domingo, 19 de junio de 2022

Censo andaluz de linces en 2021

En 2021 el lince ibérico ha alcanzado en Andalucía un récord histórico. Hay 522 ejemplares, lo que es el 38,2% del total de la Península Ibérica, que llega a 1.635 ejemplares. Es lo que dice el censo pulicado por la Junta de Andalucía dentro del Plan de Recuperación del Lince Ibérico. La población ha crecido en 16 ejemplares, lo que supone un 3,1 % más respecto a 2020.

Los 522 ejemplares están distribuidos en distintas zonas que hacen una superficie de más de 1.600 kilómetros cuadrados. El número de hembras reproductoras se mantiene la misma cifra que el año pasado, 124, mientras que en toda la Península Ibérica hay un total de 277. Los cachorros de 2022 son 174, frente a los 157 del año anterior.

Los datos del censo 2021 son esperanzadores y positivos, ya que constatan un crecimiento continuo de la población, pese a que hay zonas consolidadas que están llegando a su tope de capacidad de carga.

Por poblaciones, el área de Andújar-Cardeña-Marmolejo-Montoro sigue siendo la que alberga un mayor número de ejemplares, con 200 linces censados el año pasado. El Valle de Guarrizas, en Jaén, es la segunda área con mayor población, con 151 individuos. El Guadalmellato cordobés cuenta con 44 ejemplares. Las subpoblaciones de Andújar-Cardeña, Guarrizas, Guadalmellato y Campo de Montiel -ésta dentro de Castilla la Mancha- funcionan ya como una metapoblación (Sierra Morena Oriental), dado que se ha constatado que hay intercambio genético fluido entre ellas.

En el área de Doñana-Aljarafe los ejemplares censados alcanzan los 94 individuos. En zonas como Las Minas, Setefilla, Pegalajar y Valdecigüeñas-Río Sotillo, esta última compartiendo territorio con Extremadura, el lince se ha establecido de manera natural. Los datos del censo señalan un incremento de ejemplares en todas ellas.

El año pasado se liberaron en el medio natural andaluz cuatro ejemplares (tres en la zona de Guarrizas y uno en Las Minas, en la Sierra Norte de Sevilla). En la Península se soltaron 30 individuos, todos procedentes del programa de cría en cautividad.


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jueves, 31 de marzo de 2022

Inflación, inflación

Los 3 máximos históricos del IPC en los últimos 37 años, han sido cuando gobernaban:

en 1992, Felipe González: 6,9%

en 2008, Rodríguez Zapatero 5,3%

en 2022, Pedro Sánchez 9,8%



Félix a un pastor sobre el lobo

Félix Rodríguez de la Fuente fue el verdadero impulsor de la defensa del lobo en España. Sin embargo, no era un dogmático, aunque algunos pudieran entender que él ponía al lobo por delante de los intereses de la gente del campo, de los ganaderos.

En una época en que no se daba importancia a la desaparición de una especie animal y cuando no existían las indemnizaciones de la Administración por daños en la ganadería o en la agricultura, debe entenderse como lógica la insistencia de Félix en que hay que evitar que el lobo desaparezca y que es necesario compensar por los daños que una especie provoque en la economía de ganaderos y agricultores.

Ahora bien, Félix no se oponía sino que, al contrario (¡al contrario!), apoyaba las batidas al lobo cuando las indemnizaciones no llegaban o eran insuficientes. Además, reconocía que probablemente era necesario llegar a la conclusión de que el lobo no puede expandirse por cualquier lado sino que debe ser limitado a zonas donde no provoque daños a nadie.

La prueba es el audio extraído de uno de sus programas de radio (en Radio Nacional de España) en donde conversa con un pastor de las montañas cantábricas y le explica su postura ante la problemática de que el lobo le está quedando sin vacas y que las indemnizaciones son más que insuficientes.

https://go.ivoox.com/rf/84968367

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miércoles, 23 de marzo de 2022

Pradilla: "La rendición de Granada"

El año pasado (pasado por la pandemia) se cumplieron cien años de la muerte del pintor aragonés Francisco Pradilla Ortiz, el autor español que, dentro del género de pintura de historia, cosechó mayor reconocimiento nacional e internacional. En concreto, su obra "Doña Juana la Loca" recibió el máximo galardón, la Medalla de Honor, en las exposiciones Nacional de Madrid de 1878 y Universal de París de ese mismo año.

