtió en un punto fundamental; situada en la frontera natural entre ambos países, pronto pasó a ser un terreno neutral en el que ambos imperios negociaban y fue el lugar elegido para acabar con la lucha armada. El momento quedó recogido en un tapiz cuya imagen acompaña estas líneas.

Así, el 7 de noviembre de 1659, Luis de Haro (como representante español) y el cardenal Mazarino (como francés) sellaron el Tratado de los Pirineos. La ratificación de este acuerdo trajo dos consecuencias: la primera, la boda del rey francés, Luis XIV, con María Teresa de Austria, la hija de Felipe IV; la segunda, el reparto de la Isla de los Faisanes, que sería gobernada a partes iguales por ambos países.
Sin embargo, esto no resolvió los conflictos en la zona, porque los pescadores españoles y franceses seguían teniendo encontronazos por la jurisdicción de la isla. Así, en pleno siglo XIX, se llegó a un acuerdo que continúa vivo a día de hoy; para evitar problemas, la Isla de los Faisanes sería durante seis meses española y durante los otros seis, francesa. De este modo, se sabría siempre a quién pertenece el islote.

Desde entonces, cada 1 de febrero la isla pasa a ser española, manteniendo esta nacionalidad hasta el 31 de julio. El 1 de agosto, España suelta su jurisdicción y este pequeño terreno pasa a manos de Francia. Se trata de una figura de gobierno que se denomina condominio y se basa en que varios estados mantienen la soberanía sobre un mismo territorio. A día de hoy, la Isla de los Faisanes es el condominio más pequeño del mundo.
Aunque en su tiempo tuvo un importante peso histórico, a día de hoy se trata de un pequeño espacio de terreno que no se encuentra habitado, y en el que solo se pueden contemplar árboles y vegetación. Cuando pasa a formar parte de los dominios de Francia, también se la conoce como Isla del Hospital o como Isla de la Conferencia... pero eso será dentro de seis meses. Desde este jueves, la Isla de los Faisanes vuelve, como cada año, a los dominios de España.
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viernes, 3 de febrero de 2017
La batalla de Taxdirt
Por septiembre el ejército logró reunir en Melilla 44.000 hombres y se decidió la construcción de un faro que guiara a los barcos en el cabo de Tres Forcas (al norte de Melilla). El general José Marina pensó que, si iban a ser atacados, lo mejor era tomar por las armas toda la región. Así podría tener a la población controlada y evitar revueltas y, además, aislar el Gurugú por la cabila de Beni Sicar. El plan de acción era sencillo. Se formarían dos columnas que deberían tomar el territorio al norte de Melilla. La primera de ellas recorrería la región de sur a norte a través de una zona ocupada por tribus pacíficas. La segunda, por su parte, atravesaría la zona de este a oeste; lo haría con el objetivo de llegar hacia Taxdirt (al oeste de Melilla). Esta última sería la misión más sangrienta, pues había que cruzar zonas tomadas por enemigos.

La Primera Columna (formada por 4.020 soldados, ochenta caballos y ocho cañones) estaba mandada por el general Alfau y sus tropas eran las siguientes: batallones de Barbastro, de Figueras, de Amposta y de Las Navas; escuadrón del Lusitania (caballería); dos baterías de Montaña (artillería); una compañía de Zapadores y otra de Telégrafos; una Ambulancia y un Tren de combate e impedimenta. La Segunda Columna (formada por 3.479 soldados, 80 caballos y 8 cañones) estaba mandada por el general Morales y el general Tovar y sus tropas eran las siguientes: A, como Vanguardia, la sección de jinetes del Regimiento de Cazadores de Caballería Alfonso XII, el batallón de Cataluña, la Primera Batería de Montaña (artillería) y la Compañía de Zapadores, B, como Cuerpo central, los batallones de Tarifa y de Chiclana, la Segunda Batería de Montaña (artillería), la Compañía de Telégrafos, una Ambulancia y un Tren de combate e impedimenta, C, como Retaguardia, el batallón de Talavera. En apoyo a las dos columnas iban dos divisiones expedicionarias. La Primera División Expedicionaria estaba formada por la Tercera Brigada de Cazadores y los Húsares de la Princesa y sus órdenes eran ubicarse en un zoco cercano (el de Arbaa) y dirigirse hacia Zeluán (en dirección contraria a la zona en la que se sucedería la misión principal), de esta forma se pretendía que los rifeños les siguieran (y así reducir el número de defensores de la zona principal). La Segunda División Expedicionaria (a las órdenes del general Sotomayor) tenía como objetivo ubicarse al sur del río Oro y permanecer en alerta por si se les necesitaba.
