domingo, 25 de noviembre de 2007

Eduardo Miura

Eduardo Miura

Las vacas son igual que los machos. Tiene muy mal manejo y se están pegando siempre. Las paredes de los corrales tienen dos metros veinte y cualquiera que haya estado en Zahariche puede haber visto a vacas encerradas que saltan y sobrepasan con la cabeza las paredes.

La tienta de machos en campo abierto se hace cada vez menos por razones económicas fundamentalmente pero la siguen manteniendo mientras puedan.

Por ser una ganadería cerrada se producen de vez en cuando saltos atrás. A veces contemplan en casa la foto antigua de algún toro, de hace incluso ochenta años, y pueden comprobar que a lo mejor, en ese mismo momento, hay en el campo algún toro que presenta el pelaje o alguna señal igual que el de la foto, aunque no hubieran tenido otro ejemplar semejante desde hace muchos años.

Una característica de los toros de Miura es que tienen una cara lavada; son toros cariavacados, o sea, su cara recuerda más a una vaca que a un toro.

Además, los toros muestran mal la edad que tienen; su dentición se desarrolla más tarde que en otras ganaderías. Esto es producto de la cerrazón del encaste y les ha traído problemas más de una vez, problemas de los que han salido gracias a la seriedad de don Eduardo y a la custodia de toda la documentación relativa a la ganadería, que les lleva a tener papeles guardados desde casi los comienzos.

Cinco años de que se impusiera la norma de herrar los becerros con los dígitos correspondientes al año de nacimiento, ya don Eduardo adoptó la medida de llevar un notario a los herraderos. El notario tenía reconocida la firma del veterinario y levantaba acta de los ejemplares herrados. Esas actas notariales de los herraderos los sacaron de más de un apuro.

En una feria de Sevilla la corrida estaba desncajonada en los corrales de la plaza de Alcalá de Guadaira y en la revisión veterinaria, don Eusebio, que además de veterinario era militar y por ello con un carácter doblemente temible, rechazó un toro de los seis por presentar cara de poca edad. Don Eduardo le preguntó:"si yo le demuestro que ese toro ha cumplido cuatro años ¿me lo aprueba?"; y el otro: "¿cómo me lo puede demostrar?" Mandó al hijo mayor, hoy el conferenciante, a casa por el acta notarial del herradero y luego se la mostró al veterinario, con los números de cada uno de los seis toros al lado del año de nacimiento. El toro fue readmitido y fue a la plaza, donde Pepe Limeño le cortó las orejas.

En Bilbao pasó algo similar; los seis toros salieron al ruedo y la multa vino luego por falta de edad de uno de ellos. El ganadero presentó el acta notarial correspondiente y la multa fue condonada.


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Cinco generaciones de trabajadores.

Agresividad

La lengua azul

Su padre hablaba poco pero se comportaba rectamente y eso lo transmitió a sus hijos. Decía solamente "atiende" y luego "¿te has enterado?"

MS le dice que no se ha hablado de la leyenda negra y le pide que diga algo. Responde que de leyenda nada, realidad.

Endogamia.

¿Material genético para el experimento del uro?

Le pregunté por la fecha de nacimiento de su padre, don Eduardo, y me contestó con rapidez que su padre nació en marzo de 1914 y murió en 1997.

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Compañeros de colegio en el Nuestra Señora del Pilar de Jerez.

De Goya a Domecq

En Jerez de la Frontera, el reloj de hierro situado en la conexión de la calle Larga con la calle Lancería tiene una imagen publicitaria curiosa. Es un reloj instalado por la empresa bodeguera Pedro Domecq en el año treinta del pasado siglo; fundido por el sevillano Domingo de la Prida (calle Resolana, 44), responde a los gustos de la moda conocida como de la "arquitectura del hierro".

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Está junto al edificio del Gallo Azul, construído para la casa Domecq por el arquitecto Aníbal González, el director de la Expo sevillana del 29 y autor de la Plaza de España; probablemente lo levantó a la par que construía aquí la estación de tren. La peana está realizada a base del mismo tipo de ladrillo y del mismo estilo historicista que el edificio. Reloj y edificio celebran el bicentenario de la empresa bodeguera, la cual se fundó en 1730.

En cuanto a la imagen, se trata de un león en altorrelieve dando lengüetazos al contenido derramado de una botella rota. El relieve, fundido por Hermanos Godina de Madrid, está firmado por Rivelot en el año 34; por tanto, se debió instalar en el reloj tiempo después de haberse levantado éste.

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Respetando el estilo historicista del conjunto (Gallo Azul y reloj), una figura de un león rampante representa al reino de León en el relieve de un lado y una figura de un castillo representa el reino de Castilla en el relieve del otro lado;

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todo ello es en armonía con los cuatro escudos de los reinos españoles (León, Castilla, Aragón y Navarra) que figuran en los lados de la peana hecha en ladrillo.