Con motivo del centenario referido, ahora el Museo Nacional del Prado presenta en la sala 60 del edificio Villanueva la exposición "Francisco Pradilla (1848 - 1921), esplendor y ocaso de la pintura de historia en España", que incluye ocho obras del pintor. Esta exposición, junto al gran cuadro "Doña Juana la Loca" y su boceto, que están expuestos en la sala 75, permite recorrer la trayectoria como pintor de historia del que también fue director de nuestra gran pinacoteca entre 1896 y 1898. La muestra estará visitable entre el 21 de marzo y el 23 de octubre de 2022.

Sin embargo, ahora nosotros, en nuestra particular celebración, vamos a referirnos a una obra que no está en el Museo del Prado. Se trata de "La rendición de Granada". 

El cuadro "La rendición de Granada" ha sido durante muchos años ilustración indispensable en los libros de Historia de los colegios. Este óleo es la joya más preciada de la colección artística que se guarda en el Palacio del Senado y la más espectacular que un pintor español llevó a cabo, dentro del género, durante el siglo XIX. Su fama, sustentada en su fastuosidad escenográfica y en su minuciosidad descriptiva, hace que este cuadro trascienda los valores plásticos.

El 17 de agosto de 1878, unas semanas después del triunfo que había obtenido su cuadro "Doña Juana la Loca" en la Exposición Nacional arriba referida, el artista recibió el encargo del Senado, "como representación de la unidad española y punto de partida para los grandes hechos realizados por nuestros abuelos bajo aquellos gloriosos soberanos".

Pradilla empezó a pintar el cuadro, de 330 x 550 centímetros, en Granada, con el objetivo de conseguir los datos más precisos sobre el paisaje, la arquitectura y el ambiente atmosférico que necesitaba la escena, aspecto esencial dentro del realismo pictórico. En la carta de entrega señaló: "Estoy contento de la tonalidad del aire libre como conjunto, de haber conseguido detalle dentro de éste y de la disposición general como perspectiva exacta y como ceremonia". Para el pintor, el sentido realista no excluía la poesía y la grandeza con que se nos presenta envuelta la Historia, aludiendo al carácter imaginario de la escena representada. Por eso no era improcedente la elaboración final del cuadro en Roma, desde donde Pradilla envió el cuadro al Senado, acompañado de la carta fechada el 13 de junio de 1882.

En tal carta se hace una descripción, indispensable para entender tanto la pintura desde un punto de vista iconográfico como sus deseos de impresionar a los comitentes.

La composición es un segmento de semicírculo, que el ejército cristiano forma desplegado, paralelo a la carretera. En medio del semicírculo están los caballeros, guardando a las damas de la Reina; ésta, el Rey y sus dos hijos mayores están situados delante, con los pajes y reyes de armas a los lados.

Boabdil avanza por la carretera a caballo hasta los Reyes, con ademán de apearse; el Rey Fernando le contiene. Con el Rey Chico vienen, a pie según las capitulaciones, los caballeros de su casa.

Está el diámetro del semicírculo algo oblicuo a la base del cuadro y esta disposición permite que los tres Reyes se presenten más visibles al espectador; a ello contribuyen también las respectivas notas de color: blanco-azul-verdastro, la Reina y su caballo; rojo, el Rey Fernando, y negro, el Rey Chico.

Se presenta en el cuadro por orden, primero, un heraldo ("rey de armas", según el pintor) a tamaño natural, figura voluminosa que puede parecer excesiva a causa del sayal y dalmática que lo cubren y del menor tamaño del vecino paje de la Reina.

Sigue este paje, que sujeta el caballo árabe de la Reina, el cual es blanco, está piafando y da lugar al movimiento erguido de Isabel. La reina viste saya y brial de brocado verde gris forrados de armiño, manto real de brocado azul y otro con orlas de escudos y perlas; porta cetro y ciñe la tradicional toca y la corona de plata dorada.