Los dos escuadrones de caballería de la División, del Alfonso XII y del Lusitania, iban mandados por el teniente coronel José de Cavalcanti y Alburquerque, que había nacido en 1871 en Cuba y había ingresado en la Academia General Militar cuando contaba 17 años. Este decidió integrarse en la Segunda Columna, por ser esta en la que se encontraba el general Tovar, del que era ayudante.

El 20 de septiembre, la Segunda Columna partió del fuerte Reina Regente hacia el sur y, tras dos horas de marcha, llegó a Dar el Hach (a 5 kilómetros de Melilla). Una vez allí, dirigió sus pasos hacia Taxdirt, su objetivo final. Los rifeños decidieron no dividirse y se movilizaron también hacia Taxdirt, olvidándose de la Primer Columna. A las ocho de la mañana comenzaron los disparos, cuando la sección de jinetes que se ubicaba en vanguardia recibió fuego de un grupo de rifeños situados en las inmediaciones de Taxdirt. Los españoles contestaron avanzando hacia las defensas en las que, según creían, estaría el enemigo, pero al llegar no encontraron a nadie. La razón era que los marroquíes se habían retirado a la carrera hasta el cercano monte de Tamsuyt, más fácil de defender.
Desde allí, desataron el infierno haciendo un nutrido fuego sobre los españoles. Como respuesta, la columna se puso en alerta y se dispuso a presentar batalla al enemigo, formado por unos 1.500 combatientes. La Primera Batería bombardeó la zona para apoyar a los jinetes enfrascados en el ataque y, cuando el último proyectil cayó, uno de los batallones del contingente (el de Cataluña, junto con la compañía de zapadores) cargó a bayoneta contra los enemigos. Ellos serían la vanguardia de la ofensiva. La batalla fue cruenta, pero los españoles lograron conquistar la posición a sangre y fuego. A continuación se dio órdenes a la Primera Batería de que avanzara para consolidar la zona conquistada. Como apoyo a ésta (y mientras el Cataluña seguía avanzando) se mandó también al batallón de Tarifa.
Este se dividió en tres grupos o compañías. La primera se ubicó a la derecha de la artillería y comenzó a devolver el fuego al enemigo con la rodilla en tierra para garantizar la precisión de sus disparos. La segunda se posicionó en el flanco izquierdo de los cañones y, para terminar, la tercera avanzó para desalojar a la bayoneta a un molesto grupo de marroquíes que soltaba plomo desde el flanco izquierdo. A ellos les fue bien. Todo lo contrario que al Cataluña y a los zapadores, ubicados en primerísima línea. Mientras, el batallón de Cataluña estaba sufriendo el fuego y la presión de los harqueños, empeñados en retomar las alturas. El tiroteo al que se vieron sometidas estas dos unidades era más que intenso. Ambas no pararon de disparar ni un minuto para defenderse de los 1.500 enemigos que les cercaban. Las siguientes cuatro horas se desarrollaron entre sangre y una gran cantidad de bajas.
La gran cantidad de bajas provocó que, poco después del medio día, se ordenara a las dos unidades presentes en el montículo (el batallón de Cataluña y la compañía de zapadores) retirarse y ser relevadas por el batallón de Tarifa, que estaba ubicado a sus espaldas y defendía todavía a la Primera Batería. Tres compañías del Talavera, hasta ahora en reserva, serían las encargadas de ocupar las posiciones anteriormente tomadas por el Tarifa. Cuando los rifeños observaron que se estaba produciendo el relevo, se lanzaron contra los españoles aprovechando el desconcierto. Se arrojaron al hueco existente entre el Tarifa y el Cataluña para cortar el avance del primero y la retirada del segundo. El movimiento les salió a pedir de boca. En primer lugar, porque impidieron que el batallón Tarifa, expuesto a los disparos marroquíes, avanzase y completase el revelo. En segundo lugar, porque su ataque cortó también la retirada de la última compañía del Cataluña, una unidad que ya carecía de municiones y estaba más que extenuada.

