miércoles, 28 de mayo de 2014

Homenaje a Luis Parra Jerezano en Madrid

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El día de la confirmación

Estamos celebrando una fecha muy importante para Luis Parra Jerezano, los cincuenta años de su confirmación. El día de la confirmación es tan importante como el de la alternativa.

Fue todo muy rápido. Estuvo de novillero con caballos tres años, 61, 62 y 63; en total hubo unas 110 novilladas, alcanzando la cabeza del escalafón. Entonces tomaban la alternativa sólo los que estaban muy preparados. Tras la alternativa en Jerez, el 1 de mayo, tuvo sólo dos corridas, en Sanlúcar y en Cádiz, casi de trámite. Ordóñez, que era el apoderado, tenía programada dos corridas en Madrid. La confirmación sería el 28 de mayo, con toros de Núñez Hermanos; el padrino, Gregorio Sánchez y el testigo, Manuel García Palmeño, de Palma del Río. Palmeño había toreado de novillero con él varias veces; precisamente se presentó en Madrid con Palmeño y con el mejicano Fernando de la Peña ante novillos de Galache. Con Gregorio no había toreado. El 29 tenían la segunda, con toros de Pablo Romero.

A mediados de mayo Andrés Vázquez y él habían tenido un tentadero y volvían un poco picados. Le dice la señora del apoderado: te veo muy serio. No, no es nada. Andrés saltó con que “resulta que Luis se ha enfadado conmigo”. Interviene Ordóñez: vamos a hacer una cosa para arreglarlo; como toreáis juntos la de Pablo Romero en San Isidro haremos una apuesta. Tú, Carmina, ¿por quién vas a apostar? Yo, por quién voy a apostar, por Luisillo. Bueno, yo por Andrés. ¿Qué nos jugamos? Una cena en el restaurante más caro. ¿El más caro? Sí, vamos a ir al más caro, porque sé que lo vas a pagar tú.

La víspera salieron por la mañana de Jerez, con la cuadrilla completa. Ésta la formaban Mateo Navarro, de Jerez, y Mateo Sánchez Bocanegra, de Alcalá de los Gazules; picadores de categoría. Los banderilleros eran José Ferré “Sentencias”, de Valencia, Juan Antonio Romero, de Jerez, y Juanito Vázquez Garcés, de Sevilla. Llegaron a media tarde y el alojamiento fue en el Hotel Victoria, en la plaza de Santa Ana. Allí se quedaba la mayoría de los toreros. La cuadrilla paraba en un hostal de enfrente. Ferrer sí se quedó con él, porque era mayor y le solía aconsejar.

Por la mañana del día esperado las cuadrillas se van al sorteo y te quedas solo en la habitación. Tomó café en el hall del hotel y se fue a dar una vueltecita. Andaba como sonámbulo; como tenía la corrida metida en la cabeza no veía ni a la gente. Al volver, pide de almorzar. Le trajeron un poquito de pescado cocido; se tomó la mitad porque la otra mitad, en la boca, ni le entraba ni le salía, nada más que de pensar en la tarde. Vuelve la cuadrilla y le hablan de una corrida bonita. Sabía que las corridas bonitas en Madrid no sirven. Sería agradable de cara pero Madrid es muy exigente.





Ordóñez se acercó por allí al mediodía para desearle suerte. A la hora de vestirse llamaron a la puerta unos conocidos de Cádiz. Le desearon suerte; empezaron a hablar de los toreros antiguos y uno de ellos dice que se debe tener cuidado porque “fíjate en lo que le pasó a Manolete”. Ferré, hombre de mucho temperamento, explotó: os voy a decir una cosa; cogéis la puerta y os vais ahora mismo para fuera. Ellos estaban hablando de algo grave sin darle importancia. Tuvo que intervenir para pedirles disculpas. No se debe visitar a un torero en el momento de vestirse.

Sin pensarlo, estaba en el portón de cuadrilla. Hicieron el paseíllo. Echaban los toros para atrás; uno salió cojo, otro perdía las manos en el caballo y a otro no lo veían con una presencia suficiente. Tuvo que torear con el capote cinco toros, los dos que mató (uno era del Hoyo de la Gitana) más otros tres. Era como si hubiese toreado una corrida casi entera con el capote.