Sigue su hija mayor Isabel, viuda reciente del Rey de Portugal; viste de negro y monta una mula baya. Después, el Príncipe Don Juan, sobre caballo blanco y coronado de diadema.

Como los hijos están entre los Reyes, sigue Don Fernando (siempre con la disminución en perspectiva), cubierta su persona con manto veneciano de terciopelo púrpura contratallado (que usaba con frecuencia); monta un potro andaluz, cubierto de paramentos de brocado. Su paje, que tiene el caballo por las bridas falsas, contempla admirado al Rey Chico.

Corresponde después el otro heraldo y detrás está, entre Torquemada y varios Prelados, el confesor de la Reina.

Volviendo al heraldo, los caballeros que hay al margen del cuadro son: el Conde de Tendilla, cubierto de hierro, montando un gran potro español; el gran Maestre de Santiago, sobre un potro negro; Gonzalo de Córdoba, que conversa con una de las damas; el de Medina Sidonia y otros caballeros. Detrás de Don Fernando, el Marqués de Cádiz y los pendones de Castilla y de los Reyes.

Hay cipreses detrás de la Reina para destacarla por claro en su masa sombría y para caracterizar también el país.

Boabdil es representado utilizando como modelo al catedrático de Medicina don Benito Hernando Espinosa, con su barba puntiaguda. Va al trote de su caballo negro árabe de pura sangre, ligeramente paramentado, avanza y sale de la carretera, inclinándose para saludar al Rey y entregarle las dos llaves que traía. El paje negro que guía su caballo camina inclinado, confundido entre la grandeza de los Reyes cristianos.

En los caballeros moros que vienen a pie detrás del Rey Chico se manifiestan los diversos sentimientos con que se encontrarían poseídos en semejante trance, más o menos contenidos en la ceremonia.

Completan el cuadro: trompeteros y timbaleros en el ala del ejército cristiano, que a lo lejos se divisa, entre Boabdil y el Rey Cristiano; comitiva de moros; un alero de la Mezquita; los chopos que indican el curso del Genil, que no se ve por correr profundo y en el fondo; la Antequeruela con sus muros; parte de Granada; las Torres Bermejas y de la Vela, que, con parte de los Adarbes, es lo único que se divisa de la Alhambra desde este punto. El punto de vista del pintor se estableció en la ermita de San Sebastián.

Pradilla se documentó concienzudamente en la reproducción de objetos históricos de la época. Por ejemplo, la corona y el cetro de la reina Católica, que se conservan en la Capilla Real de Granada, la espada de ceremonia de Fernando, que se guarda en Toledo, y la espada del monarca nazarí, que se guarda en el Museo del Ejército, son, entre otras, referencias utilizadas por el pintor para proporcionar verosimilitud arqueológica. También se documentó en los textos históricos que relataban el acontecimiento, en los que, por cierto, no se alude a la presencia de la reina Isabel en el momento de la entrega de llaves, la cual, aunque fuera licencia del pintor, se justificaba por la verdad del mensaje.

Hizo varios estudios previos a la realización de la pintura, lo que demuestra el esfuerzo metódico llevado a cabo por el artista hasta alcanzar el resultado final. Las caras de los Reyes Católicos son sacadas de los relieves existentes en la Capilla Real, obras de Vigarny y Alonso de Mena. También de la Capilla Real son las dalmáticas que sirvieron para vestir a los heraldos.

Desde un punto de vista formal, la obra evidencia la insuperable habilidad técnica de Pradilla para reproducir con la máxima fidelidad las cualidades de las cosas. De la indumentaria a la naturaleza y de los animales a la arquitectura, todo tiene la calidad sensorial que visualmente se le supone, en un alarde fastuoso que llega a ocultar lo decorativo y artificioso que pueda haber en la escena.

La monotonía de los rostros de la familia real, todos de perfil y extraño rictus en sus labios, puede ser defecto insignificante ante un conjunto tan esplendoroso. Los detalles del primer término, el barro del camino o las matas de hierba, los brocados, las túnicas o las armaduras de los ejércitos que aguardan, están ejecutados con una maestría y jugosidad tal que, por sí solos, bastarían para acreditar a un gran pintor.