En esta situación, el general ordenó a Cavalcanti y a sus hombres que apoyaran, en una carga desesperada, al Tarifa. El objetivo era lograr que los soldados completaran el relevo antes de que tanto ellos como los hombres del Cataluña fuesen destruidos. Había que ganar tiempo y los encargados de ello serían los jinetes del Alfonso XII. La respuesta de Cavalcanti a la llamada de su general fue hacer aquello para lo que sus jinetes habían sido entrenados, combatir cuerpo a cuerpo. Así, pues, tanto él como sus 65 valientes del Regimiento de Cazadores de Caballería Alfonso XII se lanzaron en una heroica carga contra el enemigo. En sus mentes estaban España y sus compañeros; en sus manos, los sables. Aquel ataque hizo cundir el pánico entre los harqueños, que empezaron a retroceder. A pesar de ello, la batalla estaba lejos de haberse ganado. Tras el primer choque, Cavalcanti ordenó en dos ocasiones a sus jinetes retirarse hasta un cañaveral cercano, con el objetivo de reagruparse y volver a atacar. La segunda carga la hizo con apenas 40 caballeros. La tercera, con una veintena. Después de esta heroicidad, los escasos hombres que todavía tenía a su cargo se retiraron de nuevo hasta el cañaveral, dejaron sus monturas a un lado, clavaron rodilla en tierra, y comenzaron una épica defensa contra el enemigo, ahora ávido de venganza.
Al ver la apurada situación de los del Alfonso XII, el teniente coronel Moreira ordenó a sus hombres del Tarifa que apoyaran a los jinetes. El propio teniente coronel quedó gravemente herido pero los harqueños se terminaron replegando. La batalla había llegado a su fin, pues se había conquistado el territorio, y todo, gracias a la valerosa actuación de unos pocos jinetes españoles. A las tres de la tarde, arribaron a la zona dos batallones más para asegurar la posición. Aunque eso no valió para mantener la loma. Al final, y ante la inminente caída de la noche, el ejército se retiró a Taxdirt y tuvo que ver cómo los rifeños tomaban de nuevo Tamsuyt. Una derrota en lo que se refiere a la pérdida del terreno, pero una victoria al fin y al cabo, pues se logró salvar a los últimos hombres del Cataluña y al Tarifa.
Al final de la contienda el teniente coronel contó 25 bajas, una sangría para una unidad de 65. Todos ellos fueron héroes, pues no solo lograron que sus compañeros pudiesen salvarse, sino que hicieron huir a aquel gigantesco contingente y sirvieron la victoria en bandeja a la infantería. Aquella actuación le valió a Cavalcanti (que acabó herido de gravedad) la preciada Cruz Laureada de San Fernando, además de un ascenso.
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sábado, 31 de diciembre de 2016
Muerte de Unamuno
Sobre las cinco de la tarde, Unamuno recibió la visita del profesor Bartolomé Aragón, que había sido discípulo suyo. Estaban sentados en una mesa camilla, al brasero. Según relató Aragón, Unamuno empezó a arremeter contra los dos bandos en guerra.
En un momentáneo de desfallecimiento, Aragón se atrevió a decir: «A veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España disponiendo de sus mejores hijos». Don Miguel se repuso y dio un fuerte puñetazo en la mesa: «Eso no puede ser, Aragón. ¡Dios no puede volver la espalda a España! ¡España se salvará porque tiene que salvarse!». De pronto quedó inmóvil, como dormido, inclinada la barbilla sobre el pecho.
Cuando Aragón olió la chamusquina de las zapatillas de Unamuno, comprendió que estaba muerto y corrió a dar la voz de alarma.
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lunes, 29 de febrero de 2016
miércoles, 10 de diciembre de 2014
El español Gálvez, estadounidense honorario
Bernardo de Gálvez y Gallardo nació el 25 de julio de 1746 en Macharaviaya (provincia de Málaga), dentro de una familia malagueña de militares y funcionarios.
Intervino en la campaña de Portugal durante la Guerra de los Siete Años. Ésta terminó en 1763 y, en su consecuencia, Inglaterra recibió de España Menorca y La Florida. En compensación, Francia cedió a España el despoblado territorio de la Luisiana, cuya capital era Nueva Orleans.
En 1765, Gálvez, con diecinueve años, ya era capitán en el virreinato de Nueva España y el 19 de julio de 1776 scendió a coronel y fue nombrado gobernador interino de la Luisiana.

Tras la sublevación de las Trece Colonias norteamericanas contra Inglaterra, en julio de 1779 el rey español Carlos III declaró la guerra al rey inglés Jorge III.
En el marco de ese apoyo que España prestó a las colonias, Gálvez ayudó con sus decisivas victorias sobre las tropas británicas. Tomó ciudades como Mobile y demás puertos del Mississippi, especialmente Pensacola, que era la plaza fuerte de los británicos, después de un asedio de tres meses. Durante el sitio Gálvez fue herido de gravedad dos veces. La plaza, defendida por varios fuertes y más de cien cañones, se rindió el 9 de mayo de 1781. Carlos III lo ascendió a teniente general, lo nombró gobernador y capitán general de la Luisiana y de la Florida Occidental y le concedió el título de Conde de Gálvez con derecho a colocar como timbre de sus armas el bergantín Galveztown con el mote "Yo solo".