Este motivo leonino está inspirado en una fuente de categoría, nada menos que un cuadro del gran pintor Francisco de Goya. Se trata del cuadro que recoge a las santa Justa y Rufina y se conserva en la Sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla.

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El león goyesco figura a los pies de una de las dos santas lamiendo la sangre de las heridas producidas por el martirio, junto al brazo roto de una estatua que representaría probablemente alguna deidad pagana a las que las vírgenes sevillanas se negaban a adorar.

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En la publicidad de Domecq la sangre ha sido sustituída por el líquido alcohólico y el brazo marmóreo, por la botella. La marca del producto bodeguero no está explicita en el monumento y podía ser tanto de vino como de brandy.

Fue un motivo publicitario usado con repetición en aquellos años y ya en la década de los veinte se había prodigado en las etiquetas de las botellas con dibujo de Nicolás Soro, profesor que fue de la Escuela de Artes y Oficios (hoy Artes Aplicadas). Como prueba JL Jiménez en su web, se conservan etiquetas de este motivo creadas para el brandy Tres Cepas, pero es posible que se aplicara también al Fundador e incluso al fino La Ina.

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Esta imagen luego se sustituyó por la que Ruano Llopis ideó del maletilla que salta una valla en el campo huyendo de un toro. Este segundo motivo publicitario surgió después de que la familia Domecq comprara en 1932 la prestigiosa ganadería brava de Veragua, básicamente como parte de su estrategia comercial más que por afición del propietario, una vez que se había comprobado que el consumo de los productos bodegueros iba ligado a la afición taurina. El hierro ganadero de Veragua acompañó en un primer momento a este nuevo anuncio y luego fue sustituído por el escudo de Domecq.

Aclaremos que en la época del monumento se decía sin recato coñac ya que la expresión brandy ha hecho fortuna después.

La utilización del motivo publicitario del león cayó en desuso y no queda recuerdo, creo, por ningún otro lugar de España, pero en el inmediato edicifio del Gallo Azul sí se conserva uno, en la parte de arriba, incluído en una concha que remata la fachada. El otro anuncio con este dibujo que pervivió en Jerez hasta hace poco fue el situado a la vera de la cuesta de la Chaparra pero ya ha desaparecido.

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El hecho de que el edificio soporte un relieve con el motivo del león, coincidente con el del reloj, permite pensar que la idea gráfica también pudo estar relacionada con el numen del arquitecto, que por otro lado debía ser, como buen sevillano, conocedor del cuadro goyesco.

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Quiero pensar que ni Soro ni González o Rivelot, por la copia de la idea, ni Domecq, por el uso reiterado del motivo publicitario, tuvieron que pagar una peseta por copyrigh ni por nada parecido al canon digital. Ay, si entonces hubiera exisitido la SGAE...

De cumpleaños

De cumpleaños.

Primeros:

Dos sopas de castañas con setas de cardo y níscalos.
Tosta de rilletes de pato.
Paté de perdiz con trompetas negras.

Segundos:

Lomo de corzo con setas salteadas y castañas.
Solomillo de cerdo ibérico con ragut de setas.
Civet de vanado a la antigua con setas.
Lomos de bacalao con alcachofas y crema de setas.

Postres:

Cremoso de chocolate blanco con ftoffe y mango y helado de ron.
Mousse de chocolate crujiente con helado de menta.
Dos sorbetes de limón al cava.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Ya han pasado dos años

Ya han pasado dos años.

Cuando tenía este blog recién abierto le puse a un post un título similar a este. Repito la frase como medida del paso del tiempo. Hoy es una marca importante en mi calendario pero no es una celebración alegre.

Indudablemente cualquiera habría tomado una decisión semejante. Si a un recién titulado de 22 años le dicen que se puede ir a Inglaterra para perfeccionar el inglés, se va. Si al poco es admitido con contrato indefinido en dos empresas distintas a la vez, cualquiera diría que está soñando. Si antes de un año recala en una multinacional con asiento en la "city", se puede pensar que está alcanzando pronto metas que otros alcanzan con más lentitud, y todo esto es para alegrarse.

Está haciendo un master de tres cursos. Es difícil sobre todo por el idioma, pero creo que lo rematará; de siempre en los exámenes pensaba que iba sacar notas bajas y luego los resultados eran mejores de lo temido (a mí también me pasaba lo mismo y debe ser común a los estudiantes responsables). Puede ayudarle a seguir mejorando profesionalmente; es importante aspirar a más.

Creo que está viviendo una etapa que es de maduración y, a la vez, de pasarlo bien. Puede pensar en conocer más mundo, ¿quién en su edad no haría lo mismo?

