DOS PEÑAS ALTAR INÉDITAS DE ÁVILA
Texto y fotos: Marciano Breña Galán, profesor de Historia (Enseñanza Secundaria)
La provincia de Ávila atesora un
vasto patrimonio arqueológico vinculado a los pueblos prerromanos,
especialmente vetones; en él se incluyen las peñas sacras, que son peñas
asociadas a ritos o mitos ancestrales. Las más de 1.300 peñas sacras identificadas
en la Península Ibérica ofrecen una realidad compleja y, para simplificarla, se
han clasificado en unos 24 tipos que conforman seis grandes grupos, según su
función. Uno de esos grupos corresponde a los altares rupestres o peñas altar.
Con el precedente de las dos peñas altar
de Navalterreros (Bonilla de la Sierra) más la de Hoyocasero, que se publicaron
en Diario de Ávila durante 2010, vamos a presentar ahora otras dos en este
mismo medio: una está en la Mesa de Miranda (Chamartín) y la otra, en Barajas
(Navarredonda de Gredos). Si se repasan los trabajos de Fabián, J. F. (2010), Delgado Correia, M. J. (2015), Caballero, J. y Mariné, María (2021) y Almagro-Gorbea, M. (2022), así como, además,
otros artículos centrados en concretas peñas altar, podemos concluir que se
trata de dos peñas altar inéditas. Ambas presentan connotaciones simbólicas y
pertenecen al tipo Lácara, lo que
lleva a pensar en una mayor antigüedad que el altar de Ulaca; sus dataciones
pueden corresponder al período que va de la Edad del Bronce a la Primera Edad
del Hierro.
PEÑA
ALTAR DE MESA DE MIRANDA
Situación
La peña altar de la Mesa de Miranda está
situada dentro del conjunto del castro vetón allí existente, concretamente en
el llamado primer castro, que debió de ser el lugar de la primera ocupación por
sus habitantes. Oculta por el espeso arbolado, pasto y maleza, dista menos de
diez metros de la alambrada actual, que sigue la línea de muralla por la cara
este del castro. Dista también, en línea recta, 610 metros de la escultura de
verraco conservada dentro del castro. Es decir, se sitúa en el área más alejada
de las puertas de la muralla. Está cerca del extremo norte del espigón desde el
que se puede contemplar la junta de los dos ríos que rodean el castro, el
Matapeces y el Río Hondo. Desde lo alto de la peña se contempla en toda su
amplitud la llanura de explotación agrícola y también con enormes manchas de
encinas que se extiende al norte del castro de Miranda. Sus coordenadas son 40º
43’ 35.8961’’ N y 4º 56’ 47.4266’’ W.
Descripción
Es una peña natural de granito con forma
tronco piramidal irregular, de cinco caras casi planas, con la parte de arriba
también plana.
En la cara
sureste, de 160 cm. de alto, hay una especie de semiescalera formada por
tres entalladuras, o casi escalones. Las dos primeras están al mismo nivel y
son trabajadas por el hombre y la tercera, más amplia, pudiera ser de formación
natural. Un entalle más, el cuarto, muy pequeñito y a la izquierda,
prácticamente era un agarradero de mano. Esta cara es la que mayor facilidad
ofrece para acceder a la parte alta, pues está inclinada hacia el interior de
la peña y sus entalles son los más fáciles de utilizar. Yendo en giro horario,
la cara suroeste, algo triangular y
con 180 cm. de altura, carece de entalle pues tiene una inclinación convexa,
con su parte superior más afuera que la base. En la cara oeste, con 155 cm. de alto, hay tres entalles probablemente
provocados por la mano del hombre.
En la cara
norte, de 295 cm. de alto, hay cuatro entalles: uno, bajo, hacia la
izquierda; otro, ascendiendo, más bien hacia el lado derecho, y el tercero,
poco profundo y hecho por mano humana, por encima del anterior, ocupando la
mitad derecha según miramos hacia la peña. Añadimos en el lado derecho muy
abajo, a unos cuarenta centímetros del suelo, un entalle minúsculo que sería
como un primer escalón para impulsar y poder alcanzar el que hemos señalado
como segundo nivel. De esta manera, se podría también acceder por esta cara,
pese a su altura. En la cara noreste
también hay un entalle para subir, con lo que se accede a la parte de arriba
casi por todos los lados.
En la parte
de arriba hay una superficie plana en forma de triángulo, cuyos lados miden
120 cm., el sureste; 150 cm., el oeste, y 155 cm., el norte. Se detecta una
pequeña cresta, de 95 cm. de largo, próxima al lado o borde sur. En el lado
norte de la superficie tenemos un rebaje triangular, con 40 cm. en cada lado;
este rebaje puede ser natural pero también impulsado por la mano del hombre.