En 1783, la guerra concluyó por el Tratado de París y España recibió las Floridas, la Occidental y la Oriental. El 9 de mayo de ese año, los "Padres Fundadores" de Estados Unidos aprobaron homenajear a Bernardo de Gálvez con la colocación de un retrato suyo en el Congreso, junto al de figuras históricas como Thomas Jefferson o George Washington, pero nunca se cumplió esa decisión.
En octubre de 1784 fue nombrado capitán general de Cuba, cargo que incluía la Luisiana y las Floridas. Tenía instrucciones de reforzar la soberanía de España en la cuenca del Mississipi y de recordar a Norteamérica que "tenía derechos de gratitud hacia nosotros y no de usurpación".
En 1785, cuando falleció en México su padre, que era virrey de la Nueva España, fue nombrado para sustituirlo. Como virrey, dio muestras de su honradez y su servicio a los demás. Falleció en Tacubaya el 30 de noviembre de 1786.

Fue enterrado en la iglesia del convento de San Fernando de México. En su tumba las dos únicas lápidas que existen fueron las que colocaron dos instituciones de Estados Unidos.
Una estatua ecuestre inaugurada en 1976 por el rey Juan Carlos de España reconoce a Bernardo de Gálvez en el centro de Washington.
Según declaró el rey entonces, como se puede leer en el pedestal, la estatua "es un recordatorio de que España ofreció la sangre de sus soldados por la causa de la independencia estadounidense".
El 9 de enero de 2014 la Cámara de Representantes inició el expediente para conceder la ciudadanía honoraria al militar y político español por su contribución, en nombre de España, a la independencia de Estados Unidos. El texto, promovido por dos representantes de Florida (el congresista Jeff Miller y el senador Marco Rubio), subraya que Gálvez "fue un héroe de la Guerra Revolucionaria (Guerra de la Independencia de EEUU, 1775-1783) que arriesgó su vida por la libertad del pueblo de Estados Unidos. El militar español desempeñó un papel integral en la Guerra Revolucionaria y ayudó a asegurar la independencia de Estados Unidos"; la resolución destaca que el homenajeado contribuyó con un "fuerte apoyo militar" a la lucha de las trece colonias británicas originales que se enfrentaron al Reino de Gran Bretaña. El Congreso aprobó el texto legislativo el 28 julio y lo remitió al Senado, que lo aprobó la pasada semana, de modo que sólo falta la firma del presidente, Barack Obama, para que la norma entre en vigor. Este martes fue colgado un cuadro con su imagen en el Capitolio en reconocimiento a su labor.
Ramón Gil-Casares, embajador de España en Washington, subrayó que la concesión del citado título honorario al militar español es "absolutamente excepcional", pues únicamente se han dado "seis casos previos" en Estados Unidos. "Este país habría sido independiente veinte años más tarde sin Bernardo de Gálvez", subrayó el embajador, quien valoró que "se ponga cara a la participación de España" en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos. A fin de realzar la figura del héroe español en el país norteamericano, la Embajada de España va a organizar una gran exposición y, en 2016, un congreso sobre "la presencia española en la independencia de Estados Unidos, con Bernardo de Gálvez a la cabeza",
El Hispanic Council, un centro de pensamiento con presencia en Washington y Madrid, subrayó que el título honorífico es "el mayor reconocimiento que un extranjero puede recibir". El homenaje constituye "un inmejorable ejemplo de la oportunidad que tiene España para aprovechar la historia compartida con Estados Unidos para fortalecer las relaciones entre ambos países", afirmó el director, Daniel Ureña, en un comunicado. Esa oportunidad cobrará especial significación en 2015, cuando "se celebren los 450 años de la fundación española de San Agustín de la Florida, la ciudad de Estados Unidos continuamente poblada más antigua".
En fin, la instalación del cuadro, obra del pintor malagueño Carlos Monserrate, este martes en el Capitolio supone el cumplimiento de aquel compromiso expresado por el Congreso estadounidense hace 231 años.
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miércoles, 11 de diciembre de 2013
Nelson, derrotado en Cartagena por Gastón
Se estableció un combate entre la “Santa Sabina” y la “Minerve”, donde iba Nelson. Pese a la superioridad artillera de la fragata británica, por más de 5 a 3, el combate se prolongó durante tres horas y media, debiéndose rendir la española, con dos muertos y 48 heridos, el palo de mesana abatido y los otros dos a punto de caer, contra siete muertos y 33 heridos de la británica, pero con más suerte en la arboladura. Estas cifras y la duración del combate muestran el valor y la pericia de los españoles en el combate. Nelson puso la "Santa Sabina" a las órdenes de su amigo Hardy, con otro teniente y cuarenta hombres. En su nave, impresionado al saber que el comandante enemigo era nada menos que un Stuart, descendiente de los reyes de Escocia y de Inglaterra, lo trató con consideración, devolviéndole la espada.