Tenía previsto brindar el toro de la confirmación a Orson Welles pero tras el paseíllo don José María Jardón, uno de los empresarios, chileno, le dice que tenía interés en que le brindara a un señor con gafas que había en un burladero y se llamaba Allende. No sabía quién era porque Jardón no le dijo nada más pero se va para él y le dice “señor Allende, tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro”. En el año 73 se entera de que al presidente de Chile lo habían matado en el Palacio de la Moneda. Un día, ante la televisión, le dice a su mujer: este señor es aquel a quien brindé el toro de la confirmación. Chiquillo, cómo va a ser… Al actor americano le brindó un toro más tarde, en la feria de Linares.

Estuvo bien con los dos toros pero no hubo suerte con la espada y pinchó los dos; si hubiera tenido suerte podría haber cortado al menos una oreja a cada toro.

Al día siguiente fue la corrida de Pablo Romero. Le echaron el primero para atrás por escobillado y sacaron uno de Sánchez Rico, que no fue bueno. El segundo de Pablo Romero sí fue bravo, muy bravo; no estuvo mal con él, le pegó media estocada y le dieron una oreja.

Después de la segunda corrida lo llamó Carmen: que te esperamos. El mozo de espadas de Ordóñez lo llevó a Horcher. Cenaron el matrimonio y él. Pagó Antonio.





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viernes, 16 de mayo de 2014

Aniversario de la muerte de Joselito

El 16 de mayo de 1920 murió Joselito.

En 1924 el cantaor Niño del Genil grabó un cante por malagueñas, cuya letra decía lo siguiente:

Le dijo a su apoderado
antes de morir Gallito,
le dijo a su apoderado:
"Si mi tumba cría yerba
que se la coma el ganado
de la Viuda de Ortega
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Te recuerdan los toreros,
funesto mes de mayo,
te recuerdan los toreros.
Murió Joselito el Gallo,
Varelito y Granero,
funesto mes de mayo".







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martes, 13 de mayo de 2014

Fandiño mata sin muleta

viernes, 2 de mayo de 2014

Homenaje al torero Luis Parra Jerezano

Este miércoles, 30 de abril de 2014, se ha celebrado brillantemente en Jerez de la Frontera el acto de homenaje dedicado al torero Luis Parra Jerezano, con motivo de cumplirse el cincuentenario de su alternativa.



El lugar elegido ha sido la Sala Tío Pepe de Bodegas González Byass. La decoración específica para el acto no podía ser más taurina; capote de paseo para la mesa, capotes de brega para los laterales, vestidos de luces sobre sillas en diversos puntos, carteles de las actuaciones de Jerezano sobre caballetes, una gran reproducción de la foto de la alternativa, un mantón de flamenca...En la mesa presidencial se sentaron, junto al homenajeado, el rejoneador Álvaro Domecq y los toreros Pepe Limeño, Emilio Oliva y José Luis Galloso. Entre el público, destacaba la presencia de toreros como Ruiz Miguel, Jesulín de Ubrique y Juan José Padilla (que toreaba al día siguiente en la provincia de Cáceres), hasta diecisiete matadore de toros. Añadamos novilleros, becerristas, picadores, ganaderos, aficionados y amigos.



La sala estaba a rebosar; pese al tamaño, hubo gente que siguió el acto desde fuera de la puerta. Todo ello indicaba el cariño que Luis Parra Jerezano concita entre el mundo taurino y entre los jerezanos.



El periodista Jerónimo Roldán presentó y moderó el acto. Él ha sido el propulsor del homenaje y en su organización le han ayudado Paco Camas, Pepe Belmonte, Rafael Valenzuela, Juan Clavijo y Marciano Breña.

La sesión arrancó con las notas del pasodoble "Manolete" interpretado por la Banda "Acordes de Jerez". Jerónimo leyó una semblanza de la carrera del torero y a continuación Pepe Belmonte, hijo y nieto de empresarios de la plaza de Jerez, explicó la relación de su familia con los inicios de Jerezano. Luego el presentador me dio la vez, para que yo explicara a la concurrencia cómo Luis vivió las veinticuatro horas del día de la alternativa.