Función
En la parte de arriba de la peña se
procedería al sacrificio de algún animal o a la quema de productos agrícolas
como dedicación u ofrenda a la divinidad. La pequeña cresta y el pequeño rebaje
de arriba servirían para una mejor colocación del cuerpo del animal a
sacrificar.
En la cara sureste, el entalle de la
derecha del tercer nivel en su extremo, donde hace la peña un giro, presenta
una explanación mayor que serviría como soporte de algún recipiente para recoger
la sangre del animal.
En la esquina de la cara norte con la cara
oeste hay un pequeño canal que viene de arriba y después de una pequeña
protuberancia sigue para abajo con otro canal, probablemente natural, que
vierte a una base, una pequeña ménsula, en donde se podría también situar algún
recipiente donde recoger la sangre de la víctima. No se ve en los alrededores
algún tipo de pileta, como sí se encuentran en otras peñas altar; esa ménsula
con un recipiente haría las veces de pileta.
Éste debe ser uno de los puntos más
antiguos de culto que hubiera en todo el emplazamiento. Es más, nos arriesgamos
a decir que pudo ser incluso el inicio para que se ubicara, a su alrededor, un
núcleo poblacional. Utilizado en tiempos anteriores a la época vetona, a él
acudirían los habitantes repartidos en hábitats dispersos y poco a poco iría
surgiendo un conjunto de viviendas. Esta concentración pudo iniciarse por la
presencia allí de un cuerpo sacerdotal, que realmente existía y estaba
encargado de cultos astrales referidos a Venus y a Orión, como han mostrado
Baquedano y Escorza (1998, 2009), y que más tarde organizó el territorio
funerario de la Osera, situado al otro lado del castro.
Aprovechamos para pedir a la
Administración que facilite a los visitantes del castro la visita a esta peña
altar, para lo cual se debe modificar el trazado del itinerario que está
marcado con hitos metálicos.
PEÑA
ALTAR DE BARAJAS
Situación
La peña altar de Barajas está al lado de
la carretera AV-P-510, km. 17’8, antes de llegar al puerto de Cañada del Horno,
a dos kilómetros y medio de la carretera AV-941. Dista 12 metros de la mediana
de la carretera y desde ella, hacia el este, se divisa la cota de Peña Aguda. Sus
coordenadas son 40º 22’ 55.4192’’ N y 5º 9’ 4.0928’’ W.
Descripción
La piedra
base, que aflora en la superficie, tiene unos 9 metros de largo en sentido
este-oeste y 5 metros de ancho, norte-sur. Sobre ella hay dos peñas, o bolos,
desiguales y con una separación de entre 15 y 20 cm. La peña pequeña, al lado oeste, tiene una altura de 130 cm. por su
cara sur y 115 cm. por su cara norte; su parte superior mide 170 cm. de largo,
norte-sur, por 130 cm., este-oeste.
La peña
grande presenta, en su cara norte, unas entalladuras insculpidas o
estribos, a modo de escalera para subir. Desde la piedra base hay 60
centímetros hasta el inicio del primer estribo, el cual tiene unos 30 cm. de
alto por 20 cm. de ancho máximo. El segundo estribo está inmediatamente situado
encima, con un ancho máxima de 25 centímetros. Unos 40 cm. (medidos sobre la
propia superficie inclinada) por encima del extremo superior de este segundo
estribo aparece el borde de una pileta situada la parte de arriba. Tal cubeta,
de forma ovoidal, mide 50 cm. por 40 cm. siendo el diámetro más largo es el que
continúa la línea de los estribos.
La superficie
de arriba, muy irregular, mide 280 cm. de largo, este-oeste, por 180 cm. de
ancho, norte-sur. Detrás de la cubeta, según subimos, hay un pequeño vértice
natural, con altura de 10 cm. sobre el borde de aquélla. De la piedra base a este
vértice hay un desnivel de 2 metros; ésta es la altura de la peña grande. Si,
subidos en la peña, miramos hacia el norte, a la izquierda en sentido noroeste
de esta cubeta sale un pequeño surco, trabajado a mano, de 65 cm. de largo por
25 cm. de ancho.
A la derecha del vértice hay un pequeño
hoyo troncocónico trabajado a mano, cuyos bordes tienen dos diámetros de 20 cm.
y 17 cm. De este pequeño hoyo sale un pequeño surco hacia una segunda cubeta
natural, no cerrada sino abierta, que está en el borde de la peña que mira
hacia el este; sus diámetros son de 70 cm. (el longitudinal a la peña) y 40 cm.