Sin embargo, a las cuatro y media de la madrugada apareció la “Matilde”, que había conseguido despegarse de la “Blanche” y acudía en auxilio de su compañera, pese a ser un barco muy inferior a los dos británicos; con ello, se reanudó el combate. A la media hora de fuego, y reincorporada a Nelson la “Blanche”, se divisaron las fragatas españolas “Ceres” y “Perla”, seguidas a distancia por el gran navío de tres puentes “Príncipe de Asturias”. Entonces, Nelson comprendió que sólo le quedaba retirarse a toda vela. La “Santa Sabina” fue recuperada, cayendo prisioneros Hardy, el otro oficial y los cuarenta marineros británicos. Mientras, las otras dos fragatas perseguían a las de Nelson, causándolas otras diez u once bajas, pero los ingleses pudieron finalmente huir.
El prisionero Stuart fue puesto en libertad y canjeado por Hardy y los demás prisioneros ingleses. En el canje, Nelson escribió a Gastón: “Permito que don Jacobo vuelva a su lado con mi admiración por su valeroso comportamiento; le fue imposible prolongar la defensa. Yo he perdido muchos hombres pero en mástiles fui el más afortunado; de otra forma, habría tenido el gusto de conocerle”. Marinos españoles y británicos habían aprendido a respetarse y valorarse mutuamente.
Aquella fue una honrosa derrota naval de Nelson, que hay que sumar a la que habitualmente se menciona cuando se habla de una derrota del gran marino británico, la de su fallido intento contra Tenerife en 1797, que le costó su brazo derecho.
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viernes, 5 de octubre de 2012
La palabra de honor
Don Carlos Fuero, heroico militar mexicano, se formó en dicho colegio; murió en 1892 (hace 120 años ahora). Llevan su nombre calles en la ciudad de Saltillo, en Coahuila y en Parral, Chihuahua. Esta es una de las anécdotas de su vida:
En la guerra civil entre los partidarios de Maximiliano y los juaristas, a la caída de Querétaro, quedó prisionero de los juaristas el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero.
La víspera de la ejecución, dormía el Coronel cuando su asistente lo despertó. El General Del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él. Se vistió de prisa el coronel Carlos Fuero y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que don Severo había sido amigo intimo de su padre.
- Carlos - le dijo el General, - perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuantas horas de vida, y necesito que me hagas un favor.
Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez.
- Mi General-- respondió Fuero, -no creo que sea necesario que vengan esos señores.
- ¿Cómo? - se irritó el General Del Castillo. - Te estoy diciendo que deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?
- En efecto, mi General – repitió el Coronel Republicano. – No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese.
Don Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel era extraordinaria.
- Pero, Carlos - le respondió emocionado. - ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento?
- Su PALABRA DE HONOR, mi General - contestó Fuero.
- Ya la tienes ! - dijo don Severo abrazando al joven Coronel.
Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia:
- El señor General Del Castillo va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo quedaré en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted despertar.
A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sostenes Rocha, el encargado de la guardia le informó lo sucedido. Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente.
Lo despertó moviéndolo.
- ¿Qué hiciste Carlos?, ¿Por qué dejaste ir al General?
- Ya volverá -- le contestó Fuero. - Si no, entonces me fusilas a mí y asunto arreglado.
- Pero Carlos, ¿aún crees que existe el honor en México, como en tiempos de nuestros abuelos españoles?
En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.
- ¿Quién vive? - gritó el centinela.
- ¡México! - respondió la vibrante voz del General Del Castillo. - Y un prisionero de guerra.
Cumpliendo su PALABRA DE HONOR volvía Don Severo para ser fusilado.
El final de esta historia es muy feliz. El General Del Castillo no fue pasado por las armas. Sostenes Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste a don Benito Juárez. Este, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra Fuero.
Ambos eran hijos del COLEGIO MILITAR; ambos hicieron honor a la Gloriosa Institución.
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domingo, 12 de agosto de 2012
Adiós a los franceses: doscientos años
El abandono de Madrid fue consecuencia directa de la batalla de Los Arapiles, librada en Salamanca el mes anterior.
El mérito hay que atribuirlo al general inglés Wellington. Éste sabía que Napoleón estaba retirando tropas de España para desplazarlas al frente ruso. Por ello planeó una ambiciosa ofensiva para penetrar en el centro peninsular desde Portugal.