La obra no figuró en ninguna exposición nacional (salvo, de manera retrospectiva, en la Internacional de 1892) pero tuvo desde el primer momento una gran difusión pública. Fue presentada primero en Roma, donde ya obtuvo el aplauso de la sociedad romana, y poco después en el propio Salón de Conferencias del Senado, donde acudió a contemplarla el Rey Alfonso XII, que concedió a Pradilla la gran cruz de Isabel la Católica.

El Senado aceptó la petición de Pradilla de aumentar la cantidad previamente estipulada como pago y votó abonarle el doble. La prensa habla de "masas que acudían a contemplar el lienzo y se extasiaban ante aquellos prodigios de color y primorosos detalles".

Casi inmediatamente después sería exhibida en Munich, en 1883, lo que ocasionó un debate en el Senado sobre la conveniencia de su préstamo, para lo que tuvo que intervenir el propio pintor, ofreciéndose incluso a remediar el daño que pudiera sufrir. Un poco más tarde, en 1889, se exhibió en la Universal de París.

El cuadro ha merecido un respeto bastante unánime desde su presentación pública. Varias réplicas realizadas por Pradilla y numerosas copias posteriores demuestran la celebridad alcanzada por esta obra.

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sábado, 15 de enero de 2022

El castillo de Matrera

El castillo de Matrera está en lo alto del Cerro Pajarete, ocupando la pequeña explanada de la cumbre o mesetilla para dominar una amplia panorámica.

Se han encontrado restos cerámicos tartésicos e ibéricos, que más bien serían turdetanos. En el siglo IX el castillo fue construido por Omar ben Hafsun, jefe muladí levantado contra el emirato de Córdoba.

En 1256 la Orden de Calatrava lo conquistó y al año siguiente lo recibió en donación de Alfonso X el Sabio.

Tras aguantar varios ataques musulmanes, incluido el de los mudéjares sublevados en Jerez el año 1261, en 1322 la Orden de Calatrava lo perdió.

El rey Alfonso XI lo reconquista definitivamente en 1341 y al año siguiente lo dona a la ciudad de Sevilla, junto con los terrenos circundantes, el llamado Campo de Matrera, que incluían lo que hoy es el término municipal de Villamartín y el de Prado del Rey.

Volverían nuevos ataques procedentes del reino nazarí de Granada, como el del año 1408, cuando fue defendido por el infante don Fernando, y el del año 1445, cuando el conde de Arcos lo defendió del asedio del rey Aben Ozmín.

Se distingue la Torre del Homenaje, rodeada de una inmediata muralla y torreones, y una explanada circundada de una gran cerca o muralla donde aparecen dos puertas, una al sur y otra al oeste. El eje mayor de la explanada mide unos ciento ochenta y cinco metros y la cerca o muralla mide más de quinientos metros de largo, de manera que el espacio interior permitía la existencia de un núcleo de población, como una auténtica alcazaba.

La torre del homenaje está en el punto norte de la mesetilla y tiene planta rectangular, de quince por diez metros. Está construida con mampostería y las esquinas llevan sillares. Tiene dos plantas, cubiertas con bóvedas de cañón a base de hiladas de aproximación, de lajas de piedra la baja y de ladrillos la alta. Su cara oeste presenta dos ventanas saeteras y su cara sur, una.

El muro que circunda la torre del homenaje fue construido en su parte baja con tapial, de raigambre almohade, y en su parte superior con mampostería, aunque ésta puede ser fruto de una restauración cristiana.

La cerca o muralla conserva seis cubos o torres adheridas; dos al norte, dos al sur y dos al oeste. Cada una de las dos puertas del recinto se flanquean también con dos cubos. Las puertas tenían vano de acceso en forma de arco, conservándose algún indicio de arranque.

El estado del castillo es ruinoso. La torre está derruida en más de su mitad y los muros inmediatos están fragmentados y casi desaparecidos. La cerca o muralla está muy rebajada y presenta grandes brechas.