Mis palabras fueron las siguientes:

El día de la alternativa

Estamos celebrando una fecha muy importante para Luis Parra Jerezano, la de su alternativa. También han sido importantes muchas cosas que él ha vivido a lo largo de estos cincuenta años. Pero en realidad el pasado ya no importa. Lo importante es que hoy estamos todos aquí. No obstante, podemos hacer un esfuerzo de memoria e imaginación para traer a nuestro presente aquellas veinticuatro horas de la alternativa.

Una vez que te dicen cuándo es la alternativa ya no haces más que pensar en ella; no piensas en otra cosa. Luis estaba parando en el cortijo Valcargado. Antonio Ordóñez, por aquel entonces, le apoderaba. La víspera, había allí muchos invitados ilustres, entre ellos el gran actor Orson Welles, pero no se fijaba en ellos; sólo pensaba en la ceremonia del día siguiente. Ordóñez, en atención a sus invitados, quería que aquella velada saliera estupendamente y le invitó a torear. El toro no salió bueno. Lo sintió mucho pero decidió matarlo pronto: si bien no le importaba que le diera seis revolcones, le podía partir un hueso y estropearle la cita del doctorado. A Ordóñez no le sentó bien y Luis quedó disgustado; aquella noche lo pasó mal.

Pero la vida va y viene. Al día siguiente, tras asistir a misa matinal, comió en casa un poco de sopa y una tortilla francesa. Luego se metió en un hotelito que había en la plaza del Arenal, en donde estaba desde el día anterior la cuadrilla. Ésta la formaban Mateo Navarro, hijo del conocedor de Curro Chica (ganadería que estaba en Bornos y en donde se hizo picador), y Mateo Sánchez Bocanegra, de Alcalá de los Gazules; dos picadores de categoría. Los banderilleros eran José Ferré “Sentencias”, de Valencia (figura de los banderilleros), Juan Antonio Romero, de Jerez (que había sido matador), y Juanito Vázquez Garcés (el chico de los Vázquez), de Sevilla. Los cinco fueron al sorteo; los picadores también, porque tenían que mirar los palos y ver los caballos.

Estuvo un rato en la cama y luego se fue a la azotea a tomar un poquito el sol. En esto llegaron Rafael Ortega y su primo Paco, el anterior apoderado, a desearle suerte. Cuando se marcharon miró al vestido de torear, que estaba en la silla; era grana y oro, precioso. Le dijo al mozo de espada, Garbancito, que empezara; aunque aún era temprano estaba loco por vestirse. Se vistió y al poco se fue al coche y cogió camino para la plaza. Allí había una expectación grandísima. La aumentaba el hecho de que le diera la alternativa el Litri, que fue un revolucionario del toreo, uno de los toreros más grandes que España ha dado; eso era un orgullo para nuestro protagonista. El padrino, por su parte también, era uno de los toreros más grandes que ha dado Méjico, el recordado Joselito Huerta.

Los toros eran de don Fermín Bohórquez. El primer toro, de nombre Insensato, se lo habían dejado escoger los compañeros de cartel, como era costumbre siempre que había alternativa. Era hermano de uno que Luis había toreado de novillero en un festival en Málaga, alternando con Aparicio y Ordóñez. Aquel novillo había sido extraordinario, tanto que se dejó cortar las dos orejas. Ordóñez le pidió a don Fermín un hermano para la alternativa, pero el de ahora salió parado y no sirvió. Litri cortó cuatro orejas y Joselito Huerta, tres. Sólo le quedaba una oportunidad con el que estaba dentro y Luis lo andaba pasando mal. “Como me salga otro como el primero, esto no va a ser nada bueno”, pensaba.

Pero la vida va y viene. Ratonero era de nombre, del hierro de la mujer de don Fermín, doña Soledad Escribano. Se lo brindó al apoderado y, gracias a Dios, éste sí fue bueno. El toro embistió, estuvo muy bien y le pegó un espadazo, saliendo rodado. Le dieron las dos orejas y el rabo. Los tres espadas salieron a hombros por la puerta grande de Jerez.