El peso de la operación principal correspondió al ejército anglo-portugués de Wellington, con una escasa presencia española.
Simultáneamente, en una típica maniobra de distracción, las guerrillas y el ejército español tenían que hostigar a los franceses en Andalucía y en la zona cantábrica, con el objetivo de que no pudieran trasladar tropas al escenario central.
La batalla de los Arapiles fue un éxito y Madrid quedó desguarnecido ante el avance inglés. José Bonaparte abandonó la capital, sin olvidarse de llevar robados cuantiosos tesoros nacionales.
Después las cosas se torcieron un tanto. Wellington intentó copar a los franceses en Burgos y se vio derrotado, quedando obligado a retirarse a sus posiciones de partida.
Con todo, la dureza del frente español obligó a Napoleón a enviar más tropas, lo cual, con la ofensiva rusa en marcha, terminó llevando al ejército imperial al colapso.
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sábado, 16 de junio de 2012
"La Iglesia en la 2ª República", por Bullón de Mendoza
lunes, 23 de abril de 2012
El ancho de vía en España
Está bastante extendida la creencia de que la decisión respondió al deseo del Gobierno de dificultar una eventual invasión francesa, pero no hay datos que corroboren esta afirmación.
La anomalía de que en España el ancho de vía sea ligeramente superior al de otros países de su entorno se debe a una decisión técnica, adoptada por la comisión de expertos que el Gobierno decidió constituir cuando se decidió a desplegar el grueso de la red ferroviaria. Antes de emprender el proyecto que debería unir Madrid con el puerto de Cádiz, el Ministerio de Gobernación encargó a una comisión dirigida por Juan Subercase un informe sobre las condiciones técnicas del proyecto.
Fue el informe elevado por esta comisión el que recomendó que el ancho de vía fuera superior, recomendación que se plasmó en un informe elevado en 1844. Pensaban los técnicos españoles que un ancho de vía mayor permitiría transitar a locomotoras más potentes como las que requería la accidentada orografía peninsular, una decisión cuyas consecuencias llegan hasta la actualidad.
Hoy día, solo la red de Alta Velocidad tiene el ancho de vía europeo (de 1 435 mm).
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lunes, 19 de marzo de 2012
Bicentenario de la Constitución de 1812
De este juramento, la prensa decía:
“Nunca se presentó a la consideración humana un espectáculo tan grandioso y más digno de una nación noble que el que ofreció el salón en que se hallaban congregadas las Cortes Generales y Extraordinarias en Cádiz el 18 de marzo de 1812. Diputados de las cuatro partes del mundo ocupaban todos los asientos del salón; personas del cuerpo diplomático en la tribuna destinada a esta clase y un concurso numeroso llenaba las demás tribunas y galerías”.
Se abrió la sesión con la lectura de dos oficios del ministro de Gracia y Justicia sobre las disposiciones de la Regencia para solemnizar la publicación de la Constitución cuando presentase a la Regencia uno de los ejemplares de aquel Código.
Seguidamente, los secretarios se colocaron en las dos tribunas del Congreso y, mientras uno leía la Constitución, el otro cotejaba la conformidad de los artículos según el ejemplar que tenía delante.
Acabada la lectura un secretario preguntó: “¿Es esta la Constitución política de la Monarquía española que las Cortes han sancionado?” Todos los presentes se pusieron en pie, en señal de que así era.

Vicente Pascual, como presidente del Congreso, dirigió un discurso del que se puede entresacar lo siguiente:
“Qué satisfacción no será la mía al verme obligado por la calidad que, aun indigno, tengo de Presidente del congreso, a poner la primera firma de esta ley, que en gran parte no es más que la renovación del patrio suelo. Y con qué placer nos debemos todos apresurarnos a terminar con este último acto el objeto más principal de nuestras tareas, sellando con nuestra propia mano la perpetua felicitación de esta nación”.
Tras de la firma del Presidente firmaron ambos ejemplares todos los diputados, que eran en total ciento ochenta y cuatro, pues veinte más se hallaban ausentes por enfermedad o licencia previa.
Después, en la iglesia del Carmen se celebró un solemne Te Deum, oficiado por el obispo de Calahorra.
Por la tarde se procedió a promulgar el texto en voz alta en cuatro puntos de la ciudad: la explanada del Palacio de la Aduana, la Plaza del Mentidero, la Plazuela de San Felipe y la Plaza de San Antonio. Para ello, se colocaron unos tablados de madera con un dosel y el retrato del rey.
¿Y dónde están, en la ciudad liberal, las iglesias de San Felipe Neri y del Carmen? En la presentación que sigue podemos verlo, así como la situación de otros lugares donde se vivieron los momentos históricos de las Cortes de Cádiz y de la Constitución de 1812.