La fortaleza fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985 pero el estado de abandono es deplorable.

De ser duramente criticada por los expertos al doble galardón internacional. La controvertida restauración del Castillo de Matrera de Villamartín, Cádiz, se ha alzado con el American Architecture Prize en la categoría de Arquitectura de Patrimonio. La obra suma este galardón al conseguido el pasado abril, cuando ganó el premio internacional de arquitectura Architizer A+ en la categoría de Preservación. Frente a las críticas, que llegaron a comparar la restauración con la malograda pintura del Ecce Homo de Borja (Zaragoza), el arquitecto responsable del proyecto, Carlos Quevedo, ya defendió que el proyecto supuso “un gran esfuerzo” y fue un trabajo “riguroso".

Las obras de rehabilitación de la torre Pajarete han conseguido la medalla de oro en la categoría de patrimonio tras competir, entre otros proyectos, con la rehabilitación del Pushkinsky International Cinema Hall de Moscú o el proyecto The Periscope Tower, en Finlandia. Según la web de los premios, la esencia del trabajo de Quevedo "no pretende ser una imagen del futuro, sino más bien un reflejo de su propio pasado, de su propio origen". Y este reconocimiento no tiene por qué ser el último. La obra también está nominada a los premios Mies Van Der Rohe de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea.

La restauración del recinto gaditano fue duramente criticada por expertos como la asociación Hispania Nostra, una entidad de carácter no lucrativo dedicada a defender el patrimonio cultural y natural español. "Es una vergüenza para España, un desprestigio. Se ha llevado al extremo la legislación sobre restauración que obliga a distinguir las partes nuevas de las originales y se ha dañado el entorno con una cosa blanca, enorme. La actuación va en contra de toda norma, incluso, de la ley de patrimonio andaluz", denunciaba el vicepresidente de la organización, Carlos Morenés.

 

Sobre el proyecto, Quevedo apunta que, además de consolidar los muros, se ha recuperado la volumetría que había perdido la torre. Para ello, los muros originales se han levantado con una reconstrucción que trata de dar idea de su volumen original, realizada con restos de los materiales originales, revestidos con mortero de cal blanco. Este material, habitual en las restauraciones, se eligió para distinguir la parte nueva de la original, como marca la ley. “Creemos que todas las opiniones son respetables y que cualquier debate es enriquecedor. La arquitectura es una disciplina mucho más completa de lo que se puede sacar de una simple imagen”, sostuvo el arquitecto tras ganar el primer premio.

Pese a las críticas, la obra contó con el visto bueno de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que aseguró que el seguimiento de la obra por parte de la delegación territorial "ha sido constante" y que el proyecto contó con el visto bueno de la Comisión Provincial de Patrimonio en octubre de 2013 al cumplir los requisitos de la Ley de Patrimonio Histórico.

El estudio Carquero presentó su trabajo el pasado enero, antes de que saltara la polémica, y fue seleccionado por un jurado de profesionales acreditados como uno de los cinco finalistas en su categoría. Quevedo no cree que el revuelo mediático que levantó la consolidación de la torre influyera decisivamente en la votación ya que el plazo para votar se cerró el 1 de abril, apenas unos días después de que se extendiera la noticia de que optaba al premio. «El premio es un reconocimiento también para los propietarios del castillo de Matrera y para la empresa constructora Arcobeltia», subraya el arquitecto, que evita responder a las críticas.

«Cualquier opinión siempre es respetable y el debate enriquecedor», asegura. Lejos de perjudicarle, la polémica «nos ha favorecido», sostiene Quevedo. «Hemos establecido muchos contactos con otros estudios y profesionales dentro y fuera de España, que quisieron expresarnos su apoyo».

La esencia del proyecto no pretende ser, por tanto, una imagen del futuro, sino más bien un reflejo de su propio pasado, de su propio origen. Con referencia brandiana, este proyecto pretende mirar al restablecimiento de la unidad potencial del monumento sin acometer un falso histórico ni cancelar cada trazado del pasaje de la obra en el tiempo. Se intenta abordar la obra como reconocimiento al monumentum (memoria) en su consistencia física y en su doble polaridad, estética e histórica, con vista a su transmisión al futuro.