Deseo que todo eso le sirva para su perfeccionamiento personal y profesional. Espero que no pierda la estrella polar y sepa en su momento volver a puerto, un puerto que lo forman los suyos y que está en España, a la que puede aportar lo que haya ido aprendiendo por ahí. Esa España de hasta los cantares del título del blog necesita y le agradecerá sus futuras aportaciones y también le dará cancha para que, llegado su momento, él se siga perfeccionándose y pueda cumplir sus deseos, con la misma o mayor plenitud con que pudiera hacerlo en cualquier otra parte del mundo.

Ahora demos tiempo al tiempo (los ojos se me están humedeciendo y empiezan a parpadear más de lo normal...).

jueves, 15 de noviembre de 2007

Me entero por la prensa...

Me entero por la prensa de que ha muerto Jose (José Antonio), el pequeño de don Amador, mi maestro.

Jose, no José, regentaba en Cáceres el bar "Las Caballerizas", que tuvo mucho éxito años atrás. Lo abrió en la calle de Correos, al lado de la Casa Grande, en el mismo edificio donde vivía, un caserón casi palaciego que le había dejado su suegro.

La última vez que hablé con él fue cuando hace un año y pico pasée un día por la Ciudad Antigua con Carlos, que me había pedido que le acompañara e hiciera de guía. Después de comer fuimos a tomar café a su bar y me explicó los proyectos que tenía de ampliar el negocio.

Ahora leo que ha sufrido una caída desde un techo, entre los andamios de la obra de construcción del futuro hotel en que se convertirá el edificio. No ha sido desde una altura muy grande pero ha resultado inmediatamente mortal.

Jose era algo menor que yo (no llevábamos dos años) y por eso rocé más con su hermano mayor, Quini, también ya fallecido. Murió de un infarto hace diez u once años; estaba muy gordo y eso creo que influyó. Quini era un gran aficionado al baloncesto y llegó a ser presidente de la Federación Extremeña; antes jugó en el San Fernando, en segunda división. También practicaba el voleibol y ahí me enfrenté con él varias veces. Pero mis recuerdos de Quini me llevan a la infancia en el pueblo, cuando jugábamos a los pistoleros por la Sierrita, o en los tinados, o en el mismo patio de la Escuela; a él siempre le gustaba ser Kit Kartson y yo prefería ser indio.

Tenían también tres hermanas y la pequeña estudió magisterio en la misma promoción que M.

El padre de ellos fue un hombre muy respetado y apreciado entre sus paisanos. Como maestro lo disfruté un año; recuerdo de él la primera definición que escuché de la suma y la resta y la expresó así: sumar es lo que hace el rico y restar es lo que hace el pobre. Esa definición no sé si la cogieron al momento muchos de los alumnos, que teníamos ocho años, pero yo creo que la entendí rápido y comprendí que las matemáticas se pueden y deben explicar con los datos de la vida real.

Don Amador fue alcalde un tiempo y ahí no es que fuera respetado, es que imponía respeto. Una vez llegó al pueblo un mendigo que pasó algunas noches en los alrededores y alguien empezó a decir que ese hombre llevaba un cuchillo grande. Don Amador lo llamó al Ayuntamiento y, ante algunos concejales, le dijo que vaciera el saco; al hacerlo cayó un gran cuchillo, que el alcalde cogió inmediatamente y doblándolo con ayuda del pie lo rompió en dos. Le gritó al mendigo que desapareciera inmediatamente del pueblo, y desapareció. No volvió.

Cuando se trasladaron a Cáceres, volvió a la política municipal y fue concejal de Cultura en el Ayuntamiento de la capital. Es la época en que se ordenó retirar una lámina de la "Maja desnuda" de Goya de un escaparate de librería y se organizó un escándalo de alcance nacional (hasta en Madrid se estrenó una obra ad hoc, de Antonio de Olano, llamada "La Maja desnuda de Cáceres"). Ya digo, imponía respeto.

Más tarde, cuando fui a la mili en Camposoto, me llevé una sorpresa en mi primera salida de domingo a la playa. Estaba en la playa Victoria y en medio de mi admiración por el mar y por todo lo que era nuevo para mí en aquel lugar tan alejado (entonces) de mi origen, en medio de mi aturdimiento me crucé paseando con un matrimonio que me era muy conocido y no me podía creer que hubiera allí alguien del pueblo pero sí, eran don Amador, mi maestro, y su mujer. Hacía tiempo que no nos veíamos; me manifestaron su alegría por el encuentro y a mí me sirvió de reconstituyente en medio del período de recluta despistado por el que estaba pasando entonces.

Son cosas que le conté a Jose cuando fui a su bar con Carlos. "Ya han pasado años", me decía. Sí, pero para él ya no pasarán más. Descanse en paz.