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domingo, 18 de diciembre de 2011
"La Peregrina", una perla de 9 millones de euros
"La Peregrina" es, por su tamaño y forma, la perla más legendaria. Su apodo «Peregrina» se debe a su forma caprichosa o especial. Es la pieza que ha originado más literatura en la historia de la joyería.
Fue descubierta en aguas del Archipiélago de las Perlas en Panamá en el siglo XVI (según algunos, en 1515). La descubrió un esclavo que con ella compró su libertad. En 1580 fue ofrecida al Rey de España Felipe II por el Aguacil Mayor de Panamá, Diego de Tebes, quien la había llevado a Sevilla. Según un documento de la época, pesaba 58,5 kilates.
Se dice que Felipe II se la había regalado a su esposa, la reina inglesa María Tudor. De hecho, ella luce una gran perla periforme en el retrato pintado por Antonio Moro que se conserva en el Museo del Prado. Dado el amor que profesaba a su esposo, no es descabellado pensar que apreciara la joya regalo de su consorte.
Sin embargo, también hay quien dice que la Peregrina no es la perla que María I luce en sus retratos porque fue adquirida en 1580, años después de su muerte (acaecida en 1558); por ello, la perla sería otra. Personalmente, creo que María sí pudo lucir nuestra protagonista, por dos razones; una es que la joya pudo ir a manos del rey años antes de que se formalizara en documento su compra y pago (la otra razón se verá pocos renglones más abajo).

Al morir el Rey Prudente, su testamentaría la describe así: «Una perla pinjante en forma de pera de buen color y buen agua, con un pernito de oro por remate, esmaltado de blanco, que con él pesa 71 quilates y medio (...). Compróse por el Consejo Real de las Indias de don Diego de Tebes en 9.000 ducados. Tiénela la Reyna, nuestra señora...»
Aparece lucida por Felipe III (1578 - 1621), prendida, sin broche, de su sombrero, en el retrato ecuestre pintado por Velázquez en 1634.

Margarita de Austria (1584 - 1611), esposa de Felipe III, la lució con broche en su retrato, ecuestre también, pintado por Velázquez en 1634.

La perla aparece bajo el diamante cuadrado llamado "El Estanque". Esta es la misma forma en que aparecía en el cuadro de Moro; no puede ser que se trate de dos perlas distintas si se acompañan del mismo diamante, cuando ya de por sí eran raros su forma y su tamaño.
Asimismo aparece con Isabel de Borbón (1602 - 1644), esposa de Felipe IV, en el retrato, también ecuestre, pintado por Velázquez entre 1628 y 1636.

Habiendo permanecido como bienes libres de los monarcas, en tiempos de Carlos II se vinculó a la Corona una serie de joyas, que, de esta forma, los reyes debían transmitir de padres a hijos. Tanto la «Peregrina» como el "Estanque" pertenecían a ese conjunto.
La «Peregrina», junto a otras perlas similares que figuran en los inventarios posteriores, permaneció en Palacio durante los reinados de Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, quienes la usaron repetidas veces.
Nuestra perla permaneció en España hasta 1808, momento en que José Bonaparte ordenó que le entregasen las joyas de la Corona Española. En un inventario, fechado en Madrid el 30 de julio de ese mismo año y guardado en los Archivos Nacionales Franceses, figura una relación de todas aquellas joyas, entre las que aparecen tanto «El Estanque» como «La Peregrina».
La perla fue enviada a París por José (¿Pepe Botella o Pepe Ladrón?), el cual dispuso en su testamento la entrega de la perla al futuro Napoleón III, quien debió de venderla hacia 1848 por problemas económicos. Se la compró el marqués de Abercorn.
En España, desde la Guerra de la Independencia, no hay joyas de la Corona, es decir, joyas vinculadas a la Institución. Todas las joyas que hoy poseen los Reyes son exclusivamente bienes privados. No hay tampoco joyas previstas para la coronación, porque en España no hay tal, sino proclamación. Únicamente perduran en palacio una corona tumular y un cetro (realmente, un bastón de mando) que han presidido las juras en las Cortes desde Isabel II.
En 1914 La Peregrina fue vendida por los Abercorn a una joyería inglesa. Luego pasó por dos coleccionistas más entre 1914 y 1969.
En 1969 la Peregrina sale a subasta en Nueva York. Alfonso de Borbón y Dampierre participó en la subasta de Nueva York, si bien su oferta resultó insuficiente. El actor Richard Burton la adquirió por la cantidad de 37.000 dólares, como regalo a su esposa Elizabeth Taylor, que la lució en algunas de sus películas. Hasta su fallecimiento, Liz Taylor seguía siendo la propietaria de la Perla Peregrina.