Fue muy denostada en su momento, pero la restauración del Castillo de Matrera (Cádiz) acumula ya varios premios. El último, el «American Architecture Prize», reconoce que el trabajo realizado por el estudio Carquero «no pretende ser, por lo tanto, una imagen del futuro, sino más bien un reflejo de su propio pasado, de su propio origen», apunta la web del premio. El responsable del proyecto, Carlos Quevedo Rojas, ya defendió en este periódico las intenciones de su trabajo. « Detrás hay 5 años de trabajo, un proyecto exhaustivo hecho con rigor, donde todo tiene un porqué», dijo. No obstante, días antes, la asociación para la defensa del patrimonio Hispania Nostra, definió la reforma del castillo como «demencial».

Esta restauración generó una gran polémica tanto en España como fuera de nuestro país. La controversia llegó hasta The Guardian, que publicó un artículo en el que hablaba sobre dicha polémica y acerca de la mala conservación del patrimonio nacional español.

El arquitecto Carlos Quevedo no oculta su enorme satisfacción, mayor si cabe por la polémica que suscitó su trabajo. La controvertida restauración del castillo de Matrera, que algunos llegaron a comparar con el «Ecce Homo» de Borja, ha sido galardonada con un premio internacional de arquitectura Architizer + en la categoría de «Architecture + Preservation». La consolidación de esta fortaleza próxima a Villamartín (Cádiz) ha sido la elegida por votación popular en estos premios que han contado con 400.000 votos de más de 100 países. «Estamos muy contentos», reconoce Quevedo, que ya prepara su viaje a Nueva York para la gala de entrega que se celebrará el próximo 12 de mayo. El Architizer es un reconocimiento internacional sin dotación económica, pero con gran prestigio. El castillo de Matrera figurará en un libro junto al resto de obras de arquitectura premiadas.


Desde lo alto del cerro Pajarete hacia el sur se puede contemplar muy próximo el caserío de Prado del Rey.


Mirando hacia el oeste se nos presenta el pueblo de Villamartín.


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jueves, 13 de enero de 2022

A Benajima, en Arcos de la Frontera

En tiempo de invierno, en enero, hemos decidido realizar una marcha a pie para visitar la laguna de Benajima en el término de Arcos de la Frontera. Es un humedal gaditano con nombre de fuerte raigambre árabe.

La ruta comienza pasado el punto kilométrico 16 de la carretera A-372, de Arcos a El Bosque. Es un cruce de la carretera con una pista de tierra, antiguo camino de Algar a Villamartín. Si tomáramos a la izquierda llegaríamos a Las Pedrizas, y por ahí a Villamartín, pero vamos a tomar a la derecha y unos letreros nos indican que es el camino que va hacia la finca El Soto y hacia La Higuera.

Una vez tomada esta pista de tierra, a la derecha vemos en lo alto de la loma la casa del Pan de Higo. El paisaje en esta época del año presenta una dulzura visual que puede recordar al de la campiña inglesa. En realidad, cualquier época es buena para salir al campo.

Junto al camino podemos ver algunos ejemplares de lentisco bien desarrollados; tampoco faltan los palmitos. La alambrada del borde izquierdo se sustenta con palos o estacas de acebuche, como siempre fue tradicional en el campo andaluz, aprovechando la valiosa cualidad de esta madera de ser imputrescible, con lo que las estacas duran hincadas en el suelo muchos años, más que los postes de hierros que sucumben a la oxidación.

El sembrado presenta entre el verde unos surcos negros de tierra recién levantada. Es el destrozo que hacen los jabalíes, que ya constituyen una auténtica plaga para los campos de cultivo y para los de pasto.

A la izquierda hay una finca de aprovechamiento ganadero donde vemos una piara de cerdos ibéricos, con sus hocicos agudos y sus orejas caídas tapándole los ojos.

También a la vera del camino, algunos ejemplares de acebuche muestran orgullosos su porte, ganado a lo largo de muchos años, quizás cientos.