Esta segunda cubeta está enmarcada en una
superficie que tiene un reborde rectangular trabajado a mano en forma
rectangular. La parte norte del reborde tiene dos lados en ángulo recto; el
lado norte mide 40 cm. y el otro cateto, 55 cm. Tal ángulo recto del reborde
sirve como agarradero a la hora de subir y poner los pies sobre los escalones.
Desde el borde de la segunda cubeta hasta
la piedra base, por la cara este de
la peña altar, hay un desnivel de 125 cm. En esta cara este, a 20 cm. por
debajo de la segunda cubeta y ligeramente desviada hacia el norte, hay una
tercera cubeta, con diámetros de 35 cm. y 30 cm.
Por dicho lado este, sobre la piedra base
hay un surco de 2 metros de largo, paralelo a la peña que conduce a una pequeña
cuenca de recepción, quizás generada de forma natural y con diámetros de 80 cm.
por 65 cm. De ella sale un breve canalillo de drenaje, trabajado. Si nos
retiramos unos pasos, la peña recuerda, en pareidolia, a una cabeza de felino.
Al norte de la peña altar, distante 10
metros, hay una piedra de 210 cm. en eje norte-sur por 120 cm. de ancho, que
contiene dos cazoletas, separadas
por 50 cm. La mayor tiene mide 20 cm. por 15 cm. La menor tiene un diámetro de
10 cm. en su borde más exterior, circular.
Función
Esta peña altar está junto al camino que
los ganados y sus pastores usaban para ir desde el valle del Tormes al valle
del Alberche. Cerca estaba el cruce con otro camino ganadero, el que va de
Piedrahita al puerto del Pico, tras conectar con la vía de El Barco a Venta
Rasquilla (a la altura de la iglesia de San Benito, sucesora quizás de otra
peña altar). Es un lugar estratégico, a donde los rebaños trashumantes, acabada
la temporada de nieves, llegaban con el solsticio de verano; este punto es
apropiado para observar todo el trayecto del sol durante el día más largo del
año, con las cumbres de Gredos al sur. Después, al llegar las primeras nieves,
los ganaderos harían ahí ceremonias de despedida antes de marchar a tierras
bajas.
El hoyo troncocónico debía ser el lugar a
donde caía la sangre de la víctima antes de irse por uno de los surcos o donde
se depositaba quizá el corazón del animal. La tercera cubeta, aunque
probablemente natural, también podía ayudar a la recogida de líquidos o
soportar algún recipiente. La pequeña cuenca de recepción de la piedra base en
el lado este sería el punto donde los devotos tomarían con sus dedos sangre
para purificarse, quizás a modo de esquemático taurobolio. Como los cultos
mitraicos, el de aquí estaba relacionado con los astros, empezando por el Sol.
La presencia de cazoletas al lado de la
peña altar nos habla de un espacio sagrado complejo. No era necesario que
hubiera alrededor un castro o similar. Bastaba su situación estratégica en un
cruce de vías pecuarias y la disposición de una amplia superficie despejada
apta para una concentración masiva de devotos, tal como hoy las romerías ante
una ermita en medio del campo.
Esta peña altar no está lejos de la de
Hoyocasero, con la que puede estar relacionada. Ambos elementos están marcando
terrenos de pastos unidos por un movimiento estacional del ganado, que se
trataría no de trashumancia sino de transterminancia. El camino que iba al
puerto de Pico sí llevaba a tierras más lejanas.
CONCLUSIÓN
La morfología de estas dos peñas
corresponde con una función similar a la de diversas peñas altar encontradas
tanto en la provincia de Ávila como en otras provincias, siempre en áreas de
raigambre céltica. Hemos intentado no caer demasiado en el uso del condicional
verbal, como es usual en estos casos, porque, aparte de representar un
pensamiento débil, lo consideramos innecesario, una vez que ha quedado
demostrada la función como lugar de sacrificios sagrados, tras los
descubrimientos de la peña altar de Cabezo de las Fraguas y del santuario de
Panoias.
En conclusión, el legado de las peñas altar en
Ávila es una invitación a descubrir un mundo remoto donde piedra y rito fueron
fundamentales para configurar la identidad social y espiritual de los vetones,
dejando en el paisaje una huella
perdurable y fascinante para historiadores, arqueólogos y visitantes. Ese
legado lo vemos incrementado con los dos elementos arqueológicos que hoy hemos
presentado.