El 13 de diciembre de 2011, su venta se ha producido, en la sala de subastas Christie's, por 9 millones de euros. Ya sabemos, así, que 9.000 ducados de finales del siglo XVI equivalían a 9 millones de euros de principios del siglo XXI. Lo que no sabemos es quién la ha comprado.
La Perla Peregrina fue exhibida, previamente a la subasta, en Madrid, lo que supuso su regreso a España dos siglos después.
P.D.: el 12 de octubre de 2017, con motivo de la Fiesta Nacional, la reina Letizia, tanto en el desfile de las Fuerzas Armadas como en la recepción del Palacio Real, lució en la solapa un broche con una perla que los periódicos la identificaron con "La Peregrina" y la incluyeron dentro de la "joyas de pasar".

Las “joyas de pasar” provienen de la reina Victoria Eugenia, esposa del rey Alfonso XIII. Pasaron a la condesa de Barcelona, María de las Mercedes de Borbón y Orleans. Posteriormente, a la reina Sofía y ahora quien dispone de ellas es la reina Letizia. El resto de “joyas de pasar” son una diadema de brillantes con tres flores de lis, un collar de chatones, otro collar con treinta y siete perlas grandes, un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor, dos pulseras iguales de brillantes, cuatro hilos de perlas grandes y un broche con perla grande gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera (¿será ésta la que se confunde indebidamente con "La Peregrina"?).
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Tratado de Versalles hasta hoy
El Tratado de Versalles fue traumático para los alemanes. Las dificultades que aquella deuda causó a la economía sirvieron después de base para el descontento y la desesperación que llevaron a muchos a votar a Adolf Hitler.
En los alemanes quedó marcado el discurso con que su ministro de Exteriores alemán, Brockdorff-Rantzau, respondió cuando le fue expuesto por el francés Clemenceau el contenido de la cláusula 231, por la que el Tratado de Versalles identificaba a Alemania como única culpable de la guerra:
"Alemania hizo una guerra defensiva y me niego a que Alemania cargue con toda la culpa. Cuando empezaron ustedes a hablar de compensación les pedí que recordaran que tardaron ustedes seis semanas en entregarnos su armisticio y otros seis meses más después para formular sus términos de paz. Cientos de miles de ciudadanos inocentes alemanes, mujeres y niños que han muerto de hambre desde el 11 de noviembre de 1918 porque continúa el bloqueo, fueron llevados a la muerte deliberadamente después de su victoria y después de tener más que garantizada su seguridad. Les pido que piensen en ellos cuando hablen de conceptos como el de culpabilidad y castigo".
Francia ha sido el país aliado más beneficiado por las reparaciones económicas, que, además de la reordenación territorial, incluían la entrega de todos los barcos mercantes de más de 1.400 toneladas de desplazamiento y la cesión anual de 200.000 toneladas de nuevos barcos, además de la entrega anual de 44 millones de toneladas de carbón, 371.000 cabezas de ganado, la mitad de la producción química y farmacéutica, la totalidad de cables submarinos, etc., durante cinco años.
En cuanto a las multas, se exigió el pago inmediato de 132.000 millones de marcos-oro alemanes, cifra que Alemania no podía pagar puesto que doblaba sus reservas internacionales, y que aumentarían posteriormente hasta rondar los 300.000 millones de marcos oro.
Para afrontar los pagos, se endeudó hasta lo indecible y así comenzó la inflación que dio paso al hambre y a la desesperación, una experiencia histórica que explica el rigor con el que Alemania impone hoy en la UE políticas que mantengan la inflación a raya.
La hiperinflación de 1923 llegó unos extremos insostenibles para el pueblo alemán. Un dólar pasó a tener un valor en aquel año de 4.200 millones de marcos, el litro de leche, una barra de pan o un paquete de tabaco superaban los millones o billones de marcos. Además, los precios cambiaban constantemente a lo largo del día, los días en los que los trabajadores recibían su sueldo tenían que llevárselo a casa en carretilla e ir comprando algo por el camino porque sabían que, al día siguiente, todo aquel dinero no serviría para gran cosa.
Millones de alemanes quedaron arruinados y la desesperación se apoderó de ellos llegando en muchos casos al suicidio, mientras Francia presionaba para seguir cobrando y llegó a invadir, en 1923, la cuenca del Ruhr, para garantizar los envíos de carbón.
Alemania, ahora, parece haber sacado dos lecciones: nunca más guerra y nunca más inflación.
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