Seguimos y unos metros más adelante, a la izquierda, observamos un pozo con unas pilas anejas, las dos primeras de piedra caliza y luego una larga de hormigón en forma de medio tubo, artesanía cantera junto a manufactura moderna.

Cuando llevamos recorridos novecientos metros desde la carretera llegamos a la colada del Palo en el punto en que está la entrada al cortijo El Soto, entrada cuya cancela impide el paso por lo que fue siempre un camino público que por ahí llevaba a Algar. Cogemos dicha colada del Palo para la izquierda; se trata de la vía pecuaria que unía Arcos con Ubrique antes de que se construyera el embalse de los Hurones.

Cruzamos el arroyo de la Parra, que a partir de aquí lo vamos a ir viendo a la derecha, paralelo al camino, durante un kilómetro y medio mientras dejamos a la derecha las tierras de la Carrascosa.

El camino tiene a veces tramos rectos en los que llanea agradablemente, mientras lo acompañan quejigos que en esta época muestran sus características agallas.

También abundan las encinas. Algunas se presentan mancas de sus ramas principales, a consecuencia de podas agresivas realizadas cuando se carboneaba.

La colada sufre en algunos puntos estrechamientos, por invasión de las fincas colindantes. La que tenemos a la izquierda se conoce como Rodahuevos.

Así mismo vemos en otros puntos un ensanchamiento muy localizado, más bien recuperación de su anchura original, posiblemente obligado por necesidades de la entrada a la finca limítrofe.

La marcha incluye cuestas que hacen forzar la respiración, pero no son nada del otro mundo.

A la izquierda descubrimos un abrevadero, hecho de obra y posiblemente surtido por un pozo de sondeo.

En ese mismo punto, a la derecha se ve un abrevadero hecho de hierro y con carácter portátil, que se nutre con lo que aporta un tubo de goma que, travesando el camino, viene del abrevadero de la izquierda.

Unos metros más arriba aparece a la izquierda un pozo, con brocal de ladrillo, del que ahora pensamos que puede salir el agua que los animales beben en el abrevadero que hemos visto antes.

Hay un desvío a la izquierda que lleva al Cortijo Sierra y Lago pero nosotros seguiremos de frente.

Afrontamos un último repecho a la altura del paraje llamado la Roza Larga, que es lo que vamos dejando a la izquierda.

La cuesta abajo, caritativa, nos enfila al último desvío, que sí cogeremos. A lo lejos, en el horizonte, vemos a la izquierda el perfil de la Sierra de la Silla.

Llegamos a un punto donde a la izquierda sale un carril que, tras doscientos metros, nos llevará a la laguna.

En el comienzo de este carril hay una doble fila de pacas grandes de paja vieja.

Quedan ya pocos metros para llegar a nuestro objetivo, con un espacio algo abierto y un cerro, la loma de Los Gallegos, al fondo,

pero antes de llegar giramos la vista a la izquierda y, a una distancia corta, vemos un abrevadero en cota un poquito más elevada que nosotros.

Llegamos, por fin, a la laguna de Benajima. Se trata de una laguna endorreica porque no tiene salida del agua y se llena básicamente con las lluvias. Muy próximo a ella pasa el arroyo de Benajima, que pese a la identidad de nombre no funciona como canal de desagüe. Los endorreísmos constituyen sistemas ecológicos con características propias, derivadas de su temporalidad, de sus ciclos estacionales.

El nivel del agua está bajo porque ha llovido muy poco en lo que va de invierno.

La laguna está repleta de plantas acuáticas, principalmente la enea.

A la derecha, mirando conforme hemos llegado, pasa un camino.

Una sorpresa poco agradable nos interrumpe en nuestro recreo visual; es una cárcava que se está aproximando a la orilla de la laguna. Si avanza, y llega a romper el dique perimetral, el agua saldrá por ahí y no podrá alcanzarse un nivel óptimo aunque llueva mucho. Lo malo es que parece que esta cárcava ha sido producida artificialmente.

Toca volver.


Entre la ida y la vuelta habremos hecho nueve kilómetros y medio. Es un buen ejercicio.