De vuelta al hotel, cuando fue a la ducha vio una mancha de sangre sin saber de dónde, pero cuando se estaba enjabonando se metió el dedo entero en una herida en la zona perineal. Recordó: el primer toro, al entrar a matar, le había echado mano y le había pegado un puntazo por abajo Cuando sale de la ducha está allí Ordóñez, para darle la enhorabuena, y le dice: “Voy a tener que ir a la clínica del doctor Luis Romero Palomo”. “¿Por qué, te pasa algo?” “Maestro, que me he descubierto una herida aquí”. “Venga, vamos”. En la clínica el doctor le limpió bien y le suturó, diciéndole: “un día te va a matar un toro y no te vas a dar ni cuenta”. Luis decía para sí: “¿Qué no me he dado cuenta? Sí me he dado cuenta, y bastante”.

De allí se fueron a casa de don Alfonso Domecq, donde el apoderado tenía preparada una cena con muchos invitados. Estuvo Luis un rato pero al poco quería irse a su casa y descansar; así es que se despidió pronto buscando en casa las nubes de un sueño que debió ser difícil de conciliar pero muy agradable de entrevelar.

Y hasta ahí. Ese fue el día de la alternativa. Luego ya había que pensar en Madrid, porque el día 28 tenía la confirmación y el día 29 tenía una segunda corrida en Las Ventas. Todo eso fue también muy importante. Pero ahora lo realmente importante es que hoy estamos todos aquí
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Podemos ver esta intervención a través de vídeo:



Se procedió luego a ver una presentación audiovisual sobre la vida profesional de Luis Parra. Con música de Paco Cepero, se expusieron fotos inéditas y otras no tanto, representativas de diferentes momentos de su trayectoria.

Antonio Murciano, poeta de Arcos de la Frontera, pasó a leer una antología de sus poesías taurinas, incluyendo, a principio y a final, algunas destinadas específicamente a Luis.

Después se pasó a la actuación del cantaor Manolo Simón, que interpretó unos fandangos con letras especialmente dedicadas a Jerezano.



Seguidamente se abrió una ronda expositiva entre los componentes de la mesa presidencial a la que se agregó Ruiz Miguel, que toreaba al día siguiente en Almedinilla (Córdoba) para despedirse de los ruedos. Todos ellos manifestaron su proximidad afectiva con el que fue compañero en los ruedos y ha seguido siendo persona respetada fuera de ellos. También se añadió Eduardo Ordóñez, como presidente de la Federación de Escuelas Taurinas, para hacer reconocimiento de la actividad docente de Luis en la Escuela Taurina de la Diputación, que fue la primera de las escuelas taurinas de España en la época actual.

Vino el momento de ofrecer unos regalos por parte de la comisión y de los patrocinadores (incluido el Ayuntamiento) así como de un ramo de flores a la esposa; ahí tomó la palabra la hija pequeña para dar las gracias en nombre de la familia.

Por último habló el homenajeado, que se mostraba muy contento con el homenaje. Tuvo el detalle torero de recordar a sus compañeros fallecidos, especialmente los que compartieron con él la fase inicial de su carrera.

Las palabras de Luis fueron seguidas de la intervención del artista portuense Antonio Puerto con fandango y pasodoble. A continuación podemos su intervención:



El acto se cerró por la Banda "Acordes de Jerez" con la interpretación en riguroso estreno del pasodoble "Jerezano", dedicado al homenajeado. Su autor es el músico Domingo Díaz, que dirigía personalmente a los músicos.

Como fin de fiesta se invitó a todos los asistentes a un vino de honor con aperitivos, lo que sirvió de excusa para prolongar la agradable velada, que, entre saludos, fotos, felicitaciones y comentarios, se alargó hasta cerca de las tres horas y media de duración, constituyendo un magnífico acto que sirvió para dar justo homenaje a una figura del toreo que ha dejado huella y sigue cultivando la afición, con su magisterio, entre todos los que tienen ocasión de tratarle (uno de ellos soy yo afortunadamente).

También los comisionados pudieron compartir foto con Luis Parra Jerezano. Era la foto que habíamos soñado desde hacía dos meses.



El evento ha sido recogido como noticia importante en la revista taurina "Aplausos". Para la ocasión ha utilizado como ilustración una foto de mi autoría, que yo envié, con otras, a la redacción por sugerencia de Luis Rivas:



La web lapalazareal.net se ha hecho eco también del homenaje y lo recoge en un artículo firmado por José Antonio Jiménez:




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